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Los tejemanejes de Ayuso viviendo en un hotel de lujo que le da un empresario favorecido por el PP: grave sospecha de corrupción

Dos meses y un día después de que se trasladase a un apartamento de lujo en un hotel de la cadena Room Mate cuya ubicación, lujos y precios con rebaja del 60% no trascendieron hasta esta semana, Isabel Díaz Ayuso sigue sin aclarar algunas de las grandes incógnitas del caso. Los enigmas se entrelazan como cerezas en un racimo de preguntas donde la primera fue la de quién paga y cuánto cuesta su alojamiento, algo que la presidenta de la Comunidad de Madrid quiso atajar rápidamente: paga ella de su bolsillo. Lo que desembolsará por una suite con dos terrazas y un salón adicional en un segundo apartamento más limpieza, seguridad y plaza de garaje serán 2.400 euros al mes en lugar de los 6.000 que tendría que abonar de aplicarse la tarifa usual por día.

Resuelta esa incógnita, no deja de alargarse la sombra de las dudas, entre ellas la de la adjudicación de un contrato que oficialmente nunca existió y que, como publicó también Vanity Fair, tenía por beneficiario a Room Mate SA con un importe de medio millón de euros en la primera versión de lo publicado en el portal de transparencia de la Comunidad. Esa primera versión fue borrada la noche del martes.

¿EL BALÓN SALE DEL APARTHOTEL Y LLEGA AL TEJADO DE CIUDADANOS?

De los papeles publicados en el portal de contratación de Madrid sobre esa misteriosa adjudicación –contrato solo hay uno y su adjudicatario es una plataforma de ONG, no Room Mate SA–, hay cuatro versiones. El inexplicable cambalache ha sido fruto de un «error humano» según Políticas Sociales, la consejería madrileña dirigida por el consejero de Ciudadanos con quien Ayuso mantiene una relación más tensa, Alberto Reyero. Defensor de que los geriátricos debían ser medicalizados para afrontar la pandemia, esa fue la clave que enfrentó a Reyero con Ayuso ya en marzo. abre múltiples interrogantes y coloca el balón en un tejado distinto al del hotel donde reside ahora Ayuso.

Partidario de medicalizar las residencias de ancianos, Reyero fue apartado de la gestión de esos centros en marzo, donde las muertes de usuarios han derivado ya en un alud de denuncias ante la Fiscalía y los juzgados. Ahora, Ayuso lo coloca bajo el foco por el desastroso trámite para la habilitación de dos hoteles de Room Mate destinados a acoger a ancianos trasladados desde residencias. Ayuso, que el jueves anunció una investigación, dio este sábado un paso más: «Necesito saber por qué se ha subido un contrato que no existía, por qué se ha manipulado, por qué han sucedido estos hechos. Lo voy a investigar hasta el final, porque es gravísimo y es un delito hacer esto. Me siento en la obligación de simplemente conocer qué pasa», dijo.

El mismo jueves, Reyero había anunciado la destitución del secretario general técnico de su consejería, Miguel Ángel Jiménez, como responsable de ese fiasco. Al día siguiente, la Cadena SER informó de que Ayuso había frenado en seco el cese de Jiménez hasta que finalice la investigación interna. Formalmente, cualquier destitución de un alto cargo requiere que la apruebe el Consejo de Gobierno. El próximo es el miércoles. Pero mantener en su puesto al secretario general técnico a quien el consejero ha retirado su confianza sería un episodio sin precedente conocido.

Jiménez ya había sido responsable del Registro de Contratos bajo el Gobierno de Esperanza Aguirre, lo que le presenta como un experto en el tratamiento de la información que debe subirse al portal de contratación. ¿Subirá de grados de aquí al miércoles el conflicto entre Ayuso y Reyero? ¿Eclipsará este capítulo todo lo relacionado con el aparthotel donde sigue durmiendo Ayuso? Es otra de las ecuaciones por resolver.

¿Y QUÉ PASA CON LA ORDEN QUE PROHÍBE LA ACTIVIDAD DE LOS HOTELES?

Al igual que ocurre con los contratos, el choque con la normativa legal impregna otro aspecto de la relación del caso de Ayuso y el aparthotel. Porque en un lugar destacado de los interrogantes figura la pregunta de con qué fórmula está sorteando la clienta vip del Room Mate de Plaza de España la normativa legal que impide a los hoteles tener clientes alojados durante el estado de alarma salvo que se hubiesen hospedado de manera «estable y de temporada» antes del 14 de marzo, en circunstancias muy tasadas.

La primera de esas órdenes, y tal como informó el jueves el diario El País, lleva fecha del 19 de marzo. Estipula a partir de ese momento el cierre de todos los hoteles españoles antes del 26 de marzo. Como explicó el Gobierno a través de un comunicado oficial, la orden desarrollaba el decreto de estado de alarma que entró en vigor el 14 de marzo. Entre otras, el decreto ya suspendía la actividad de las actividades de hostelería y restauración. Como informaron distintos medios cuando llegó al BOE la Orden de Sanidad sobre hoteles, el comunicado destacaba que «los hoteles ya no aceptan reservas y se atiende a los huéspedes hasta su partida, haciendo posible un regreso ordenado y sensato, sin ultimátum ni cierres repentinos». Por si quedaban recovecos susceptibles de error, una segunda orden, esta del Ministerio de Transportes, dejó constancia el 25 de marzo de la lista de hoteles que sí podían seguir operando por prestar «servicios esenciales».

En lo que concierne a Ayuso no fue así: como han remachado sus portavoces con insistencia, la primera noche que pernoctó en el Room Mate de Plaza de España fue la del 16 de marzo: es decir, cruzó la puerta de entrada dos días después del estado de alarma, cuando en teoría el establecimiento nunca podría hospedar nuevos clientes

El 10 de abril, la Comunidad de Madrid informó de que la presidenta ya había recibido el alta médica. ¿Por qué desde entonces, y afrontando cada nuevo día la obligación de pagar de su bolsillo 80 euros por día, sigue manteniendo el aparthotel de lujo como su domicilio? Esa es otra las cuestiones que persisten abiertas. Una investigación de infoLibre constata que alojarse durante todo marzo y abril del año que viene en la habitación de lujo más asequible del Be Mate Plaza de España no implicará un gasto por cliente de 4.800 euros (2.400 por dos) sino otro por encima de los 7.800 euros.

El jueves, Ayuso acudió al ejemplo del presidente catalán, Quim Torra, también contagiado para defender su posición. «El presidente de Cataluña, el señor Torra, ha estado en unas dependencias que ha puesto la Generalidad a su disposición mientras pasaba la cuarentena. Yo no sé por qué tengo que ser tratada de manera distinta». Pero, a diferencia de lo sucedido con Torra y siempre de acuerdo con la versión de Ayuso, su estancia en Room Mate es fruto de un acuerdo particular y no institucional.

Torra permaneció, el tiempo de la cuarentena, en un edificio anexo al Palau de la Generalitat que suele utilizarse para recibir visitas. ¿Habría cabido la posibilidad de que Ayuso se aislara en lo que se conoce como La Casita, un inmenso chalé del patrimonio público, propiedad de la empresa pública Canal de Isabel II, localizado a 40 kilómetros de Madrid junto al Embalse de Santillana y que la Comunidad cedió al venezolano Juan Guaidó durante su viaje a España en febrero? Es otra incógnita.

UN HOSPEDAJE QUE COMENZÓ EL LUNES EN QUE DIO POSITIVO… PERO PACTADO CON ANTERIORIDAD

Lo primero que hizo Ayuso en cuanto se supo dónde, cómo es y a quién pertenece el hotel en que se aloja fue subrayar que al Gobierno de Madrid no le costaría ni un euro: ni le saldría gratis como si se tratase de un regalo del empresario ni su presencia en el Room Mate supondrá nada para la Comunidad de Madrid. Fue después cuando su equipo confirmó la fecha en que se había trasladado: pernoctó en el hotel el 16 de marzo.

Ese fue el día en que, según el relato trazado aquella mañana por Ayuso a través de un vídeo en su cuenta de instagram , dio positivo en las pruebas del corona-virus. Su narración de por qué se había sometido a un nuevo test resultaba inequívoca: «Ayer [15 de marzo] durante una entrevista acabé tosiendo y por eso repetí las pruebas [para] cuidar así de mi entorno (…) En este caso di positivo».

¿Pero por qué se trasladó al hotel? «Eso –resumió Pablo Casado esta semana– es un ámbito privado que lo va a pagar porque necesitaba estar fuera de su casa para no contagiar a su madre«. Pero tanto la afirmación del líder del PP como la efectuada este sábado por Ayuso dejan sin explicar algo sustancial: por qué si decidió aislarse en ese hotel para proteger a su madre, lo que parece indicar que ambas comparten vivienda, había pactado con Sarasola un acuerdo sobre el apartotel cuando ni siquiera sabía aún que se había contagiado.

En la citada entrevista en Todo es mentira, Sarasola contó así cómo se había fraguado el acuerdo: «Cuando el presidente del Gobierno dijo que íbamos a estar todos confinados, ellos ya empezaron a buscar apartamento, un miércoles o un jueves. Sería el 11, el 12 o el 13«. Es ahí –continuó– cuando yo llego a un acuerdo con ella: limpieza, parking, seguridad, conserjería y te dejo un salón donde tú instalas tu despacho y por todo esto 2.400 euros al mes».

Este sábado, Ayuso ha ofrecido otra versión: «Esa decisión [la de alquilar el aparthotel] se toma cuando se declara el estado de alarma, mi equipo no se puede mover con libertad y normalidad por la ciudad y decido que se vaya a instalar allí un lugar de trabajo. Posteriormente yo me contagio, porque es algo que se olvida y me tengo que aislar, y también me mudo allí». Pero si lo que decide es que se instale en el hotel un «lugar de trabajo» y no su residencia privada temporal, ¿por qué se inclina por abordar el gasto de su bolsillo? ¿O hubo cambio de planes una vez conoció que se había contagiado?

«EL COMUNICADO DEL 16 DE MARZO NO HABLABA DE VIVIENDA PARTICULAR»

Su equipo, aseguró a este periódico tras la rueda de prensa uno de sus portavoces, nunca instaló en el aparthotel un «lugar de trabajo»: «Su equipo no hemos trabajado ni trabajamos desde el aparthotel«, respondió el sábado por la tarde uno de sus portavoces. Pero en cualquier caso, ¿por qué el área de comunicación transmitió aquel 16 de marzo que Ayuso se iba a aislar en «su vivienda?

Durante su intervención del jueves ante la Asamblea de Madrid, la presidenta dijo estas palabras: «Teniendo en cuenta que la mitad de mi equipo también estaba infectado y que no tenía por qué estar moviendo y desplazando a tanta gente a mi alrededor, decidí voluntariamente confinarme en un hotel».

Y es aquí donde entra en juego otro de los interrogantes: ¿por qué si había pactado con Sarasola, el «11, 12 o 13» o incluso el mismo 16 de marzo, mudarse al apartamento del Room Mate y había optado por esa vía como una decisión personal, ajena por tanto a la Comunidad de Madrid, sus portavoces transmitieron que la presidenta quedaba aislada para pasar la cuarentena en «su vivienda»?

La redacción de aquel comunicado convertía en misión imposible inferir que Ayuso no se confinaba en su casa sino en un hotel que, además –y esa es su versión del sábado– pagaría de su bolsillo pese a que su plan inicial había sido «instalar allí un lugar de trabajo». La mujer cuya carrera política comenzó con Esperanza Aguirre iba a «seguir trabajando desde su domicilio». Y ya se le habían «instalado en su vivienda todos los elementos técnicos e informáticos para poder estar conectada». «Ahora –remataba el texto– su despacho de la Real Casa de Correos se traslada a su domicilio en la capital de España». 

Este periódico preguntó a la Comunidad de Madrid por qué el comunicado había mantenido oculto el traslado de Ayuso a un hotel. La respuesta fue escueta: «El comunicado de 16 de marzo no hablaba de vivienda particular». Sus portavoces recordaron que la tercera acepción que la RAE asigna al vocablo «domicilio» es la de «casa en que alguien habita o se hospeda».  Así las cosas, y una vez que todos los medios habían dado por seguro que la presidenta trabajaría desde su casa, una entrevista publicada por ABC el 18 de marzo dio ya cuenta de que Ayuso se había alojado en un aparthotel. Por qué se demoró dos días la difusión de ese dato es algo que tampoco se conoce.

UN HOTEL «VACÍO», «CERRADO AL PÚBLICO» Y AHORA TAMBIÉN CON «EXPATRIADOS»

Así que el domicilio de Ayuso pasó de ser su piso particular o lo que el conjunto de la población entiende si oye la locución «su vivienda» para pasar a ser una suite de lujo en un Room Mate del centro de Madrid a dos pasos de la Gran Vía y del Palacio Real. A tenor de lo expresado por ella misma este sábado, en ese «domicilio» había más ocupantes. Y he aquí que de nuevo hace acto de presencia otro interrogante por resolver. Porque el 13 de mayo, el dueño de la cadena hotelera, Kike Sarasola, afirmó en una entrevista para el programa Todo es mentira que el hotel estaba «vacío», con «cero ingresos» y que por tanto, le viene «como anillo al dedo» que le paguen 2.400 euros al mes.

El sueldo anual bruto de la presidenta de Madrid asciende a 103.000 euros, lo que dividido en 12 pagas equivale a 8.583 euros brutos por mes. El precio usual de la suite donde se aloja alcanza los 200 euros por día. Es decir, 6.000 al mes. Lo que desembolsará por su alojamiento «no es una ganga», sostiene Ayuso. Ni la Royal Suite Skyline contratada constituye tampoco un apartamento de lujo, añade.

La mañana siguiente a las declaraciones de Sarasola, Ayuso respaldó la versión de Sarasola al afirmar tajante en la Asamblea de Madrid que el hotel está en efecto «cerrado al público». Pero este sábado, y una vez que eldiario.es ya había informado de la presencia de otros inquilinos, la propia jefa del Gobierno regional ha borrado la imagen de un edificio de ocho plantas por el que ella misma transitaría en solitario: en el hotel «solo quedan personas expatriadas que no han podido volver a sus casas porque se cerraban las fronteras y por tanto no se hacen precios por día, se hacen precios por mes». La presidenta introdujo ese nuevo elemento de los «expatriados» durante una rueda de prensa y tras describir la polémica como «un intento de tapar una gestión desastrosa»:se refería a la del Gobierno central.

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