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ONG españolas de cooperación alertan sobre la delicada situación por la que atraviesan a causa de la crisis de la COVID-19

Autor: KUBUKA

  • La paralización de los eventos y la reducción de la colaboración con empresas ha impactado gravemente en organizaciones medianas y pequeñas
  • La mayoría de estas ONG han tenido que cerrar temporalmente sus proyectos, por las exigencias sanitarias, o bien adaptarlos para apoyar a las comunidades con las que trabajan

Madrid, 22 de junio de 2020.- La crisis de la COVID-19 ha colocado al mundo en una situación incierta en todos los ámbitos. Para las ONG de cooperación al desarrollo medianas y pequeñas el impacto está siendo devastador, en muchos casos se han frenado los proyectos que desarrollan en terreno o se han tenido que adaptar a la nueva realidad y, además, las comunidades con las que trabajan, especialmente vulnerables, no solamente están experimentado la crisis a nivel sanitario, sino que la crisis económica en muchos casos está siendo aún peor. Así lo explican responsables de un total de seis ONG de cooperación al desarrollo que trabajan en diferentes países de África: Asociación Mil Colinas (Ruanda), Denaderu (Etiopía), Escuela Sansana (Burkina Faso), Inakuwa Asociación (Tanzania), KUBUKA (Kenia y Zambia) y Meraki Bay (Sudáfrica).

La realidad es que las organizaciones de cooperación al desarrollo tienen más trabajo que nunca, pero la COVID-19 ha mermado gravemente su capacidad y recursos. El principal problema al que atribuyen esta situación es la paralización de los eventos que suponen una importante fuente de ingresos para las organizaciones, según indican el 57% de estas ONG, aunque también la escasez de donaciones de empresas privadas ha afectado según el 28%. Y es que, muchas entidades pequeñas no cuentan con un “colchón” económico que garantice que puedan superar esta crisis.

En el caso de KUBUKA, una de sus principales fuentes de ingresos, la de las donaciones de particulares y empresas, se han reducido en un 85%, se han tenido que acoger a un ERTE que ha supuesto prescindir temporalmente de puestos clave en la organización. “La situación en España ha sido terrible, nos acercamos a una nueva realidad en la que la sociedad en su conjunto va a ser diferente, cambiaremos hábitos de consumo y maneras de relacionarnos, pero mientras tanto no podemos olvidarnos de nuestro continente vecino. Allí la situación ya era grave incluso antes de que apareciese esta pandemia, es clave que se mantenga el apoyo a las organizaciones que desarrollamos proyectos en África», explica Nacho Sanz, presidente de KUBUKA.

Por su parte, Inakuwa Asociación, aunque no ha afrontado ERTES porque no tienen personal contratado, su presidenta, María Caso, señala que “aunque las pérdidas que hemos tenido no nos hayan hecho cerrar proyectos hasta ahora y hayamos podido reconducirlos, el verdadero peligro es que esta situación se alargue y con ella, la falta de financiación. Dada la situación en España, lo esperable es que las empresas, socios y entidades públicas aporten sus recursos a colectivos y proyectos de ejecución en España, lo cual es entendible y necesario, pero esta situación podría ser devastadora para las entidades sin ánimo de lucro que trabajan en otros países de las que dependen tantas familias”.

Fernando Alonso, presidente de Escuela Sansana, indica que “un porcentaje muy importante, más del 50% de nuestros fondos, proviene de los múltiples eventos que organizamos casi semanalmente en España. También se han reducido las ayudas privadas en torno a un 20%, ya que ahora se están canalizando más en proyectos para afectados por la COVID-19 en España”.

Desde Asociación Mil Colinas, han tenido que condicionar el inicio de algunos proyectos a la financiación, cuando no es lo habitual. “Nos genera mucha inseguridad no sólo para el presupuesto de este año, sino temiendo que muchas personas que colaboran retiren su apoyo en los próximos meses o años debido a las consecuencias económicas que puedan tener en la población la crisis sanitaria y la inseguridad que puede generarle a la gente colaborar cuando su situación personal es inestable”, explica María Fernández.

Sudáfrica, donde la ONG Meraki Bay desarrolla su actividad, es el país con mayor número de casos de COVID-19 de todo el continente africano (80.400) por lo que el gobierno ha decretado un confinamiento total, lo que ha obligado a paralizar toda actividad no indispensable. Además, las donaciones de empresas privadas sudafricanas se han visto reducidas en un 50%. “La situación está siendo crítica estos meses ya que el confinamiento se suma al cierre y despido de muchos locales en los que trabajan gente de nuestra comunidad. Hemos tenido y vamos a tener que reinventarnos en todos los aspectos para continuar haciendo esta labor tan importante”, señala Ignacio Alonso.

¿Qué supondría la desaparición de estas ONG?

Escuela Sansana señala que supondría la paralización o ralentización de 8 escuelas que dan asistencia a más de 1.200 alumnos de infantil y primaria. Además de no poder continuar con los nuevos proyectos que suponen la construcción de una escuela rural cada año. También terminaría el empleo de 3 personas que dependen de la entidad en Burkina Faso y el cierre de una cooperativa de jabón de karité que forma a 12 jóvenes emprendedoras.

KUBUKA cuenta con 13 proyectos dedicados a la educación y el emprendimiento, con un total de 970 personas beneficiarias y 85 empleos a través de proyectos como colegios, casas de acogida, apadrinamiento, formación a través del deporte, microcréditos, reciclado de plásticos, etc. Para no dejar desprotegidas a todas estas personas con las que trabaja, la organización ha lanzado la campaña denominada #conKUBUKA que alerta de la situación por la que atraviesa y en la que se pide apoyo para poder superar esta crisis.

Para Denaderu, desaparecer significaría fallar a familias enteras, la paralización del acceso a la educación de muchos niños y niñas y la falta de alimentación de centenares de éstos. Por ello, confía en seguir manteniendo la fidelidad de sus socios y socias pese a la crisis e invita a colaborar en su crowfounding de reparto de alimentos ante esta situación, y a unirse a la red de apoyo para sus diferentes proyectos a través de su página web. “Es necesario ahora más que nunca el alcance de los objetivos de desarrollo sostenible, entre todos, para todos. Es necesario que la sociedad desde todos sus ámbitos emerja con más fuerza que nunca para hacer real el cambio”, asegura Alicia de los Frailes, presidenta de Denaderu.

Según explican desde Inakuwa, para ellos supondría el retroceso de distintas conquistas de las niñas y mujeres de Rau, Tanzania, sobre todo en materia de educación y emancipación económica y social. La pérdida de un potencial de emprendimiento y el consecuente empeoramiento de las condiciones de vida de las mujeres y familias con las que trabajan, que atraviesan una situación económica muy difícil a raíz del confinamiento y sobre las que además recaen la recuperación y los cuidados.

En Rukara, el pueblo de Ruanda en el que trabaja Asociación Mil Colinas, no conseguir la financiación necesaria, supondría que no existiera ningún centro educativo, social y cultural y que muchas niñas, niños y jóvenes se quedarían sin escolarizar o no podrían acceder a estudios superiores. Por lo que necesitan volver a la normalidad, poder organizar eventos con los que continuar con sus planes, poder mantener las becas escolares y financiar la construcción de un nuevo centro educativo, social y cultural, de momento tienen abierto un crowdfunding en migranodearena.org para conseguir los fondos.

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