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La transición ecológica de la economía: una oportunidad para la soberanía económica del pueblo

Podemos definir a la soberanía económica como la capacidad que la población de una zona podría tener para conseguir que la estructura y funcionamiento de la macroeconomía resida en la voluntad de la mayoría de las personas que vivan en ella 

Si la tecnología fotovoltaica se generaliza, y con ella se generaliza la producción descentralizada se habrá logrado la soberanía energética, entendiendo como tal la capacidad de la población de disponer de una abundante energía para la atención de las necesidades de esa población.

A la soberanía energética le podría seguir la soberanía alimentaria porque la producción en invernaderos urbanos en los que se produce grandes cantidades de alimentos vegetales apoyados por un personal cualificado, gestión del agua en hidroponía u otras tecnologías,  controles informatizados, ambientes esterilizados y por tanto con una producción  ecológica y una intensiva exposición a luces artificiales que exige unos altos consumos energéticos. 

La generación masiva de agua sería posible con la producción energética masiva y muy barata porque hoy existen tecnologías en desalación que permiten esta producción que sólo está limitada por los altos precios de los grandes consumos de energía que se requieren.

La generación industrial también podría generarse una economía descentralizada porque la industria aditiva amenaza el modelo de producción en masa  que es responsable de la desindustrialización del mundo desarrollado. La tecnología de la impresión 3D y el modelo de economía circular son las grandes esperanzas para este cambio de paradigma.

Esta soberanía económica tiene que ver con la Economía circular, industria aditiva, generación descentralizada con energías renovables, producción agrícola en ámbitos urbanos con tecnologías avanzadas y renovables, y producción de agua a partir de la desalación con renovables. 

Y la soberanía económica recibe de las tendencias del mercado un gran apoyo: La tendencia continua del abaratamiento de dos tecnologías disruptivas: la fotovoltaica y las baterías que podrán generar energía cada vez a un coste más barato hasta llegar casi a la gratuidad

La producción masiva y repartida en millones de centrales eléctricas en una economía electrificada podría suponer repartir la propiedad de la producción agrícola e industrial a la mayoría de la población. Será una sociedad basada en una estructura productiva que podríamos denominar de soberanía económica.  

Si la gente, si la mayoría social logra hacerse con el control de la energía, el modelo económico cambiará. 

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