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Por una educación sexual crítica y recíproca

Actualmente, la educación sexual se ha convertido en una necesidad apremiante y casi en un derecho de las y los jóvenes a recibir una visión crítica de lo que se entiende por sexualidad.

Y es que, las personas jóvenes se han desplazado a un nuevo espacio virtual, como consecuencia de la revolución tecnológica, que está generando ambigüedad entre la vida real (offline) y la vida digital (online). Este hecho, por ende, afecta al modo en que acceden a los contenidos y valores de lo que se conceptualiza como sexualidad

Los límites entre el deseo, el placer y la libre elección frente a la humillación, el desprecio y la violencia contra las jóvenes se desdibujan. La sexualidad pasa a estar sujeta a un proceso de mercantilización. Así, en la medida que el cuerpo de las mujeres es convertido en mercancía se legitiman las desigualdades entre éstas y los hombres, e incluso las conductas violentas. Un ejemplo de ello es la sexualización de la infancia, la omnipresencia de la pornografía, la erotización de la violencia y/o la idealización de la cultura de la violación, entre otras.

La pornografía, en su caso, es uno de los principales canales de aprendizaje de los y las adolescentes. A través de ésta, los chicos aprenden que ellas (o una parte de ellas) están para su placer, mientras que las chicas aprenden que están para dar placer al precio que sea. Esto supone tolerar abusos (que en otros ámbitos de la vida ya están sancionados) bajo el manto protector del sexo y el consentimiento. En este sentido, el sexo está lejos de ser una fuente total de gratificación y placer, a pesar de la revolución sexual de la década de 1960 que abogaba por unas relaciones sexuales basadas en la reciprocidad, la experimentación y el deseo mutuo. 

La ausencia de límites a este tipo de fantasías sexuales, producto del mercado del sexo, puede estar abriendo, por tanto, un nuevo lugar para legitimar la violencia contra las mujeres. Por esta razón, urge una educación sexual que incida en la idea de que, aunque haya sexo de por medio, no todos los deseos tienen justificación ni todos los comportamientos son igualmente deseables.

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