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Una valoración del Plan Nacional Integrado de Energía y Clima

Autor: FEDEA

Algunos de los objetivos del Plan pueden ser difíciles de cumplir, especialmente en relación con el sector del transporte.

Los Planes Nacionales Integrados de Energía y Clima (PNIECs) son el instrumento básico en el que se recogen los objetivos de los estados miembros de la UE en materia de descarbonización y las medidas con las que se pretende cumplirlos. FEDEA publica hoy un trabajo de Diego Rodríguez (UCM y FEDEA) en el que se analiza y valora el borrador actualizado del PNIEC español para el periodo 2021-2030, publicado a finales del pasado mes de enero.

El PNIEC español plantea objetivos ambiciosos en materia de reducción de emisiones, aumento del peso de las energías renovables en el mix de generación eléctrica y ahorros de energía, que en algunos casos son significativamente más exigentes que los fijados para el conjunto de la UE.

El autor valora positivamente la ambición del plan pero observa que algunos objetivos pueden ser difíciles de cumplir. En su opinión, las principales dificultades no provendrán del cambio perseguido en el mix de generación eléctrico, aún siendo este muy exigente, sino del improbable cumplimiento de algunas previsiones clave del Plan sobre la evolución del sector del transporte que tienen que ver con la intensidad del cambio modal, desde el transporte privado hacia el público y con el ritmo de electrificación del parque de vehículos.

En el trabajo se analizan con detalle los cambios previstos en la estructura del parque de generación eléctrica, así como las inversiones asociadas y las medidas que se prevé tomar en este área. En relación con la garantía de suministro, el autor profundiza en algunos aspectos del análisis realizado en el Plan, donde se concluye que el cierre de cuatro grupos nucleares de aquí a 2030 no comprometería la capacidad del sistema eléctrico para cubrir la demanda, incluso en condiciones extremas. En particular, señala que esta conclusión depende crucialmente del cumplimiento de algunas hipótesis optimistas del Plan, entre ellas la disponibilidad de apoyo de países vecinos a través de un sistema reforzado de interconexiones que todavía está en proyecto y podría no materializarse, al menos en el plazo previsto. También en relación con el sector eléctrico, en el plan se prevé estimular la entrada de renovables mediante el uso de subastas, para las que se fijaría un cupo cerrado y un diseño rígido. El autor cuestiona la necesidad de tales subastas en las condiciones actuales, con precios de mercado claramente superiores a los costes medios de las principales fuentes de energía renovable, que están actualmente entre las más eficientes, y sostiene que el diseño previsto podría tener efectos colaterales indeseados, desincentivando  la entrada en condiciones de mercado. Como alternativa, sostiene que los esfuerzos en este área deberían concentrarse en definir con claridad las nomas de acceso y conexión a la red para evitar un posible cuello de botella regulatorio ante el enorme volumen de solicitudes de permisos de acceso y conexión para nuevas instalaciones de generación renovable que se están recibiendo en la actualidad.

En relación con el transporte, el trabajo cuestiona el realismo de las previsiones del Plan sobre la intensidad del cambio modal tanto en el transporte de personas como de mercancías, así como sobre la evolución del parque de vehículos eléctricos. El PNIEC prevé reducciones muy acusadas del uso del transporte individual en beneficio del transporte público y un cambio significativo hacia el ferrocarril en lo que respecta al transporte de mercancías. Ambos objetivos serían muy deseables en términos de descarbonización pero parecen difíciles de alcanzar. En cuanto a la senda de electrificación, el objetivo de crecimiento del parque de vehículos ligeros (turismos, motocicletas y furgonetas) de aquí a 2030  también parece difícilmente alcanzable dado el punto de partida y el diferencial de costes que todavía existe a favor de los vehículos convencionales. En cualquier caso, para estimular la adopción de estos vehículos, se argumenta que deben priorizarse las políticas de oferta y de desarrollo de puntos de recarga sobre las subvenciones a la adquisición de vehículos.

Reconociendo la complejidad del objetivo de descarbonización, y dada la multiplicidad de agentes implicados y de actuaciones necesarias, el trabajo enfatiza la necesidad de priorizar las medidas previstas, especialmente cuando utilizan recursos públicos y cuando existen diversas alternativas para alcanzar un mismo fin. El esquema de gobernanza del proceso de transición energética en la UE, que prevé mecanismos de seguimiento y evaluación del PNIEC, debería facilitar esta tarea y la adopción de los cambios necesarios para culminar con éxito la estrategia de descarbonización. Por último, el PNIEC sigue sin desarrollar mínimamente las líneas de una reforma fiscal medioambiental, pese al elevado consenso existente acerca de su necesidad para internalizar los costes sociales de las distintas fuentes de energía, generando así incentivos correctos para los agentes económicos.

Documento completo, véase:Rodríguez, D. (2020). “Una valoración del Plan Nacional Integrado de Energía y Clima.” FEDEA, Estudios sobre la Economía Española no. 2020-09, Madrid.

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