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Vestir de segunda mano

Autor: REAS (El Portal de la Economía Social)

El consumo masivo de moda ha hecho que cada año se tiren más kilos de prendas y que la industria textil sea ya la segunda más contaminante del mundo. Frente a esta deriva, las tiendas de ropa de segunda mano se han convertido en una alternativa para muchas personas, también en la capital navarra.

El objetivo de Laura Irurzun, técnica de la delegación navarra de Madre Coraje, es que su tienda parezca cada vez menos un mercadillo y más lo que es: una tienda. A pesar de eso, en el cartel de su local de la Milagrosa, todavía se lee Mercadillo Solidario. El interior sí que se parece más a un comercio textil cualquiera, donde un ir y venir de personas ordenan el espacio con el nuevo material que les llega constantemente y visten a los maniquíes con lo último. La de Madre Coraje es solo una de las nueve tiendas de ropa de segunda mano que existen en Pamplona y comarca, un tipo de comercio que hasta hace bien poco solo se veía en las principales capitales europeas, pero que ahora no solo se ha consolidado en la capital navarra, sino que cada vez abren más tiendas que apuestan por este modelo de negocio.

María Teresa Valencia, que además de comprar, ahora también vende ropa usada en el nuevo local de Traperos de Emaús en Burlada, recuerda: «Yo empecé a comprar ropa de segunda mano alrededor del año 98, cuando estuve trabajando un tiempo en Suiza y en Inglaterra. En España, entonces, eso no existía, pero ahora visto a toda mi familia aquí». María José (no he puesto el apellido porque ella no quería), voluntaria en la tienda de París 365, también fue una de las pioneras en vestir de segunda mano en España, pero de nuevo, lo hizo a través de sus hermanas, que vivían en Inglaterra. Sin embargo, no hace falta remontarse tan atrás. Incluso las nuevas generaciones entran en contacto con el comercio de segunda mano en el extranjero, como Jone Ramírez, de 23 años, que mientras ojea unos pantalones en el tumulto de perchas de París 365, confiesa que empezó a comprar ropa usada durante su estancia en Suecia, donde estuvo de Erasmus en 2018.

No obstante, ya no hace falta viajar para adquirir prendas reutilizadas. Las tiendas que apuestan por este modelo de negocio todavía no han conseguido adquirir el caché de las grandes marcas —ni lo desean— pero materia prima, desde luego, no les falta. Los kilos de ropa recogidos por Traperos de Emaús en Navarra han crecido año a año hasta alcanzar la escalofriante cifra de 1 924.297kg en 2018, lo que supone casi 5.000 kilos al día. A eso hay que añadir, además, las bolsas que los ciudadanos llevan directamente a tiendas como Madre Coraje o París 365 —unos 100 kilos diarios en el caso de la primera— y la que llega al vertedero. Asimismo, el textil cada vez supone un porcentaje mayor del total de residuos recogidos por Traperos de Emaús, pasando del 3% en 2008 a casi el 17% en 2018.

Parece que estos datos han hecho que la población española comience a despertar de su largo letargo, ya que las tiendas de ropa de segunda mano cada vez tienen mejor aceptación entre los ciudadanos. «Tenemos todo tipo de perfiles. Personas con pocos recursos, pero también gente que está acostumbrada a trabajar con segunda mano y viene en busca de marcas, y personas que no tenían experiencia con este tipo de artículos, pero que han empezado a familiarizarse con ellos a causa de una conciencia ecológica y social», apunta Ainhoa Iriarte, trabajadora de Geltoki.

La técnica de Madre Coraje tiene una opinión parecida a la de la anterior: «En general, ha habido un aumento en todos los grupos», aunque en su caso, admite: «Este cambio también ha venido dado porque nosotros mismos hemos sufrido una transformación desde que abrimos en 2014. Ahora tenemos un local mayor y una red de voluntarios mucho más amplia».

Muestra de esta variedad de público son la baztanesa Ana Lezaun, y Ana, Natalia y Miguel, miembros de la compañía de teatro Iluna producciones. La primera, que hoy solo pasa el rato en Geltoki mientras espera a una amiga, sí que acostumbra a comprar prendas de segunda mano, aunque dice que, en general, no se compra demasiada ropa. De hecho, ella misma colabora con Bidelagun, una asociación de su valle que tiene como uno de sus ejes de actuación la reutilización de indumentaria. Los actores amateurs, en cambio, se han acercado a París 365 de manera ocasional en busca de prendas de época para su nueva obra de teatro, aunque Miguel dice que sí suele comprarse libros de segunda mano, y el televisor que Ana tiene en casa también es reutilizado. «Los electrodomésticos antiguos funcionan mucho mejor que los nuevos».

Conciencia social y precio

¿Por qué comprar de segunda mano?

Según el informe Una nueva economía textil: rediseñar el futuro de la moda, elaborado por la Fundación Ellen MacArthur y Circular Fibres Initiative, las ventas de ropa se han duplicado desde el año 2000 hasta el 2015. Por el contrario, la media de veces que nos ponemos una prenda ha descendido un 36%. Esto ha convertido la industria textil en la segunda más contaminante del planeta, tan solo por detrás de la petrolera. Lejos de mejorar, este mismo estudio augura que del 2015 al 2050, el textil pasará de consumir 98 millones de toneladas de petróleo a consumir 300 millones y emitirá el 26% del CO2 mundial, frente al 2% de 2015. En ese mismo lapso de tiempo, lanzará 22 millones de toneladas de microfibras al océano, debido a los materiales sintéticos con los que se elaboran la mayoría de prendas.

Con estas perspectivas de futuro, Laura Irurzun aspira a que la tienda de Madre Coraje «sea un espacio donde la gente se replantee lo que consume, de dónde viene la ropa que se compra, la fast-fashion y el impacto social, medioambiental y económico que hay detrás del diseño, producción y consumo de las prendas que llevamos». «Me parece que es absurdo gastar dinero en ropa y además para dárselo a quien no lo necesita. Yo trabajé durante muchos años en una tienda de ropa vendiendo marcas y no veo ninguna explicación a pagar 200 euros porque en una etiqueta aparezca escrito Pepita Pérez», opina Lizarza desde París 365.

Su mensaje no cae en saco roto, pues parece que cada vez está calando en más gente. «Hay dos motivos principales por los que compro ropa de segunda mano. Primero, por economía, porque es más barato, pero principalmente por ética. Creo que vivimos en una sociedad demasiado consumista y, si bien esto sigue siendo consumir, por lo menos, no metes producto nuevo en el mercado, lo que supone menos contaminación y más reutilización», expresa Jone Ramírez. Con todo, desde Geltoki creen que todavía queda mucho trabajo por hacer en el ámbito de la concienciación. «Entre el grupo de jóvenes, sobre todo, sí que se aprecia que algunos vienen por conciencia social, pero otros lo hacen simplemente por precio. Aquí pueden comprar más y más barato y muchas veces no dejan de comprarse ropa nueva, sino que la ropa de segunda mano es un añadido a su armario reluciente», opina Iriarte.

Por otro lado, todas las trabajadoras coinciden en que todavía persiste la idea de que la ropa que venden es vieja o está sucia. Frente a eso, todas ellas reivindican que todo lo que se dona pasa por un proceso de selección, primero, y de limpieza después. «Siempre hemos lavado la ropa, y ahora con el covid, también la desinfectamos», afirma María Jesús mientras la lavadora de París 365 gira sin parar. En Madre Coraje, en cambio, se ha desinfectado con ozono desde el principio. «Mucha gente viene y se sorprende de la buena calidad de los productos», dice María Teresa Valencia. Ella misma añade que en la tienda Triki-Traku de Traperos, adonde llevan los mejores productos, el 90% del calzado y de los bolsos está sin estrenar.

No solo eso, sino que los productos que venden en estas tiendas tienen un valor añadido frente a los que se ven en los grandes escaparates. «La moda que nos marcan es la misma para todo el mundo. Nos visten. Aquí, en cambio, encuentras prendas únicas en las que te puedas sentir tú mismo», dice orgullosa la técnica de Madre Coraje.

Nuevo modelo de negocio

Innovar o morir

Las tiendas de ropa de segunda mano no son solo un lugar donde dar otra vida a prendas que están en perfecto estado y encontrar un estilo propio. Además, son un espacio donde innovar y experimentar con nuevos modelos de negocio. Ejemplo de esto son la Cooperativa Geltoki y la tienda Âme&Art.

La primera, situada en la cafetería, taquillas y zonas comunes de la antigua estación de autobuses, dispone de un espacio de 900m2 en el que además de ropa, se venden libros y productos alimenticios ecológicos y de comercio justo. Asimismo, tienen una cafetería y una zona donde organizan exposiciones de artistas locales. «El proyecto nació hace 7 años, cuando cinco organizaciones navarras se unieron con el objetivo de crear un espacio referente en la economía social y solidaria, la soberanía alimentaria y la cultura alternativa. Presentaron el proyecto al Ayuntamiento de Pamplona, este se lo concedió y finalmente se pudo abrir hace dos años y medio», explica Iriarte, socia de la cooperativa desde la apertura. Que se trate de un espacio único también tiene sus ventajas para el consumidor. Si se compra unos pantalones, por ejemplo, y luego en casa cambia de opinión, los puede devolver a cambio de un vale sin fecha de caducidad que podrá gastar en cualquier producto, ya sean unos nuevos pantalones, un par de libros o un kilo de arroz.

Âme&Art, por su parte, abrió las puertas hace un año y medio con un modelo de negocio totalmente innovador, incluso a nivel europeo. «La tienda está divida en diferentes stands que son alquilados a pequeños diseñadores de España», explica Gema Rada, dueña y también diseñadora. «Yo ya tuve una tienda que cerré en 2007 porque me era imposible competir con las grandes marcas. Juré que nunca abriría otra, pero aquí estoy», se ríe. Mediante la nueva fórmula, Rada no solo abre una ventana al público a pequeños diseñadores, sino que también lo hace al diseño sostenible, puesto que «como la ropa viene por encargo, se produce menos, y toda está hecha con algodón ecológico». El local también ofrece un espacio al producto de segunda mano, aunque en este caso se trata de prendas de diseño únicas de los años 50, 60 y 70, y su precio puede ser más elevado.

Otro campo de actuación conjunto de estas tiendas es la apuesta por las redes sociales. Con mayor o menor experiencia, todas cuentan con perfiles en Instagram o en Facebook. «Nuestro perfil de Instagram es muy nuevo y lo he creado con la ayuda de varios voluntarios de Comunicación de la Universidad de Navarra», comenta Irurzun desde su oficina, en el mismo local de la Milagrosa.

A partir de estas fórmulas innovadoras, una de las cosas que se pretende es llegar cada vez a más gente joven, algo que ya se ha empezado a producir. La clientela principal de Âme&Art, por ejemplo, se mueve en un franja de edad de entre 18 y 25 años. En París 365, Geltoki, Traperos de Emaús o Madre Coraje, hay más variedad, con muchas personas mayores, hasta de 60 o 70 años, pero también con cada vez más jóvenes. María Jesús, la voluntaria de París 365, da prueba de esto: «En mi casa, por ejemplo, mis hijos están muy acostumbrados a llevar ropa de segunda mano porque siempre les he llevado. Me preguntan, ¿de dónde es esto? Y yo les contesto, no te importa, ¿te gusta o no?».

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