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El negocio de las vacunas

La pandemia por la COVID-19 deja en evidencia, una vez más, que los intereses económicos y el beneficio privado están por encima de lo más esencial para el ser humano: la salud. Las farmacéuticas BioNTech-Pfizer, Moderna y AstraZeneca han apostado por lograr la mayor rentabilidad posible a sus respectivas vacunas, dejando a la Unión Europea literalmente «con una mano delante y otra detrás». Mientras la Comisión Euripea continúa denostando la efectiva vacuna rusa Sputnik-V que ayudaría considerablemente a los programas de vacunación de los 27. La gran paradoja de esta crisis sanitaria está en que las inversiones de dinero público que los gobiernos europeos han realizado en I+D se han traducido en patentes privatizadas de las vacunas.

Las grandes farmacéuticas han conseguido que Estados Unidos y la Unión Europea impidan la liberalización de las patentes -con el beneplácito político-, ignorando así las exigencias de la OMS y la ONU en esta materia. Esto supone un varapalo para los países más pobres -como ya se preveeía- puesto que no podrán acceder a las vacunas si no se liberalizan las patentes; así como democratizar las ayudas económicas de COVAX. Los fracasos en los planes de vacunación ha sido motivo de conflicto entre la Comisión Europea y algunos estados miembro como la Alemania de Merkel. La crisis sanitaria traerá consigo una nueva forma de colonialismo moderno. Los países más ricos quieren acaparar el mayor número posible de vacunas -10.000 millones de vacunas cuando la población humana asciende a 7.000-y así poder ganar más influencia y poder sobre los países más desfavorecidos. Se estima que alrededor de 80 países pobres no verán la llegada de la vacuna en este 2021. Estamos ante una vuelta al siglo XIX.

Esta crisis traerá consigo un endeudamiento público importante que se traducirá en planes de recorte del gasto público, privatización de servicios públicos y, en general, retroceso y pérdida en materia de derechos sociales. El capitalismo neoliberal más salvaje ha vuelto a hacer de las suyas al demostrar que por encima de la salud pública está el beneficio económico privado. Un completo despropósito.

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