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Murió a los 90 años el expresidente Carlos Saúl Menem

Autor: Página12

A las ocho de la noche, por avenida Rivadavia, llegó al Congreso de la Nación el coche fúnebre con el cuerpo del expresidente Carlos Saúl Menem, que falleció este domingo luego de ser internado por una infección urinaria. Llovía y un puñado de personas, no más de cien, hacían fila para entrar a despedir los restos del expresidente, que minutos después fue ubicado en el Salón Azul del Congreso de la Nación. Al pasar el auto, algunas personas gritaron, eufóricas: «Vamos Menem», y «Menem, querido, el uno a uno está contigo». El féretro fue recibido por la vicepresidenta y presidenta del Senado, Cristina Fernández de Kirchner, la exesposa del exmandatario, Zulema Yoma, su hija Zulemita, su hermano Eduardo y sus nietos. También se hizo presente en el velorio, durante unos minutos, el presidente de la Nación, Alberto Fernández, quien decretó un duelo de tres días. Por redes sociales expresaron sus condolencias dirigentes de todo el arco político y el expresidente Mauricio Macri lo calificó de «buena persona». Los organismos de derechos humanos, en tanto, expresaron que ellos «no están tristes» por la muerte del hombre que indultó a los militares genocidas de la última dictadura cívico-militar y profundizó el proceso neoliberal iniciado en 1976.

Por disposición de la familia el ingreso al público se cerró a las 0:00 y se retomará a las 07:00 de mañana. El velatorio del expresidente continuará durante toda la noche para familiares y amigos.

«Con profundo pesar supe de la muerte de Carlos Saúl Menem. Siempre elegido en democracia, fue gobernador de La Rioja, Presidente de la Nación y Senador Nacional. En dictadura fue perseguido y encarcelado», fueron las palabras que utilizó el presidente ante la muerte del exmandatario. La vicepresidenta fue más breve: «quiero expresar mis condolencias a su familia y a sus compañeros y amigos», escribió.

Del lado de Juntos por el Cambio, el homenaje fue más sentido. Macri sostuvo: «lamento profundamente la muerte del ex presidente Carlos Saúl Menem. Nos deja, ante todo, una buena persona a quien recordaré con mucho afecto. Mis condolencias a sus familiares y amigos». Miguel Ángel Pichetto, excandidato a vicepresidente junto a Macri, calificó a Menem como un «gran demócrata que buscó siempre la unidad de los Argentinos y supo posicionar al país a nivel mundial. Un político irrepetible que sin duda tendrá el reconocimiento que se merece».

El velorio fue a cajón cerrado. Las banderas argentina y riojana, y luego una camiseta de River, cubrían la superficie de madera. Los granaderos recibieron y acompañaron el cuerpo del expresidente en todo momento. Detrás del cajón se erigían simbologías católicas y musulmanas: a la izquierda la cruz, a la derecha la medialuna y las estrella. Según anunció su hija, Zulemita, Menem será enterrado en el cementerio islámico de San Justo, junto a su hijo Carlos. En el Senado, Menem será reemplazado por el exministro de hacienda de La Rioja, Ricardo Guerra.

Pasadas las 21 llegó al Congreso el presidente Fernández, junto a su pareja, Fabiola Yáñez. Luego de saludar a los familiares del difunto, dejó el palacio legislativo luego de permanecer allí un cuarto de hora. Permanecieron durante más tiempo Pichetto y el expresidente Eduardo Duhalde, quien asistió junto a su esposa, Chiche. En declaraciones a la prensa, el vicepresidente de Menem entre 1989 y 1991, calificó al riojano como «una persona que tenía un carisma que yo nunca vi, ni siquiera en Perón». Otros dirigentes que se hicieron presentes fueron el presidente de la Cámara de Diputados, Sergio Massa, junto a su esposa y titular de Aysa, Malena Galmarini, y el embajador en Brasil, Daniel Scioli.

Afuera había oscurecido y caía una lluvia fina, que le daba un aire de desolación a la escena. Eran más los policías y periodistas instalados en torno al Congreso que las personas que hacían la fila. Pasadas las 21.20 las puertas se abrieron para que ingresen. «Vengo a despedirlo porque el uno a uno fue fabuloso. Gracias al turco me compré dos departamentos», dijo a PáginaI12 un hombre de unos 60 años que se acercó junto a su esposa a homenajear a Menem. Mientras tanto, por la vereda pasó una pareja de jóvenes en bicicleta y gritó para que escuchen los que hacían la fila: «no me digas que hay gente que quiere venir a ver a este hijo de puta». «Yo soy de la Rioja y allá lo amamos. Lo único que no me gustó de él es que sacó el servicio militar y que vendió los ferrocarriles», puntualizó Fanny, una señora de mediana edad que dijo estar allí en representación «de todo el pueblo riojano».

Entre los presentes se destacaban dos jóvenes que por su edad difícilmente habían sido contemporáneos a la presidencia de Menem. «Tengo 16 años y ojalá hubiese vivido el menemismo. Mi familia gracias a él pudo emprender y crecer. En el 2001 les fue mal, pero no consideran que eso haya sido culpa de Menem, según explicó Juan Cruz que, sin barbijo, fue hasta el Congreso junto a su amigo, Pablo. Carlos, médico de 61 años, se acercó al velorio con una rosa: «el segundo gobierno tuvo el problema económico, pero el primero fue ideal porque no provocó la grieta que todos estos gobiernos progresistas provocan». «Yo me identifico con el país, no soy peronista, kirchnerista o radical. Viví el gobierno de todos y por lejos, Menem fue el mejor», expresó sobre su postura partidaria. «Lean la historia y van a ver», agregó y luego admitió que «lo voté la primera vez y la segunda no».

Menem lo hizo: un legado de miseria neoliberal
Evocando la figura de Facundo Quiroga, con la promesa de impulsar un “salariazo” y una “revolución productiva”, Menem se convirtió en uno de los máximos ejecutores de las políticas neoliberales en Argentina que dejaron al país endeudado, privatizado y con índices atroces de pobreza. Durante sus dos gobiernos, se ocupó de completar la tarea, en el plano económico, de lo que había empezado la última dictadura a través del ministro José Alfredo Martínez de Hoz.

La asunción de la primera presidencia de Menem fue prematura. Se dio un 8 de julio de 1998, luego de la corrida hiperinflacinaria que terminó de manera anticipada con el gobierno de Raúl Alfonsín. Durante su gestión, el riojano se encargó de desmantelar lo que quedaba del estado de bienestar cimentado durante el peronismo y lo hizo a través de las privatizaciones del servicio de agua, gas y electricidad, de las comunicaciones y medios públicos, de los ferrocarriles y de las jubilaciones. Estás últimas a través del sistema de las AFJP, que dejó sin ingreso a millones de personas mayores.

La venta a precio vil de las empresas estatales se dio de forma paralela a la toma de deuda externa. De este modo pudo mantener la paridad cambiaria del uno a uno, de la mano de su ministro de Economía, Domingo Cavallo –entre 1991 y 1996–, que provocó la quiebra de la pequeña y mediana industria nacional, y favoreció a los capitales transnacionales concentrados. Además, indultó a los jefes de la dictadura que habían sido condenados y procesados por las más graves violaciones a los derechos humanos de la historia argentina. 

Uno de los lugares que quedó más marcado por la corrupción y la desidia del menemismo fue la ciudad cordobesa de Río Tercero, cuyas autoridades anunciaron que en la ciudad no cumplirán con el duelo nacional. Allí, en 1995 se produjo la explosión de la fábrica militar de Río Tercero, que dejó siete muertos, centenares de heridos y la ciudad destruida. Por esta causa, Menem no fue condenado a diferencia de cuatro directivos de Fabricaciones Militares, y tampoco lo fue por otras en las que fue acusado, como la venta ilegal de armas a Ecuador y Croacia -por la que pasó una breve temporada detenido-, ni por las supuestas coimas negociadas en el plan de privatizaciones. El exmandatario solo fue condenado por el pago de sobresueldos a funcionarios de su gobierno y por la venta del predio de Palermo a la Sociedad Rural, en 1991. 

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