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Las identificaciones por perfil racial son la principal puerta de entrada a la violencia policial

Autor: S.O.S Racismo.

  • Un joven registra como un grupo de Mossos lo maltratan física y verbalmente. Un jove enregistra com un grup de Mossos d’Esquadra el maltracten físicament i verbalment.
  • Los Mossos han rechazado en más de una ocasión la propuesta de poner en marcha formularios de identificación y registro. El cos de Mossos d’Esquadra ha rebutjat en més d’una ocasió la proposta d’implementar formularis d’identificació i registre.

El jefe de los Mossos, Eduard Sallent y Peña, ha admitido en el programa matutino de TV3 que existe un «sesgo étnico» en el campo de las identificaciones policiales que «hay que trabajar para corregirlo» a base de formación y concienciación. Afirmó que «es una cuestión transversal a todas las policías y que tiene que ver con los procesos migratorios y con la construcción de las sociedades diversas». Entender y normalizar el racismo policial y su violencia como algo natural consecuencia de procesos migratorios y sociedades «diversas» es reducir el racismo en una cuestión moral. La exclusión social y la discriminación la produce el Estado y sus instituciones sobre la base de una jerarquización racial.

Desde la campaña Pareu de parar-me, impulsada por SOS Racisme Catalunya, se ha denunciado que la perfilación racial es el elemento más básico del racismo institucional y sirve de puerta de entrada a la mayoría de abusos policiales. Por ello, la campaña ha facilitado un listado de propuestas muy claras dirigidas a los cuerpos policiales para poner fin a las identificaciones por perfil racial. Entre ellas está la incorporación de un formulario de identificación y registro que obligaría a los agentes a argumentar siempre el motivo de una identificación y permitiría elaborar estadísticas para conocer la dimensión de la discriminación y la tasa de eficacia de la labor policial. Hasta el momento, esta propuesta ha sido rechazada por todos los cuerpos policiales de Cataluña. Sin embargo, se implementa desde hace años en diferentes municipios del estado español, como por ejemplo Fuenlabrada.

Más allá de la formación y concienciación que se pueda ofrecer a los agentes de policía de nuestro país, urge poner fin a la impunidad policial, activando mecanismos de control y evaluación interna que permitan prevenir y luchar contra casos como el siguiente:


Relato de un caso de violencia policial racista y de la lucha por su condena

El caso que se explica a continuación no es únicamente consecuencia de la ideología racista de un grupo de agentes del cuerpo de Mossos, sino que viene determinado por el contexto de falta de mecanismos de control, impunidad, racismo y corporativismo policial en el que los agentes trabajan.

La tarde del 10 de enero de 2019, en una pequeña localidad del Bages, Wubi, un joven de 20 años, se disponía a salir de casa, cuando en el edificio donde vive se estaba realizando una intervención policial por desahucio. Al llegar al parking de su edificio, un grupo de agentes de los Mossos entraron y le pidieron la documentación. Mientras la identificaban, uno de los agentes le preguntó con tono burlesco si era el jardinero del edificio y, acto seguido, comenzaron a tirarle bolsas de basura, a empujarlo, escupirlo y propinarle golpes en la cabeza mientras proferían insultos racistas. Consiguió huir. En su huida, un agente disparó un arma sin tocarlo. Al cabo de un rato llamó a sus vecinos para avisarles de lo que le acababa de pasar. Uno de ellos le dijo que en ese momento los Mossos les estaban registrando. Rápidamente, uno de los agentes se puso al teléfono y amenazarle con ponerle una «orden de busca y captura» si no volvía. En Wubi decidió volver al edificio para no tener problemas, pero puso en marcha la grabadora del móvil. Una vez allí los agentes acusarle de haber pegado un policía y llevarlo hacia el parking, donde nadie podía verlos. El tiraron al suelo, lo golpearon con las botas en las costillas, el escupieron y humillaron con insultos y amenazas racistas como:

“Tú eres un mono”,“Otro día que toques a uno de los míos, te hundo la cara aquí, ¿vale?”, “Mírame a la cara, mírame a los ojos. ¿Tú has visto alguna vez al demonio tan cerca? Esto es lo más cerca que vas a ver al demonio”, “¡Hijo de puta!” “Me cago en tu puta madre”, “Kunta”, “He fallado, eh? Si no te reventaba las costillas”, “¿Has escuchado la bala cuando he disparado? ¡Te estoy hablando!”, “Negro de mierda. Hijo de la gran puta”, “negraco de mierda, ¡racista es poco!”, “Sí. Somos ordenados. Correcto”, “Mírame, racistas no, lo siguiente”, “La próxima vez que veas a la policía, corre. Pero intenta irte muy lejos. Vete más lejos de África, ¿sí? ¿Estás de acuerdo?”, “Kunta”, “Aquí de merda ja en tenim prou, només falta que ens mengem la de fora”, “¿Qué pasa? ¿que no te ha quedado la cara bastante clarita todavía?”

Después lo trasladaron a comisaría, donde estuvo detenido sin recibir ningún tipo de atención médica. Horas más tarde, de madrugada, otro grupo de agentes lo trasladó al Centro Hospitalario San Juan de Dios de Manresa, donde le hicieron radiografías y pruebas en presencia de los agentes. Posteriormente le entregaron el informe de las lesiones sufridas.

A raíz de esta actuación, los Mossos lo pusieron a disposición judicial en calidad de denunciado por un delito contra la salud pública, instruido en el Juzgado número 5 de Manresa, un procedimiento que ha sido archivado.

Wubi y su familia denunciaron los hechos por la vía penal y se pusieron en contacto con los Mossos para pedir explicaciones de lo sucedido. Los Mossos accedieron a reunirse y la familia de en Wubi pidió a Marilda Sueiras, abogada y técnica del Servicio de Atención y Denuncia (SAID) de SOS Racisme, que los acompañara en esta reunión, donde se personó José Codina, Jefe de la Comisaría General de Relaciones Institucionales, Prevención y Mediación.

Según relata Marilda Sueiras: «El comisario Josep Codina se limitó a escuchar y aseguró que desde los Mossos no se podía emprender ninguna actuación contra los agentes mientras el procedimiento penal estuviera en curso. A estas alturas, el caso se encuentra en fase de instrucción y los agentes siguen trabajando en el cuerpo y haciendo vida normal a la espera de juicio «.

Sin embargo, Wubi asegura que esa experiencia le ha quedado marcada, con unas consecuencias psicológicas evidentes: «A pesar de que he pasado por muchas situaciones como estas, ese día se me ha quedado marcado y a veces me cuesta mucho narrarlo. Aunque es algo que poco a poco voy superando, es algo que siempre va a estar allí en el recuerdo «.

Desde 1999, el Said ha recogido 571 casos de racismo policial. En 20 años, sólo se han condenado 4 policías por la vía penal y en ningún caso se ha reconocido el racismo. Esperamos que este caso, con una prueba tan evidente como es la grabación de los hechos, no caiga en el saco de la impunidad y se logre condenar los perpetradores y cómplices del abuso policial, tanto a nivel judicial como a nivel policial.

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