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Menos hormigón y más agua potable para América Latina y el Caribe

Autor: Arian José Alonso Luis.

Cuando se habla de infraestructuras rápida y automáticamente vienen a la mente aeropuertos, puentes, represas, túneles, etc. Es decir, estructuras hechas de hormigón y acero. El Banco Interamericano de Desarrollo  busca cambiar ese vínculo y conseguir que al hablar de infraestructuras y la importancia de invertir en ellas, los líderes de América Latina y el Caribe piensen en mejorar los servicios de agua, saneamiento, electricidad y transporte.

Según Tomás Serebrisky, asesor economista sectorial del Departamento de Infraestructura del BID y uno de los autores del informe establece que «América Latina y el Caribe necesita invertir más en infraestructura. Entre 2008 y 2017 destinó apenas un 2,8% de su PIB de media por año, la mitad que otras regiones emergentes como Asia Oriental y el Pacífico, que invirtió un 5,7%». También expresa que «La planificación y la priorización de proyectos son esenciales para construir lo que es realmente necesario y lo que genera mayores beneficios sociales» para referirse al informe. En este sentido, Serebrisky reflexiona que hay que poner el foco «en lo que la gente necesita», como el transporte, por dos motivos: porque lo demanda la sociedad y por el cambio climático

Pese a que los retos en la región son importantes, sobre todo en cuanto al acceso al agua y saneamiento, no todas son malas noticias. Hay muchos ejemplos de buena inversión. Según el estudio del BID, algunos de ellos están en el transporte como los autobuses de tránsito rápido de invención brasileña o los teleféricos para conectar zonas altas de las ciudades normalmente, hogar de la población más pobre con el resto de la población.

Lo que queda muy claro es que aunque haya una inversión de calidad que sirva para extender los servicios y que además los mejore. Las expectativas de la gente ya no son las mismas. En la América Latina y el Caribe de 2020 no basta con tener acceso a un bus moderno ya que si este llega tarde, se viaja hacinado y si la tarifa a lo largo de un mes equivale al 10% de un salario mínimo no estas ayudando en nada a la población. No basta con tener un grifo en la cocina si la calidad del agua es tan dudosa que hace falta comprar agua envasada para beber y cocinar. Tampoco basta con estar conectado a la red eléctrica si cada semana se producen apagones que dañan los electrodomésticos. Al final lo que se está provocando es fomentar una mayor pobreza ya que si se tienen que gastar el salario en movilidad y en reparar electrodomésticos no se puede ahorrar ni gastar ese dinero socialmente y que así crezca la economía.

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