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Los científicos certifican que a más diesel, más incidencia de Coronavirus

Un trabajo de investigación de la Universidad de Harvard sugiere que respirar aire contaminado de micropartículas durante un tiempo prolongado «incrementa la vulnerabilidad a experimentar los síntomas más severos de la COVID-19», explican los autores. «Este estudio subraya la importancia de continuar haciendo efectivas las actuales regulaciones sobre contaminación durante esta crisis. No hacerlo podría, potencialmente, engrosar la tasa de muertes y hospitalizaciones», rematan.

Estas observaciones abundan en la relación entre medio ambiente, salud humana y la actual pandemia de COVID-19. Los confinamientos sucesivos para parar la enfermedad han traído como consecuencia una caída radical del tráfico y el transporte aéreo: el principal foco de polución que estas investigaciones asocian a más muertes por la pandemia.

Así, la contaminación se ha desplomado primero en China y luego en Italia y también en España. La polución en las principales ciudades españolas cayó a la mitad en marzo, según los datos de medición oficiales recopilados por Ecologistas en Acción, asociación que concluye que esto demuestra «que la reducción del tráfico motorizado y los cambios en las pautas de movilidad son la mejor herramienta para rebajar la contaminación», uno de los grades agresores de la salud pública. La OMS calcula que siete millones de personas mueren al año por la exposición a la polución.

Sin embargo, en China –que va augurando lo que ha de venir en otras partes del mundo respecto a la COVID-19–, a medida que vuelven las actividades, regresa la contaminación. La encargada de políticas de calidad del aire de la federación ecologista European Environmental Bureau, Margherita Tolotto, entiende que la realidad está demostrando que «respirar aire tóxico compromete nuestra salud y nos convierte en más vulnerables. Los gobiernos y la Comisión Europea deben prevenir que vuelva la dañina contaminación y desarrollar estrategias de salida de la crisis que eviten devolvernos a un futuro más sucio».

En Europa, la pandemia ha hecho ganar protagonismo a una incipiente nueva concepción del transporte urbano: en Francia, Gran Bretaña, Alemania o Bélgica se ha incentivado el uso de la bicicleta como medio para moverse y evitar contagios. Incluso Madrid, que había suspendido el sistema de alquiler público de bicicletas Bicimad, lo ha reinstaurado para este miércoles.

Pero, en un paso más allá, la ciudad italiana de Milán ha anunciado este martes que planea convertir en zonas ciclistas y peatonales 35 km2 de la capital lombarda. Un nuevo esquema en respuesta a la pandemia de COVID-19: poder evitar transportes aglomerados, pero que no empeoren la calidad del aire. «Por supuesto que queremos reabrir la economía, pero creemos que debemos hacerlo sobre una base diferente a la anterior», ha justificado el Ayuntamiento milanés.

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