fbpx

Las dos funciones de la nueva valla de Melilla: blindar la ciudad y las oportunidades de quienes sueñan con poder atravesarla

El Gobierno de España ha terminado de instalar uno de los tramos más altos de la nueva valla de Melilla. La estructura, que separa una realidad de otra, está formada por barrotes y placas metálicas de más de diez metros de altura coronados por un cilindro que hace que trepar resulte imposible. Según fuentes del Ministerio del Interior, la estructura se extiende a lo largo de casi 100 metros en la zona comprendida entre la frontera de Beni Enzar y el Dique Sur, considerados puntos de «mayor vulnerabilidad».

¿El objetivo? Cumplir la promesa del Gobierno de disponer de una valla más «segura» pero menos «cruel» para quienes tratan de atravesarla. Dando forma a semejante contradicción, se ha sustituido el alambre de cuchillas por un cilindro antitrepado. Pero el objetivo es el mismo: romper con la libre circulación de personas y mantener «encerradas» a personas que huyen de realidades complejas.

Se prevé que esta obra que busca «retener humanamente», y que cuenta con un presupuesto de casi 18 millones de euros, esté acabada antes de final de año. Los eurodiputados de Izquierda Unida Sira Rego y Manuel Pineda han visitado ayer uno de los tramos de seis metros de altura durante una visita a Melilla: “Hablamos de una nueva valla que blinda todavía más Melilla porque es más alta. Las personas migrantes dejaran de rasgarse y mutilarse al saltar, pero corren el peligro de caer al suelo desde una altura de 10 metros”, ha declarado Rego. «Cualquier persona que tenga un mínimo de sensibilidad solo puede sentir conmocionado al ver la valla», ha añadido. 

Estas modificaciones forman parte de la primera de las promesas de Grande-Marlaska al frente de Interior, habiendo asegurado en 2018 que las cuchillas serían sustituidas por «otro tipo de elementos no lesivos». Entendiendo que se huye de un daño físico o anatómico, la valla y la frontera que representa sigue siendo fuente de dolor, sufrimiento y frustración para quienes ven mermadas sus ansias de tener mejores condiciones de vida. Quizá debemos plantearnos hasta qué punto se puede (y debe) «retener humanamente».

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Si continuas utilizando este sitio aceptas el uso de cookies. más información

Los ajustes de cookies de esta web están configurados para "permitir cookies" y así ofrecerte la mejor experiencia de navegación posible. Si sigues utilizando esta web sin cambiar tus ajustes de cookies o haces clic en "Aceptar" estarás dando tu consentimiento a esto.

Cerrar