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Incomodarse por hablar con un hombre homosexual puede ser señal de serlo

La homofobia es un rechazo que puede llegar a ser desprecio y hasta odio contra un grupo de orientación e identidad sexual LGTBI (Lesbianas, Gays, Transgénero, Bisexuales e Intersexales). Es un “prejuicio sexual”,  que puede llegar a ser defendido hasta como una ideología, en el caso de la ideología ultraderechistas (fascismo, nazismo, Bolsonaro, Trump, Vox, etc)

Existen distintos grados de homofobia que irían desde la incomodidad de hablar y  estar con una persona homosexual, hasta extremos como odio, ira y repulsión, hacia estas personas. Un individuo homofóbico o con cierto prejuicio sexual variaría entre estos dos polos, y es natural que existan muchas personas dentro de este grupo, ya que la sociedad en que vivimos se promueve y avala este pensamiento, haciéndose muchas veces algo invisible para el común de las personas.

Existe un prejuicio sexual que inunda la sociedad al considerar erróneamente la homosexualidad como una desviación o enfermedad.  La psicología se ha pronunciado en este tema conviniendo hace décadas que esta condición no constituye ninguna patología, ni se relaciona con personas anormales, sino que se trata de una orientación sexual diferente, constituyendo la homosexualidad (y todas las tendencias LGTBI) en una minoría sexual aparente, pero no por eso menos respetable y merecedora de aceptación.

La homofobia en América Latina está muy arraigada, por desgracia. Esperamos que el grado de tolerancia que poco a poco ha ido conquistando Europa también llegue pronto a todos los países del Subconteniente.

Es necesario recordar que muchas personas con tendencias homosexuales, que por la presión social y religiosa no han logrado a aceptarse a sí mismas, encuentran en la homofobia una vía de escape al rechazo a sus tendencias sexuales. Es decir, el odio que tienen contra su tendencia, el miedo a ser rechazado por los demás, lo intentan resolver poniendo en marcha conductas homófobas contra las personas que se reconocen como tal o que visualmente tienen conductas y apariencia no conforme a su sexo de nacimiento, es decir los llamados “afeminados” o “machonas”.

No podemos afirmar que todos los que practican el rechazo al colectivo LGTBI tienen tendencias homosexuales o incluso bisexuales, porque no existen estudios que ratifiquen esta tesis, pero si es cierto que aunque la homosexualidad es una tendencia minoritaria, la bisexualidad podría no ser tan minoritaria como la represión social nos ha hecho creer.

Según los análisis de Kensey, la bisexualidad no es solo la orientación sexual de aquellos que tienen atracción por los dos sexos por igual, sino que abarca cualquier grado, eso supone que personas aparentemente heterosexuales, podrían en algunos momentos de la excitación sexual sentirse atraídos por prácticas sexuales con individuos de su mismo sexo. Para Kensey esta tendencia es bastante más mayoritaria de lo que se pretende hacernos creer, sin embargo, la represión social asociada a las prácticas sexuales con personas del mismo sexo, no han dejado aparecer esta tendencia en el grupo de heterosexuales que probablemente que podrían tener un grado de bisexualidad reprimido.

Por tanto, podría ser que la respuesta represora a las personas del colectivo de LGTBI que tan presente está en América Latina podría proceder de muchísimas que se podrían encuadrar en este mismo colectivo.

Por tanto, una de las armas para hacer desaparecer la homofobia como tendencia social es la petición a muchos homofobos que reflexionen, se miren al espejo y quizás puedan concluir que ese odio puede ser contra ellos mismos.   

Autor: Ángel Rivera, historiador

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