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Los animales salvajes recuperan sus espacios en tiempos de pandemia

Todo parece indicar que el coronavirus, esta terrible pandemia, trae consigo lecciones que la humanidad parece haber olvidado en medio de la vorágine de la modernidad y de su visión antropocéntrica del mundo, que instrumentalizó la relación entre el hombre y todas las demás especies, y es esta relación de poder, de opresión, la muestra más palpable de que estamos cometiendo un error estructural, que quizás, tarde o temprano, paguemos a un alto precio.

Han pasado pocos días de las medidas de aislamiento que muchos gobiernos han tomado a fin de frenar el altísimo ritmo de expansión del virus Covid-19, son pocas las semanas que han transcurrido en el silencio de las calles y en ese merecido respiro que el medioambiente reclamaba desde hace décadas.

Poco tiempo para la recuperación de la naturaleza, podría pensarse. Sin embargo, imágenes desde el satélite de la NASA muestran una disminución significativa de la polución en China, uno de los grandes contaminantes del mundo. En sólo diez días logró reducir un 25% las emisiones de carbono, regalando al planeta un aire más limpio, lo mismo ocurrió en Italia y algunas ciudades de España, como Madrid contaron con el aire más limpio en una década. «Esta es la primera vez que veo una caída tan dramática en un área tan amplia como consecuencia de un evento específico», expresó Fei Liu, investigadora de calidad del aire en el Goddard Space Flight Center de la NASA

En los últimos días, por las redes sociales han circulado conmovedoras imágenes de los animales salvajes tomando calles y grandes avenidas en las desoladas ciudades, como quien regresa al territorio donde nunca pudo volver, hermosos pavos reales de “pavonean” por las calles de Madrid, cabras corren alrededor de las calles históricas de Albacete, los robustos jabalíes, en manada, se dejan ver por la transitada Diagonal de Barcelona, la monumental Fontana de Trevi hoy es visitada no por turistas ávidos de fotos y recuerdos, sino por patos salvajes que la disfrutan en tanto lo que verdaderamente es: una fuente.

En la tradicional Japón, los ciervos de Nara pasean curiosos, en el suelo de un planeta que también les pertenece. A los canales de Venecia, ya cristalinos como no se les veía en años gracias a que se detuvo el tráfico de barcos, han regresado los elegantes cisnes, y los delfines juguetones, para recordarnos esa otra belleza que millones parecen pasar por alto en medio de las exigencias de estos tiempos rápidos de producción y consumo, de ostentación a toda costa, de vacuidad.

Quizás los animales salvajes nos estén agradeciendo con este gesto el haber detenido por unos días el acelerado ritmo del mundo actual, la naturaleza, intenta abrirse paso en un planeta del que no somos dueños, sólo cohabitantes. No lo olvidemos.

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