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¿Qué significa la seguridad para ti?

Autor: Greenpeace

Los últimos meses me han hecho reflexionar sobre lo que significa la seguridad para mí. En febrero, mi oficina cerró a causa del coronavirus. La escuela de mi hija cerró. Nos refugiamos en nuestra casa, un agradecido privilegio que tenemos mi familia y yo. Y me sentí segura quedándome en casa con mi hija. A través de Zoom, mis colegas de diferentes partes del mundo y yo compartimos nuestras experiencias de primera mano sobre la pandemia. Y, a pesar de las diferentes condiciones, compartíamos muchas preocupaciones: ¿Se mantendrán los sistemas de salud donde vivimos? ¿Cómo nos vamos a mantener a salvo? ¿Y a nuestras familias?

El diccionario define la palabra seguridad como “estar libre de daño o riesgo“. Para mí, cuando pensaba en estar a salvo de riesgos o daños me venía a la mente la policía o el ejército. Pero ahora, desde la pandemia mundial y el surgimiento del movimiento mundial Black Lives Matter, hasta la supresión de los derechos humanos en muchos países y la creciente crisis ambiental (con inundaciones devastadoras en Asia y África, incendios devastadores en el Amazonas, el derrame de petróleo en Mauricio o que el año 2020 esté en camino de ser el año más caluroso de que se tiene registros, entre otros), ¿seguimos creyendo que podemos mantener nuestra seguridad en el sentido tradicional?

¿Qué te hace sentir seguridad?

Los problemas actuales que se están desencadenando en todo el mundo (como la COVID-19, la violencia policial y los fenómenos meteorológicos extremos) amenazan la seguridad pública en casa y no son susceptibles de soluciones militares. Pero también han generado una oportunidad para debatir sobre lo que realmente significa sentir seguridad para diferentes personas que viven en diferentes circunstancias en diferentes partes del mundo.

Como mi trabajo en Greenpeace se centra en temas relacionados con la paz y la seguridad, es algo sobre lo que reflexiono continuamente. Hace unos años, Greenpeace India apoyó un proyecto en Dharnai para proporcionar farolas alimentadas por energía solar en un pequeño pueblo que no estaba conectado a la red eléctrica. Las farolas transformaron las vidas de sus habitantes. Una joven del pueblo dijo: “Ahora puedo salir de mi casa después de que oscurezca. Me siento segura”. Su respuesta me hizo pensar.

El significado de la seguridad

Me di cuenta de que la seguridad puede tener significados diferentes para cada persona. Para entender mejor cómo cambia la noción de seguridad dependiendo del lugar donde vives, pregunté a mis colegas de Greenpeace de todo el mundo a través de una pequeña encuesta: ¿Qué significa la seguridad para ti? Estas fueron algunas de las respuestas:

“Con toda esta pesadilla, tener suficientes ahorros para poder salir adelante con mi familia”, comentaban desde la oficina de Filipinas.

“Tener un techo y poder mantener a mi hija, hasta que pueda sostenerse y protegerse por sí misma”, fue la respuesta de un colega con el que me sentí muy identificada.

“No tener miedo de un tiroteo masivo cuando voy a un festival o a algún evento donde haya una reunión multitudinaria”, escribió un colega de la oficina de Estados Unidos.

“Poder expresar mi opinión sin preocuparme o tener miedo de las consecuencias”.

“La garantía de tener acceso al agua limpia, al aire no contaminado y a alimentos saludables”.

“La seguridad también significa confiar en que el Gobierno está sirviendo al pueblo y que tengo acceso a procesos legales justos y a la atención médica”.

“Vivir en una ciudad cuyos funcionarios públicos se ocupan de las desigualdades, con un Gobierno que hace algo para combatir la crisis climática”.

Las respuestas eran todas diferentes pero coincidían en representar la misma visión de vivir en una sociedad sana y justa y el deseo de que se satisfagan nuestras necesidades básicas. Y creo que la visión compartida por mis colegas es una visión compartida por muchas personas en todo el mundo.

Es importante reflexionar sobre esas respuestas, ya que definen las medidas que se deberían tomar para garantizar nuestra seguridad, y las que pedimos a nuestros líderes que prioricen cuando asignan fondos públicos.

Debemos cuestionar y reformular nuestra idea tradicional de seguridad…

Considerando todo lo que está pasando en nuestro planeta en este momento, ¿sientes más seguridad sabiendo que tienes el mejor hospital cerca de tu casa o que hay un submarino de primera categoría atracado en la base militar naval más cercana? Y aquí hay un dato curioso: el coste de un submarino de propulsión nuclear Clase Virginia (que cuesta 3.400 millones de dólares) podría pagar la construcción de más de 30 hospitales de tamaño medio en los EE.UU. Qué preferimos, ¿un submarino o 30 hospitales?

En muchos países del mundo, el gasto militar supera a la mayoría del resto de los gastos públicos. Por ejemplo, según la “Campaña del 5%”, de media, los países industrializados gastan 3 veces más en defensa que en educación. Yendo un paso más allá, según estos datos, Estados Unidos gasta 6 veces más en defensa que en educación.

Y sin embargo, normalmente hay muy poco debate público sobre el gasto militar de los gobiernos, y estos descomunales gastos permanecen en gran medida sin ser cuestionados. Pero poco a poco estos debates se están extendiendo. En julio, se presentó una moción histórica ante el Congreso de los Estados Unidos, para reducir el presupuesto del Pentágono para 2021 en un 10% y redirigir esos 74.000 millones de dólares para apoyar a las comunidades afectadas por la COVID-19. Aunque la moción no fue aprobada por la mayoría, constituyó un desafío sin precedentes a la idea de que el gasto militar continúe creciendo ininterrumpidamente, cuando tantas comunidades están luchando con la falta de servicios básicos.

La verdad es que los actuales problemas sociales, económicos, políticos y ambientales del mundo no pueden resolverse dedicando más dinero de los contribuyentes al ejército y a las disparatadamente costosas armas de guerra. Pagar más por las armas no garantiza la paz y la seguridad, ¡sino todo lo contrario! Según el Índice de Paz Global, los niveles de paz en todo el mundo han ido disminuyendo desde 2008. Esto a pesar del aumento del gasto militar mundial, que alcanzó un récord de 1,9 billones de dólares el año pasado. Las armas no solucionan las causas fundamentales de la inestabilidad, sino que más bien perpetúan la inestabilidad y la violencia.

En su lugar, se deberían destinar más presupuestos militares a apoyar a las comunidades afectadas y a programas nacionales como la recuperación ecológica, que proporcionan beneficios tangibles para las personas y el planeta. Por ejemplo, la inversión en un sistema de salud universal, la transición a la energía limpia y una mejor seguridad laboral harían mucho más. También tendría sentido económicamente y costaría mucho menos que perpetuar la injusticia y la violencia.

Debemos rechazar y poner en cuestión esta idea obsoleta de que más tanques, aviones de combate o bombas nos darán seguridad. Porque no lo harán.

“¿Cuándo te sientes segura?”, le pregunté a mi hija de 6 años. “Cuando me abrazas”, respondió.

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