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¿Se cumplen los derechos en el parto para las mujeres?

Autora: Isabel Hernández

Es un hecho que vivimos en una sociedad controlada por el patriacardo donde la ciencia ha sido, en su mayoría, estudiada desde la perspectiva masculina. Por no ir más lejos, incluso la especialidad de ginecología ha sido ejercida durante muchos años por hombres. Esto ha conllevado que la gestión clínica afecta de manera considerable al bienestar emocial y la praxis médica ejercida sobre las mujeres.

En este sentido, la asociación »El Parto es Nuestro» ha denunciado que los protocolos hospitalarios en materia de embarazos y partos están vulnerando los derechos fundamentales de las mujeres.

Así lo ha contado Inés Serna. Inés dio a luz a su segundo hijo en un hospital en Palencia el pasado 26 de septiembre, traía consigo un PCR negativo que le había realizado su doctora de cabecera tan solo dos días antes y fue validado por el personal sanitario.

Sin embargo, cuando Inés entra a la sala de dilatación y solicita la epidural, las matronas le comentan que los anestesistas se niegan a ponerle la epidural ya que no tienen un PCR actualizado. No obstante, las matronas disgustadas con la situación les afirma que cuando una paciente da negativo, la pinchan con mascarilla y en caso de ser positivo, la pinchan con escafandra.

Inés dio a luz sin epidural sufriendo un desgarre en su útero debido al gran tamaño de su bebé.

Por otro lado, Irene de Pedro como matrona, afirma que los protocolos de los hospitales no han tenido en consideración ni a la OMS, ni al Ministerio de Sanidad, ni a organismos como Unicef. Además, el documento técnico del Ministerio de Sanidad establece que dado que no existen evidencias de transmisión vertical madre-hijo se recomienda mantener las medidas habituales de cuidado neonatal óptimo.

Como vemos, se tratan de historias de mujeres que están viviendo el primer contacto con sus bebés de la manera más fría que pudiera existir. La situación por Covid-19 está siendo una excusa para seguir perpetuando el papel de sumisión en las mujeres en procesos como este, en el que las mujeres llegan con la mayor ilusión del mundo por conocer a sus hijos e hijas.

No se puede permitir que la sanidad se convierta en la propulsora de la desigualdad covirtiéndose en una zona donde las mujeres y sus bebés sientan el aliento frío de una sociedad inerte a los sentimientos humanos.

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