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Lo que dice Francisco va a misa ¿o no?

Autor:La Casa de mi tía

Yo no soy católico y me da igual que lo haya dicho el Papa, obispo de Roma o el Rabino Mayor, el Obispo de Canterbury, el Patriarca de Moscú o el de Atenas, el Imán de Al-Azhar o el Dalai Lama. Esto no es una cuestión de jerarquías ni dignidades, ni de confesiones, sino de decir la verdad. Y de reconocerlo a quién la dice.

Y Francisco, el jesuita Bergoglio, en su encíclica Fratelli Tutti, ha dicho verdades grandes, como grande ha sido el silencio que ha acompañado la aparición de la carta papal. Porque la verdad irrita. Y poca gente, católicos, cristianos, judíos, musulmanes o budistas, de los gobiernos y de las grandes empresas, que viene a ser lo mismo, le prestarán la más mínima atención a quien reconocen como uno de los líderes espirituales  del planeta. Pero que le agradecerían que no dijera estas cosas. Y, desde luego, que no asumen toda la razón que tiene. Tanta gente que alardea de su religiosidad, que besan el crucifijo, pero que incumple con todo descaro el mandato de su Iglesia.

Bergoglio, Francisco, ha predicado, otra vez, el mismo mensaje de justicia social que siempre predicó -generalmente con escasa coherencia- la Iglesia. Fraternidad entre todas las personas, incluyendo migrantes («acoger, proteger, promover e integrar»), responsabilidad social de la propiedad, porque «Dios ha dado la Tierra a todo el género humano», respeto a las identidades individuales y colectivas y al «sabor local» «reconocer al otro el derecho de ser él mismo y de ser diferente». declarar «la injusticia de la guerra y de la pena de muerte»

Cosas que a algunos de estos jueces que siguen administrando la justicia en nombre del rey heredero de Franco, les deben dar ganas de empapelar al Pontífice. Porque ojo, que Francisco, el jesuita Bergoglio, ha dicho nada menos que esto: Y copio textualmente

Reproponer la función social de la propiedad

118. El mundo existe para todos, porque todos los seres humanos nacemos en esta tierra con la misma dignidad. Las diferencias de color, religión, capacidades, lugar de nacimiento, lugar de residencia y tantas otras no pueden anteponerse o utilizarse para justificar los privilegios de unos sobre los derechos de todos. Por consiguiente, como comunidad estamos conminados a garantizar que cada persona viva con dignidad y tenga oportunidades adecuadas a su desarrollo integral.

119. En los primeros siglos de la fe cristiana, varios sabios desarrollaron un sentido universal en su reflexión sobre el destino común de los bienes creados[91]. Esto llevaba a pensar que si alguien no tiene lo suficiente para vivir con dignidad se debe a que otro se lo está quedando. Lo resume san Juan Crisóstomo al decir que «no compartir con los pobres los propios bienes es robarles y quitarles la vida. No son nuestros los bienes que tenemos, sino suyos»[92]; o también en palabras de san Gregorio Magno: «Cuando damos a los pobres las cosas indispensables no les damos nuestras cosas, sino que les devolvemos lo que es suyo»[93].

120. Vuelvo a hacer mías y a proponer a todos unas palabras de san Juan Pablo II cuya contundencia quizás no ha sido advertida: «Dios ha dado la tierra a todo el género humano para que ella sustente a todos sus habitantes, sin excluir a nadie ni privilegiar a ninguno»[94]. En esta línea recuerdo que «la tradición cristiana nunca reconoció como absoluto o intocable el derecho a la propiedad privada y subrayó la función social de cualquier forma de propiedad privada».[95] El principio del uso común de los bienes creados para todos es el «primer principio de todo el ordenamiento ético-social»[96], es un derecho natural, originario y prioritario[97]. Todos los demás derechos sobre los bienes necesarios para la realización integral de las personas, incluidos el de la propiedad privada y cualquier otro, «no deben estorbar, antes al contrario, facilitar su realización», como afirmaba san Pablo VI[98]. El derecho a la propiedad privada sólo puede ser considerado como un derecho natural secundario y derivado del principio del destino universal de los bienes creados, y esto tiene consecuencias muy concretas que deben reflejarse en el funcionamiento de la sociedad. Pero sucede con frecuencia que los derechos secundarios se sobreponen a los prioritarios y originarios, dejándolos sin relevancia práctica.

Y ha seguido el Obispo de Roma, Papa, el líder de la grey católica predicando la fraternidad, la solidaridad con la gente migrante.

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