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La Glocalización: la salida a la crisis del COVID

Glocalización es un término que nace de la mezcla entre globalización y localización y que se desarrolló inicialmente en la década de 1980 dentro de las prácticas comerciales de Japón. El concepto procede del término japonés «dochakuka» (derivada de dochaku, “el que vive en su propia tierra”). Aunque muchas referencias sitúan a Ulrich Beck como el creador del término y su difusor, el primer autor que saca a la luz explícitamente esta idea es Roland Robertson

En términos económicos se refiere a la persona, grupo, división, unidad, organización o comunidad que está dispuesta y es capaz de «pensar globalmente y actuar localmente». El concepto implica que la empresa se adapte a las peculiaridades de cada entorno, diferenciando sus producciones en función de las demandas locales.

La Glocalización es lo que podría llegar después de la Globalización. La capacidad de Intenet de crear un mercado y unas relaciones humanas, económicas, comerciales, culturales de carácter planetario. Esto ha ayudado a mejorar la productividad y la generación de riqueza, pero también ha supuesto problemas de desequilibrios medioambientales, dañando a nuestro entorno natural de forma significativa. También es responsable del deterioro de las relaciones laborales de amplias poblaciones de Asia, América Latina y Africa, condenando a muchas regiones de esos continentes a seguir en la pobreza y la marginación.

No se trata de abandonar lo bueno de la Globalización, se trata de superar los efectos perversos de la misma, a través de las herramientas que nos facilita las tecnologías que nos podrán permitir producir todo o casi todo lo que necesitamos en nuestro país, región, comarca, isla o archipiélago

Para ello debemos basarnos en nuevas estrategias productivas que están apareciendo de forma exitosa y que nos facilitan la obtención de energía, agua, productos agrícolas, industriales y materias primas desde nuestra zona, sin tener que soportar una dependencia exterior tan potencialmente peligrosa como la crisis del COVID nos ha mostrado.

Estas son esas herramientas

1.- La implantación de un sistema renovable 100% y que tienda a ser un modelo de producción descentralizada en la que los tejados de los edificios y viviendas sea capaz de producir la gran mayoría de nuestras necesidades energéticas.

2.- La producción ecológica de alimentos a través de la  la agricultura vertical y agricultura indoor que permita que cada comarca o región sea capaz de aumentar sus capacidades de soberanía alimentaria, siendo competitivos en precios con los que actualmente existen ya que con el aumento de la digitalización y sistemas automatizados los costes de estas explotaciones agrícolas bajarán. 

3.- El control humano y sostenible de la producción abundante de agua, a través de un sistema de generación de agua viable y rentable solo posible a partir de la desalación por fuentes renovables. 

4.- La extensión del sistema de la economía circular que evite en su inmensa mayoría la extracción de materias primas de la naturaleza y la implantación generalizada del reciclaje para que sea la fuente principal de las materias primas industriales.

5.- La conquista del modelo de la industria aditiva, es decir de la industria 4.0, a partir de las máquinas de impresión 3D que es más barato, rentable, rápido, local, ecológico y justo que el actual modelo industrial.

6.- La implementación de un sistema de movilidad 100% eléctrico tanto en vehículos, aviones, trenes y barcos, y que la fuente de esa electricidad sean energías renovables.

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