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¿Más Mercado o más Estado?

En el debate ideológico de los últimos 200 años, el mercado y el Estado parecen haberse identificado como dos actores en lucha. Con un exceso de brevedad e imprecisión podemos decir que la Derecha es la defensora del mercado y la Izquierda la del Estado.

Esta simple idea parte de razones históricas. En las fracasadas experiencias derivadas del triunfo de la Revolución rusa, la estrategia fue incrementar el Estado y reducir el Mercado. El resultado lo conocemos todos: el fracaso de una intento de  sociedad alternativa al capitalismo, que no fue capaz de facilitar a sus ciudadanos el bienestar, que si se alcanzaba en las sociedades capitalistas más avanzadas, al menos para una mayoría de la población.

La principal tesis económica el pensamiento capitalista actual, el neoliberalismo, defiende una reducción del Estado a su mínima expresión. Detrás de esa tesis general llegan las secundarias, las que sirven de señuelo electoral, y por ello preñadas de  demagogia: “es necesario reducir el número de políticos y su coste”, “ las ayudas sociales están llenas de importantes bolsas de fraude” “los inmigrantes expolian el gasto público” “es imposible soportar los grandes costes del Estado de Bienestar” etc. Sin embargo, nunca se escuchó a ningún neoliberal clamar contra otros gastos del Erario público que son, en muchas ocasiones, más cuantiosos que los que ellos ponen en discusión.

Nos referimos al inútil y abultado gasto en compra de armamento, los costes de rescatar a las empresas en crisis, especialmente las del sector bancario por ser las más cuantiosas; la puesta a disposición del dinero barato de la Reserva Federal o del Banco Central Europeo  para las políticas de flexibilización cuantitativa, las indemnizaciones por lucro cesante regaladas a las grandes empresas,  las subvenciones a los combustibles fósiles o a muchas grandes empresas,  las ayudas a la Iglesia, etc. 

Unas simples sumas y restas analizando los costes que critican frente a los gastos públicos que callan, nos demuestran que las tesis neoliberales no defienden realmente una disminución del Estado, sino una reducción de los gastos públicos que favorecen a las mayorías sociales. 

Muchos analistas y evidencias nos ponen de manifiesto el papel del Estado al servicio de las clases más poderosas, aunque también sea cierto que es un prestador de servicios del Bienestar y por ello representa de las pocas esperanzas para las mayorías sociales de mejorar sus condiciones de vida, a través de políticas redistributivas. El Estado es el mejor garante del mantenimiento del Status quo, sobre todo cuando es gobernado, como pasa en la mayoría de los países y en la mayoría de los años de los últimos siglos, por las élites económicas y sus representantes políticos. 

La conclusión es evidente: no podemos seguir pensando en la vigencia absoluta de ese esquema simple al que nos referíamos al inicio  de la Derecha defensora del mercado y la Izquierda defensora del Estado.

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