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Luz y esperanza

Para el desarrollo de las zonas más empobrecidas de Africa y América Latina llevar la electricidad a través de tecnología fotovoltaica puede suponer un cambio disruptivo que les ayudarán  a tener acceso a electricidad sin necesidad de que se establezca una red eléctrica en el territorio, algo muy difícil en algunos países sin apenas recursos.

La acogida que desde hace años tiene la energía solar casera en África y Latinoamérica es muy buena. Hay tres claves principales: el coste, el acceso y la sencillez. La comunidad o la familia se lleva el panel solar, lo coloca, lo enchufa y ya funciona; eso ha supuesto un cambio porque lleva luz donde no hay red eléctrica, pero el principal ventaja es el dinero porque es más barato. Los sistemas más básicos, de entre 20 y 50 vatios, capaces de cargar radios pequeñas, móviles y bombillas suponen un gasto medio anual de entre 10 y 30 euros si es por un sistema de pago progresivo, pero puede ser también gratuito al cabo de unos años.

El impacto sobre las comunidades locales es enorme. Pueden cargar sus móviles y eso les permite estar conectados con el mundo, disponer de información y oportunidades, pueden disponer de luz para alumbrar sus noches, de frio para conservar sus alimentos, de agua si se conecta a una bomba para extraer agua de los pozos, o para desalar el agua del mar en las poblaciones costeras, etc

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