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Otra mirada al salario mínimo

Autor: nadaesgratis

Hablar del salario mínimo es sinónimo de interés. Un ejemplo: ¿ven el Gráfico 1? Pues también lo vieron 300.000 personas en un día cuando lo colgué en Twitter. Mientras sufría con el partido Betis-Barcelona, Messi y yo compartíamos ingresos, aunque los míos tenían forma de ‘impresiones masivas’, como las de un BCE monetizador. Ni siquiera cuando los sindicatos universitarios – que el Rector los guarde en su Gloria – desfilaron uno a uno ante la puerta de mi correo para propinarme lindezas y arrearme apoyos, un tuit mío había alcanzado tanta visibilidad. Otro ejemplo: en Nada es Gratis nos encanta el salario mínimo. Escribir sobre él, quiero decir. En una búsqueda rápida en el Blog he encontrado catorce artículos con esa etiqueta. Volveré más tarde a ellos.

Gráfico 1. Salario mínimo en términos reales y valor añadido bruto por ocupado (1998=100)

Fte: Elaboración propia a partir de datos del Ministerio de Trabajo y Economía Social (salario mínimo) e INE (IPC, VAB y empleados). 1998=100.

El Gráfico 1 representa la evolución tanto del salario mínimo, corregido de inflación, como del valor añadido bruto por trabajador, o productividad aparente del trabajo. Se trata de números índices con base 100 en 1998. Si calculamos las tasas de crecimiento totales por subperiodos (Gráfico 2) detectamos una relación inversa entre salario mínimo y productividad en los periodos de expansión, crisis y post-crisis, aunque en este último caso muy condicionada por la observación de la productividad durante 2020. No deja de resultar curioso, sin embargo, el ojo clínico de nuestros políticos en el momento de decidir sus arreones con el salario mínimo.

Gráfico 2. Crecimiento acumulado del salario mínimo durante tres subperiodos
(en %)


Fte: Elaboración propia a partir de datos del Ministerio de Trabajo y Economía Social (salario mínimo) e INE (IPC, VAB y empleados)

El Gráfico 3 recoge la evolución del cociente entre el salario mínimo y el salario medio – índice de Kaitz – desde 2008[i]. Después de ocho años prácticamente inalterado en el 40 por cien, a partir de 2017 el cociente experimentó un rapidísimo aumento hasta situarse en el 60 por cien del salario medio en 2020. Esto ha sido consecuencia de un aumento real de más del 45 del por cien del SMI en los últimos años. Cualquier persona sin el corazón de rosegón olvidado en una despensa se alegraría por ello. Pero ¿cómo afectará este rápido e intenso aumento en el salario mínimo – y los que puedan venir – al bienestar de las personas que queremos proteger? Si resulta que terminaran teniendo problemas en su empleabilidad puede que estemos haciendo una mortadela con un wagyu – si a alguien le violenta la expresión anterior, puede cambiarla por hacer unos macarrones con guisantes.

Gráfico 3. Cociente entre el salario mínimo y el salario medio


Fte: Elaboración propia a partir de datos del Ministerio de Trabajo y Economía Social (salario mínimo) e INE (coste salarial por ocupado, IPC)

El efecto del salario mínimo en el empleo ha hecho correr ríos de tinta y de tintorro, que es un buen modo de rematar las discusiones – o empezarlas. Y es que sobre ello ha habido en la literatura económica opiniones para todos los gustos. Digo opiniones porque el veredicto que del conjunto de estudios han realizado muchos autores parece que no ha pasado de ello: impresiones filtradas a partir del tamiz de los a priori de cada uno. Y para muestra, tres botones:

“Simplemente, no existe evidencia de que aumentar el salario mínimo tenga un coste en términos de trabajo, al menos cuando el nivel de inicio es tan bajo, como lo es en América” Krugman (2015).

“En la literatura económica, después de la publicación de Mito y Medida, ha sido aproximadamente tan probable encontrar efectos positivos como negativos del salario mínimo, con la estimación típica muy cercana a cero” Card y Krueger (2015).

“Existe un apoyo considerable [en la literatura] a la hipótesis del mercado competitivo de que un salario mínimo efectivo provocaría un menor empleo…Sin embargo, algunos pocos estudios han reportado una respuesta neutra o incluso positiva a salarios mínimos más elevados” Liu et al (2016).

Estas citas las he extraído de un estudio de Neumark y Shirley (2021) – NS en adelante – acabado de salir del horno – me está quedando un post muy gastronómico. La motivación de su trabajo es muy sencilla. Existe mucho ruido sobre lo que la literatura mayoritariamente dice en relación al efecto del salario mínimo en el empleo. KrugmanensesCardKruegerianos y Liunitas no pueden estar todos ellos en lo cierto. Por lo tanto ¿por qué no hacer un análisis cuidadoso del conjunto de la literatura para ver cuál de estas tres razas de la guerra de las galaxias del salario mínimo se acerca más a la realidad? Antes de continuar, les propongo un juego: adscríbanse a una de las corrientes anteriores. Y no, no vale un Mandalorian (sobre Mandalorians y escalopes con patatas ver esto).

A propósito, volvamos a los posts publicados en Nada es Gratis sobre el salario mínimo. De mi relectura de todos ellos mi impresión es que, cuando reflejan o tratan de dar una impresión acerca del estado de la literatura, los CardKruegerianos son mayoritarios, con algún Krugmanense y ningún Liunita – si hay alguno que gruña ahora o more en las arenas para siempre.

La investigación sobre los efectos del salario mínimo cambió radicalmente a partir del Simposio sobre la Nueva Investigación del Salario Mínimo (1992) y el estudio Myth and Measurement de Card y Krueger (1995), que proporcionaron nuevos enfoques metodológicos, considerados superiores, en la identificación de la relación causa-efecto. Esta estela metodológica fue seguida, entre otros, por el joven Arindrajit Dube, que ha reconocido públicamente la ascendencia intelectual que Krueger ejerció sobre él. Con el tiempo Dube se ha convertido en el líder de los CardKruegerianos  y referencia espiritual del movimiento “Fight for $15”. Mientras, David Neumark se ha erigido en la némesis de Krugmanenses y CardKruegerianos, y protector de Liunitas, desde que su respuesta al artículo Myth and Measurement demostró que los resultados obtenidos en dicho artículo no soportaban ciertas pruebas de robustez, como el tipo de información utilizada.

NS rastrean en su análisis los resultados de todos los trabajos desde la aparición de la Nueva Investigación del Salario Mínimo que satisfacen ciertos criterios: (a) que no estén basados sólo en series temporales, pues la capacidad de identificación del efecto se considera inferior; (b) que estén publicados o vayan a publicarse en una revista científica; (c) que se centren en la economía de Estados Unidos; (d) que proporcionen alguna estimación del efecto sobre el empleo. En total incluyen 66 trabajos, aunque los autores también ofrecen la lista de los trabajos excluidos.

El estudio de NS no es un meta-análisis al uso. La principal diferencia es que en su disección de cada trabajo se quedan sólo con la estimación nuclear. Es muy frecuente que en un artículo de investigación se presenten los resultados intermedios, antes de ofrecer la estimación que los autores consideran la más importante. De hecho, Neumark y Shirley enviaron una carta a los autores de todos los trabajos revisados para preguntarles cuál era en su opinión la estimación central. Los resultados de este ejercicio se ofrecen en términos de distribución de frecuencias para el conjunto de estimaciones centrales.

Su principal conclusión es que la distribución de los efectos del salario mínimo sobre el empleo es absolutamente asimétrica, y claramente orientada hacia el signo negativo. Es decir, aumentos del salario mínimo reducen el empleo en la inmensa mayoría de los estudios. Del conjunto de trabajos, más de un 79 por cien ofrecen un coeficiente negativo. Para un 55 por cien del total de la literatura revisada el coeficiente negativo es significativo al 10% y para un 48 por cien es significativo al 5%. Por el contrario, sólo un 5.8 por cien del total de trabajos estiman un coeficiente cero o con signo positivo con un p-value menor de 0.1, y sólo un 4.1 por cien con el signo positivo tienen un p-value menor de 0.05. Además, el mensaje anterior es robusto a la fuente de variación utilizada para la identificación, al grupo de trabajadores objeto de análisis o al tipo de industria.

Aunque de mi lectura del trabajo de NS me parece claro que su principal interés radica más en ofrecer información cualitativa sobre la distribución de los efectos del salario mínimo en el empleo que en calcular el efecto medio o mediano, la crítica rotunda de Dube al mismo a través de Twitter – recomiendo el hilo directo completo – se ha centrado en posibles problemas de agregación entre estudios y en la ausencia en la revisión que hacen NS de algunos trabajos recientes, como este de próxima publicación de Alan Manning. Con un nivel más bajo de actividad, Neumark ha dejado en esta misma red social algunos precedentes del conflicto entre CardKruegerianos y Liunitas, encarnado por ambos líderes en la batalla de la Puerta de Tannhäuser: aquí y aquí.

Por si el debate no estaba ya bastante calentito, la Oficina de Presupuestos del Congreso de Estados Unidos (CBO) acaba de publicar sus estimaciones sobre los efectos de aumentar paulatinamente el salario mínimo hasta los 15$ en 2025: una reducción del empleo de 1.4 millones de trabajadores (0.9%), y una reducción de 0.9 millones en el número de personas consideradas pobres. Ante estas noticias, Dube no ha tardado en reaccionar indicando que la elasticidad implícita en la estimación de la CBO queda bastante alejada del rango de estimaciones de un trabajo que el propio autor acaba de hacer público.

Jesús Fernández-Villaverde adopta una visión aparentemente reconciliadora en esta Star Wars de economistas. Su impresión es que probablemente los efectos a corto plazo en el empleo de subidas temporales y moderadas en el salario mínimo son negativos pero pequeños. Sin embargo, la distancia entre la realidad y estos conceptos – corto plazo, temporal y moderada – aumentarían la probabilidad de observar efectos negativos más importantes. De este modo, casi con toda seguridad habrá que esperar muchos años hasta que los efectos del “Fight for $15” se muestren con plenitud.

En España el “Fight for 60%” se ha producido en un tiempo record. Los efectos dinámicos completos de equilibrio general también tardarán en mostrarse. Ojalá el experimento sea positivo y la evaluación que pueda hacerse con el tiempo de la medida corrobore sus beneficios. El último trabajo de Neumark y Shirley supone un claro ataque a las naves de Krugmanenses y CardKruegerianos. Por el contrario, las últimas estimaciones de Dube y compañía proporcionan munición extra para éstos. Mi impresión es que el principio de moderación es fundamental. Si no aplicamos criterios de prudencia en la elevación del salario mínimo podemos estar condenando al colectivo que queremos proteger al destierro más cruel: el planeta de los desempleados sin remedio, adonde creo que van a llegar no pocos Liunitas desterrados desde España en los próximos años.

Link: https://nadaesgratis.es/javier-ferri/otra-mirada-al-salario-minimo

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