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¿La desigualdad social es positiva o es negativa?

Autor: Ángel Rivera Ruz

Las ONGs soñamos con una sociedad igualitaria, donde aceptamos la existencia de las desigualdades, pero que la dimensión de estas no sea más que fruto de una lógica de la diversidad humana, de esfuerzos diversos, de responsabilidades diversas, de ámbitos físicos diversos. Pero esas desigualdades no pueden suponer nunca el disparate al que nos ha llevado esta sociedad. La desigualdad no puede suponer el hambre, la falta de servicios sanitarios, educativos, habitacionales, de seguridad, etc. NI tampoco que ningún ser humano tenga tanta riqueza que no sea capaz de disfrutar en los años que tenga de vida. La desigualdad a escala humana es positiva, a escala capitalista es indecente. 

Las ONGs impulsamos otro sistema económico que nos traiga más justicia social. Las alternativas económicas presentes y existentes en la realidad diaria de las millones de personas que trabajan en distintas formas de economía colaborativa (Cada día más abundantes) de economía social o de economía solidaria se asoman como una alternativa al Sistema hegemónico, el capitalismo. Los actores que promueven estas alternativas son también minoritarios, son las organizaciones sociales alternativas, también lo son los gobiernos nacionales, regionales o locales con vocación transformadora, que demuestran que el ser humano, o al menos un importante porcentaje de la Humanidad toma la referencia de la solidaridad, la compasión, la ayuda mutua y no se referencia en la codicia.

Podría parecerlo, pero esa pretensión no es utópica. Hoy en Europa muchos millones de personas viven en la estabilidad económica, con sus necesidades básicas garantizadas, con unos servicios de ocio a su disposición, en paz y armonía con el resto de sus conciudadanos, con unos servicios de educación, sanidad, pensiones, atención a los que puedan caer en la enfermedad, discapacidad o dependencia, en el desempleo, etc que nos facilitan muchas pistas de la sociedad que queremos. 

Es la sociedad del bienestar, que logró sus mayores cotas en  el Norte del Viejo Continente. El Estado de Bienestar es la importación de la prácticas mutualistas que el movimiento obrero del siglo XIX y primera parte del XX se implementó para mejorar las condiciones de vida de los trabajadores. El pacto entre las clases dirigentes temerosas después de la II Guerra Mundial del contagio de la revolución rusa, con el movimiento obrero, puso las bases para la construcción de una sociedad que con todos los defectos que podamos encontrarles, representa muchas de las aspiraciones que pretendemos.

Pero esta realidad se circunscribe a Europa y quizás a algunos países más (Canada, Australia, Japón, Nueva Zelanda, etc). El modelo de igualdad económica de Europa debería de exportarse. Todos los seres humanos son merecedores de ese bienestar que no puede quedarse en unas pocas regiones del mundo. 

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