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La protección de los niños rohingya es prioritaria tras detectarse los primeros casos de la COVID-19 en el campamento de refugiados más grande del mundo

MADRID / COX’S BAZAR, BANGLADESH (18 DE MAYO DE 2020) – Los niños rohingya se enfrentan a un riesgo mayor de sufrir violencia física, sexual y emocional a medida que se endurecen las medidas de aislamiento de la cuarentena después de confirmarse, el pasado fin de semana, los primeros casos de la COVID-19 en el campo de refugiados más grande y densamente poblado del mundo. 

Los niños representan más de la mitad de los 859.000 refugiados que subsisten en Cox’s Bazar, al sur de Bangladesh y se encuentran entre los 85 millones de niños más vulnerables por la crisis COVID-19. 

«El conocimiento es poder cuando se trata de COVID-19, y es positivo que los refugiados rohingya estén siendo informados de todo para que se puedan prevenir más casos», dice Rachel Wolff, Directora de Respuesta Humanitaria de World Vision en Cox’s Bazar. «Sin embargo, el brote implica para los niños un mayor riesgo de sufrir violencia física, sexual y emocional ya que están fuera de clase y confinados en sus hogares superpoblados. Ese es un escenario potencialmente peligroso que los hace extremadamente vulnerables».

Desde que comenzó el confinamiento en el país, el 26 de marzo, las medidas de prevención gubernamentales de la COVID-19 han obligado a World Vision y otras agencias a reducir sus actividades en los campamentos solamente a los «servicios críticos» básicos. Los trabajadores se limitan a brindar asistencia alimentaria, servicios de salud y nutrición, y agua y saneamiento. 

Con el personal reducido en los campamentos, y centros de aprendizaje cerrados, Wolff dice que le preocupa que los niños tengan menos lugares seguros y adultos confiables a los que poder recurrir para pedir ayuda. «Hemos aprendido de crisis pasadas, como la pandemia del ébola, que los niños en cualquier tipo de emergencia corren mayor riesgo de abuso y explotación, especialmente cuando no tienen la protección de los centros escolares. Los niños en los campamentos nos dicen que anhelan regresar a nuestros centros de aprendizaje, pero nos vimos obligados a cerrarlos hace meses, y ahora las restricciones de cierre pueden ser aún más estrictas».

Rachel Wolff, trabajadora humanitaria, eligió permanecer en terreno después de que muchos expatriados fueran evacuados de Cox’s Bazar, donde dirige un equipo de 300 empleados de campo. «Como madre, me preocupa cómo las consecuencias de la COVID-19 están afectando a los niños rohingya», dice. «Me temo que veremos más matrimonio infantil y trabajo infantil en los próximos meses a medida que aumente la pobreza en los campamentos, y los padres recurran a medidas de supervivencia negativas solo para alimentar adecuadamente a sus familias».

En los campamentos, World Vision está ayudando a las familias rohingya a protegerse contra el virus. Recientemente se instalaron 3.750 estaciones de lavado de manos adicionales y se distribuyó jabón a 17.700 familias más. Los equipos de de la ONG difunden, diariamente, medidas de prevención de higiene con padres y líderes de campamentos. En asociación con el Programa Mundial de Alimentos (PMA), la agencia proporciona raciones de alimentos a 96.000 hogares mensualmente.

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