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¿Se detendrá el alza de alimentos?

Autor: América Latina en Movimiento (Alainet)

Los beneficiados del alza histórica de precios son los países exportadores y, más allá de ellos, los complejos agroindustriales controlados generalmente por las grandes transnacionales de alimentos que definen el sistema agroalimentario mundial. 

La producción mundial de cereales y granos sigue marcando récords históricos año tras año, tal como sucedió en 2020 – 2021, e igual comportamiento se espera en la campaña 2021 – 2022, sin embargo, esta situación no ha sido suficiente para detener el alza de precios internacionales de los alimentos y menos, acabar con el hambre en el mundo. 

Entre las principales causas que se enumeran como impulsoras del aumento de precios de los alimentos están los asociados a la pandemia mundial. Sin embargo, se le puede dar mayor ponderación a la crisis energética, valiendo la pena preguntarse ¿es la energía la verdadera amenaza al sistema agroalimentario mundial? ¿Por qué? 

La estabilidad del crecimiento de la producción mundial

 La producción de cereales, los cuales aportan el 60 % de las calorías que se consumen en el mundo, volvió a alcanzar niveles históricos, tanto que, la campaña 2020 – 2021 se superó en 30 millones de toneladas (2.772 millones de toneladas), y los informes actuales destacan que la producción 2021 – 2022 se ubicará en 21 millones de toneladas más, es decir 2.793 millones de toneladas.

Récord en cereales, por la producción de trigo a la par con respecto al año anterior, el crecimiento en maíz de 1,3 % y del arroz en 0,7 %, para los cuales se siguen considerando máximos históricos. 

 Igual actuación, tuvo la producción mundial de soja, principal fuente de alimentación animal y la segunda de aceite vegetal del mundo, que finalmente se posicionó en 366 millones de toneladas en la campaña 2020 – 2021, por encima de la estimación inicial. Considerado indistintamente un nivel histórico. 

 Producción de soja que se supone seguirá en aumento en la campaña 2021 – 2022, aun con la estimación de reducción de la misma en 372 millones de toneladas métricas, en respuesta a menores rendimientos en los países de América del Sur, particularmente en Brasil y Argentina, donde el cultivo está siendo severamente afectado por la sequía generalizada, extendiéndose a las siembras de maíz y haciendo inestables los precios de los productos básicos alimentarios a nivel mundial para 2022 y por ende, pudiendo ocasionar mayores alzas. 

El alza de precios de los alimentos
 
 Por otra parte, aunque las principales materias primas alimentarias de consumo mundial volvieron a alcanzar récords históricos de producción durante los dos años de pandemia, no fue suficiente para evitar el aumento de los precios internacionales de los alimentos, que durante todos los meses del año superaron los 110 puntos y, al final de 2021, terminaron en el nivel más elevado de la última década, alcanzando un índice promedio de 125,8 puntos, lo que representa un 28,1 % más que el promedio del año 2020.

 Precios impulsados en 2021 por el maíz y el trigo, que fueron un 44,1 % y 33,2 % más altos que en 2020, propiciados por la fuerte demanda y la escasez de suministros entre los países exportadores, distinto a la baja del arroz. 

En cuanto a la soja, esta materia prima alcanzó en 2021, precios superiores a los 600 dólares, no ocurridos desde 2012. 

En correspondencia, los aceites vegetales, evidenciaron notables aumentos del 65,8 % en comparación con 2020, considerado el más elevado de todos los tiempos. E igual comportamiento se observaron en los lácteos (16,9 %), carnes en 12,7 % y azúcar en 37,5 %, el más alto de este último, desde 2016. 

Los beneficiados de estas alzas históricas de precios son los países exportadores y más allá, los complejos agroindustriales controlados generalmente por las grandes transnacionales de alimentos, inmersas en el sistema agroalimentario mundial.  

Más producción, más precios y más hambrientos

 Así como aumentó la producción de materias primas alimentarias y los precios internacionales de los alimentos, también el hambre en el mundo siguió en aumento en 2020, incrementándose finalmente a 768 millones de personas, correspondiente al 9,9 % de la población mundial. Esto es, 80 millones de personas más que en 2019. 

Promedio que se sitúa en el primer escenario planteado por la FAO a inicios de la pandemia, el menos catastrófico de todos; pero que sugiere un pronóstico menos alentador para 2021, cuándo se estima que el hambre pudo haber alcanzado en 2020, hasta 811 millones de personas, y según el secretario general de las Naciones Unidas: “un aumento del 20 % en solo un año. Más de 41 millones de personas al borde de la inanición”.

 Así mismo, según el FIES, aumentó la cantidad de personas en inseguridad alimentaria moderada y grave en todo el mundo a 2.368 millones de personas, el 30,4 % de la población mundial en 2020, sin acceso a alimentación adecuada por falta de disponibilidad o por recursos económicos para adquirir los alimentos. 

Es precisamente este indicador de la FAO, el que muestra como en los principales países productores de alimentos del mundo, como Brasil y Argentina, aumenta cada día la cantidad de población sin acceso a alimentos por falta de recursos económicos, alcanzando al 23,5 % y 35 % de su población en condiciones de inseguridad alimentaria, respectivamente. 

En América Latina y el Caribe, donde había 47,7 millones de personas en situación de subalimentación en 2019, alcanzó a 59,7 millones de personas o el 9,1 % de la población de la región en 2020, considerado por la FAO, el número más alto en los últimos veinte años. 

Y si los precios de los alimentos en 2021 alcanzaron niveles no vistos desde hace 10 años, aunque no llegaron a superar los de 2011, puede inferirse que el impacto generado en las poblaciones vulnerables aún está por verse. 

Entre las principales causas que se enumeran como impulsoras del incremento de los precios está: el alto costo de los insumos, la pandemia mundial y las condiciones climáticas, que generaron problemas en las cosechas. 

Sin embargo, entre las principales causas, se le puede dar mayor ponderación a la crisis energética, motivada por el aumento de los precios, que impactó en la cadena de suministro, el costo de los fletes, de insumos como los fertilizantes, y finalmente, en el costo de la producción de los alimentos, valiendo la pena preguntarse ¿es la energía la verdadera amenaza al sistema agroalimentario mundial? 

  ¿Es la energía la verdadera amenaza al sistema agroalimentario mundial? 

 La pandemia por sí sola, en los dos primeros años, no colapsó al sistema agroalimentario mundial, por el contrario, en este tiempo se estabilizó el ritmo de crecimiento de la producción de las principales materias primas alimentarias. 

Sistema agroalimentario, basado en el modelo agrícola dependiente de los hidrocarburos, y expandido al mundo en 1963 a través de la FAO, mediante el primer Congreso Mundial de la Alimentación. 

Es en este sentido, que la crisis energética sí puede considerarse una amenaza para el sistema agroalimentario mundial, sobre todo en el sector de la producción primaria de alimentos, cuando se asocia el constante aumento de los rendimientos de los cultivos a partir de los años 60, a los fertilizantes, cuyo uso se ha incrementado en un 10 % cada año, desde entonces. 

De hecho, en el contexto de la Crisis del Petróleo de los años 70, hay registros del impacto en el sistema agroalimentario por los graves problemas de escasez de combustibles, desabastecimiento de fertilizantes y el aumento de precios. 

Es precisamente en este contexto, donde nacen las recomendaciones de Henry Kissinger para Estados Unidos, sobre el control de los alimentos y con ellos a la gente, relacionado al petróleo, para el control de las naciones.

Y es en la Conferencia mundial de alimentación de 1974, donde se reafirman a los fertilizantes y plaguicidas útiles para el incremento de la producción de alimentos, y por ello, la necesidad de hacer todo lo posible para mantener la disponibilidad de los factores esenciales de la producción, entre estos, el gas natural. 

Un ejemplo más reciente, refiere al 2008, cuándo nuevamente los precios de los alimentos se dispararon y una de las principales causas fue el aumento de los precios de los fertilizantes a nivel mundial, en medio de la Crisis Financiera y la inestabilidad de los precios del petróleo a partir del 2009, llevando a que, el alto costo de la energía encareciera nuevamente la producción agrícola, así como la elaboración y distribución de alimentos por el incremento del costo de los insumos. 

Como consecuencia, se elevaron los precios internacionales de los alimentos en el 2011, al nivel más alto conocido desde entonces. 

En este contexto, se impuso en la Cumbre Mundial sobre Seguridad Alimentaria (2009), germinada de la Cumbre Mundial de Alimentación de 1996, la Segunda Revolución Verde, con los transgénicos como el nuevo salto tecnológico agrícola, pero siembre apoyado en la Primera Revolución verde, dependiente de los hidrocarburos, cuyo funcionamiento es exactamente igual hasta el presente.

Por ahora, con la nueva crisis energética provocada por el alza de los precios del petróleo, así como también, del gas natural a récords históricos y del carbón térmico, las tres principales fuentes de la Matriz Energética Mundial al 2020 (83,1 % del total), se ha propiciado nuevamente, recortes de producción en el sector de fertilizantes. 

Ocasionando el aumento de los precios de la urea, no vistos en más de 10 años, y duplicando el del Fosfato Diamónico (DFA), provenientes del amoniaco (NH3) y de fosfatos respectivamente, de los cuales del 90 al 95 % de la producción mundial de ambos, se dirige a la industria de fertilizantes para la producción agrícola

Situación que pronóstica más presión sobre el precio de los alimentos en 2022, los cuales, en enero del año que recién empieza, ascendieron en 1,1 % con respecto a diciembre de 2021, ubicándose en 135,7 puntos, y presagiando mayores consecuencias, sobre todo para las poblaciones de países importadores de alimentos y materias primas básicas. 

No obstante, y como se ha demostrado ampliamente, también para aquellas poblaciones sin recursos económicos para adquirir los alimentos dentro de los grandes países productores, donde sólo tienen acceso aquellos que pueden pagar por ellos. 

Además, evidenciando la estrecha vinculación entre el aumento de los precios internacionales de los alimentos con el incremento del precio de la energía, particularmente el petróleo, que a inicios del año superó los 85 dólares promedio mensual, no alcanzado desde 2014.

Y en medio de una carrera iniciada en 2021 entre Europa, Norteamérica y Asia, con el aumento de las compras de fertilizantes, para garantizar el suministro interno del insumo en sus territorios; mientras Rusia y China, principales productores de estos en el mundo, limitan su exportación. 

Incluso, por las sanciones impuestas a Bielorrusia, las cuales están impactando el suministro del tercer fertilizante más usado en el mundo para la producción agrícola: el potasio. 

 Y no es sólo por el abastecimiento de los fertilizantes. Para que funcione el sistema agroalimentario actual e imperante, dependiente de los hidrocarburos como el petróleo y el gas, se requiere del combustible para el transporte y todo el sector maquinarias agrícolas, plantas agroindustriales, eléctricas, así como todo el subsistema de consumo de alimentos, vialidad y materias primas para la petroquímica. 

Incluido, la producción de plásticos y vinilos para el envasado y empaques de productos y alimentos, o la fabricación de tanques, mangueras, sistemas de riego, silos bolsa, entre muchos otros. 

Un ejemplo. Con el recorte de la producción de fertilizantes nitrogenados en 2021, también disminuyó las ofertas de CO2. Ese mismo gas contaminante, cuyas emisiones deben reducirse en el mundo, es necesario en la industria de elaboración de alimentos (mataderos, refrescos, cervezas, y para empacar productos frescos, refrigerar y congelar, entre otros). 

Suministro de CO2 que disminuyó en toda Europa en un 50 % en 2021 por los precios del gas. 

En tanto, el Gobierno de Reino Unido, tuvo que movilizar ayudas millonarias en subsidios para CF Industries, empresa de casa matriz norteamericana, y una de las cinco corporaciones que controlan el mercado de fertilizantes en el mundo, para que reiniciara una de sus dos plantas de amoníaco y evitar el desabastecimiento de alimentos; las cuales habían detenido ante la no rentabilidad de sus operaciones por el aumento del gas natural. 

Poniendo en evidencia la importancia estratégica del sistema agroalimentario para estos países, el cual, según el propio secretario de Medio Ambiente, se habría puesto en riesgo la cadena de suministro de alimentos, sin la intervención del gobierno.

Y la Comisión Europea, que se atribuye el liderazgo de la transición verde o energética al 2030, y la reducción total de las emisiones de CO2 al 2050; año en el que se estima el agotamiento de las reservas mundiales probadas de petróleo convencional, terminó en 2021, proponiendo que la energía nuclear y el gas natural, sean clasificados como “energías verdes”, en su proceso de transición o ‘Pacto verde de la UE’ para el 2050. 
 

Una elegante forma para salir del atolladero durante la transición verde, sin que se disminuya su estatus de consumo, crecimiento y desarrollo dentro del sistema internacional, y en el cual, está inmerso el poder agroalimentario, dependiente de los hidrocarburos, tal como evidencia la relación entre, el incremento de los precios internacionales de los alimentos y el aumento del petróleo, su principal savia. 

Planteamientos finales: 

Si en 2022, el petróleo llegase a alcanzar de nuevo valores no vistos desde 2013 (barrera de los 100 dólares), el pronóstico es el arrastre del precio de los alimentos al alza, a niveles tampoco vistos desde 2011, pudiendo superar este promedio histórico como ha sucedido en el primer mes del año.

Al final, las amenazas que se ciernen sobre el sistema agroalimentario siempre recaerán sobre los más vulnerables, aquellos países con sistemas agroalimentarios dependientes y subordinados al poder hegemónico mundial, y sus poblaciones, que siguen engrosando la lista de los hambrientos en el mundo, y por los que supuestamente la ONU nuevamente se reunió en la Cumbre Mundial sobre Sistemas Agroalimentarios del 2021, bajo del paraguas de la crisis climática y “el mal funcionamiento de los sistemas agroalimentarios”. 

Cumbre que sólo sirvió la mesa, para el reacomodo de los principales actores del sistema internacional, en medio de una feroz competencia por el acaparamiento, apropiación y control de los recursos naturales, tierra, agua, biodiversidad y energía, que les permitan garantizar el control del suministro de alimentos en el mundo, cuidando su estatus y sus poblaciones, mientras recorren el tortuoso camino de la transición verde o energética, en medio del surgimiento de un nuevo mundo ‘Tripolar’.

Fuente: Clara Sánchez Guevara

Enlace: https://alainet.org/es/articulo/214930

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