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Las mujeres se abren hueco en el altar

El Papa Juan Francisco ha comunicado que las mujeres podrán ejercer un acto ministerial en la Iglesia y, ejercer desde el altar apoyando así al sacerdote. Es un minúsculo paso en comparación a las reivindicaciones de millones de mujeres en todo el mundo.

De momento este pequeño avance permitirá que las mujeres puedan leer en la misa, cuidar del servicio del altar, ayudar al sacerdote en la celebración de la misa, distribuir la comunión, exponer el Sacramento o instruir a los fieles que llevan el Misal, la cruz o los cirios.

Por ello, en la Carta Apostólica Spiritus Domini, Francisco modifica el canon 230.1 del Código de Derecho Canónico, a partir de ahora dirá: «Los laicos que tengan la edad y los dones determinados por decreto de la Conferencia Episcopal podrán ser empleados permanentemente, mediante el rito litúrgico establecido, en los ministerios de lectores y acólitos; sin embargo, tal otorgamiento no les da derecho al sustento ni a la remuneración de la Iglesia».

En su carta, el Papa recuerda cómo algunos carismas, «llamados ministerios porque son reconocidos públicamente e instituidos por la Iglesia, se ponen a disposición de la comunidad y su misión de forma estable». Se refiere a ritos litúrgicos no sacramentales, que estaban vetados a las mujeres no consagradas.

Ahora, «algunas asambleas del Sínodo de Obispos han señalado la necesidad de profundizar en el tema doctrinalmente, para que responda a la naturaleza de los carismas mencionados y a las exigencias de los tiempos, ofreciendo un apoyo apropiado al papel de la evangelización que pertenece a la comunidad eclesial», explica Bergoglio, admitiendo que es una petición del Sínodo de la Amazonía, donde exponen que «es urgente que los ministerios sean promovidos y conferidos a hombres y mujeres”.

«Por estos motivos, he considerado oportuno establecer que se pueden instituir como lectores o acólitos no sólo hombres sino también mujeres» comenta el Papa, añadiendo que «la decisión de conferir estos cargos, que implican estabilidad, reconocimiento público y un mandato del obispo, también a las mujeres, hace que la participación de todos en la labor de evangelización sea más eficaz en la Iglesia». Aunque todavía quede mucho para la plena igualdad es un paso pequeño en un largo camino que queda por recorrer.

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