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Gabriel Boric y la oportunidad de renovar la izquierda

Autor: Open Democracy


Gabriel Boric ganó prominencia en Chile hace diez años como un estudiante de pelo desordenado que lideraba unas protestas juveniles que pedían educación pública gratuita. Este año resurgió, y se lanzó a la presidencia con una agenda clara, más protección social para los pobres, reformas en pensiones, educación y salud pública, e impuestos más altos para los ricos y las empresas.

El domingo 19 de diciembre Boric ganó la contienda presidencial, con la votación más alta en la historia de Chile, y tiene ante sí el reto de asumir la transformación más profunda que la sociedad chilena haya tenido en décadas.

Boric llega con el objetivo de superar el persistente legado neoliberal de Augusto Pinochet que permea la sociedad chilena desde hace décadas y la hace profundamente desigual. Además, su gobierno vivirá también un innovador proceso constituyente encargado de redactar una nueva carta magna que reemplazará a la aprobada durante la dictadura.

Gabriel Boric: un viaje desde el sur a la capital

Con 36 años recién cumplidos cuando asuma el cargo, Gabriel Boric será el presidente más joven de Chile. Comenzó a estudiar derecho, pero no terminó la carrera ya que se involucró intensamente en las protestas estudiantiles que estallaron en Chile hace diez años. Su involucración en el activismo político lo llevó a ser diputado en las elecciones de 2014, cuando en su primer día como congresista escandalizó al establishment chileno apareciendo sin corbata para subrayar su apuesta por una política más cercana al ciudadano.

Para muchos chilenos, el triunfo de Boric es la institucionalización del grito de las protestas que sacudió Chile en la última década, ya que representa una generación joven, lista para superar un pasado con demasiadas hipotecas, y que se ha volcado en las calles para pedir un país más justo, menos corrupto y con una perspectiva social.

Lo que esperan los votantes, sobre todo los jóvenes y las mujeres, es que Boric mantenga el rumbo de innovación política que significa el proceso de reescritura de la constitución, con su apuesta por la paridad, el pluralismo y la diversidad de identidades, incluyendo por primera vez en el diálogo político a los distintos pueblos indígenas. Su gran reto será, además, dejar atrás políticas profundamente injustas como la que creó un sistema de salud y educación para ricos y otro para pobres.

Durante la pandemia, Chile entró en una crisis económica y de empleo profunda. Según la Organización Internacional del Trabajo, OIT, hubo una baja en la ocupación del 20 por ciento y cerca de una de cada tres personas en edad de trabajar están desocupadas. Así mismo, más de un millón de trabajadores estaban registrados como ocupados ausentes y alrededor de 70 por ciento se acogieron a la suspensión de contratos. También decayó la ocupación formal e informal, caída que afectó principalmente a las mujeres. Este será un reto para Boric, quien deberá pactar con sindicatos y empresarios un plan sólido de recuperación para que los chilenos y, sobre todo, las chilenas puedan encontrar empleos estables de nuevo. Las perspectivas del FMI dicen que el país crecerá un 11% este año, pero que ese crecimiento se frenará hasta el 2,5% para 2022 en un escenario donde la inflación vive su mayor tasa en varias décadas.

Boric hereda un país profundamente desigual, donde más del 25 por ciento de la riqueza del país pertenece al 1 por ciento de la población, según Naciones Unidas, que ha basado su prosperidad económica en un modelo de baja regulación, baja imposición, estado social débil y fuertes incentivos al beneficio y al sector privado.

Boric es, sin duda, un hijo de la democracia chilena. Con tan solo cuatro años vio como Pinochet cedió el poder y nunca lo mencionó en su camino hacia la presidencia. Su campaña, sin embargo, es un rechazo a la dictadura y sus herencias. En primera instancia, porque el gobierno de Pinochet fue el artífice del modelo económico neoliberal y de la constitución que Boric y sus aliados han criticado constantemente. En segunda instancia, porque su rival en las elecciones, José Antonio Kast, representaba una apuesta de extrema derecha rayana devota del autoritarismo de Pinochet, y montó su campaña hablando favorablemente de la dictadura y proponiendo unas medidas de seguridad que recordaban los oscuros tiempos de la época militar.

Boric es un joven chileno de clase media alta de provincias. Viene de una familia de tres hijos de origen croata por parte de padre y descendientes de inmigrantes que llegaron a la Patagonia a finales de los ochenta, y catalán (de Badalona) por parte de madre. Tanto su padre como su abuelo trabajaron en la industria del petróleo en la provincia de Magallanes. En su juventud estuvo en una escuela inglesa privada y su familia, aunque no era muy política, se oponía a Pinochet.

Cuando estaba en el bachillerato, Boric quiso volverse parte de un grupo de izquierda, el Movimiento de Izquierda Revolucionaria, MIR. El MIR fue perseguido durante la dictadura así que, en su adolescencia, Boric contactó a uno de sus miembros por correo para entender cómo podía apoyar la revolución. Nunca le contestaron

Años después, al ser elegido congresista, Boric habló de su deseo de entender la política desde joven. Él venía de un ambiente protegido y su padre tenía perspectivas políticas de centro. Sin embargo, durante su juventud en Punta Arenas, Boric comenzó a leer libros de líderes revolucionarios de latinoamérica y de ahí nació su deseo de ser parte del MIR.

En 2004 Boric se mudó a Santiago, la capital de Chile, para estudiar derecho. Completó sus estudios en 2009, pero no pasó un pedazo del examen final. En ese momento entró al activismo estudiantil y pasó a ser una de las caras de las protestas sociales por lo que nunca tomó el examen de nuevo.

En 2011, cuando los manifestantes se tomaron las calles del país pidiendo una mejor educación pública, lanzó su candidatura como presidente de la federación de estudiantes de la Universidad de Chile y ganó. Tres años más tarde, en 2014, se convirtió en uno de los cuatro estudiantes parte de las protestas que entraron al Congreso de Chile.

Los retos de Boric

El nuevo presidente de Chile se enfrenta, sin duda, a retos enormes. El primero es lograr cumplir sus promesas de campaña y con las expectativas de sus seguidores. Lo anterior incluye cambiar de un sistema privado de pensiones hacia uno público, perdonar deuda estudiantil, incrementar la inversión en educación y salud pública y crear un sistema de cuidado que le quite la sobrecarga a las mujeres, que hacen el mayor trabajo como cuidadoras de niños, ancianos y otro tipo de parientes. También se compometió a restaurar territorios indígenas y a apoyar el acceso sin restricciones al aborto.

Otro gran reto será la economía y el desempleo que le deja la pandemia de la Covid-19, y deberá afrontarlo con un congreso dividido. Boric tendrá que tomar una decisión sobre si será un presidente moderado, cultivando los apoyos conseguidos al centro, o uno radical, cuidando a unas bases izquierdistas. Del equilibrio entre ambas fuerzas dependerá buena parte de la estabilidad de sus apoyos políticos, imprescindibles para sacar adelante reformas complejas como la de las pensiones, la educación, la salud o el aumento de los impuestos.

Finalmente, se enfrenta a un reto global que es convencer a los mercados de que Chile no no colapsará bajo políticas confiscatorias o colectivistas, como dicen algunos de sus críticos políticos, temerosos de su clara retórica izquierdista.

El día de su triunfo electoral, Boric citó en su discurso una frase de Salvador Allende, presidente socialista que el 11 de septiembre de 1973 fue sacado muerto de La Moneda por militares golpistas: «Se abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre y la mujer libre para construir una sociedad mejor», dijo. Era el colofón a una campaña que rescató la memoria del gobierno socialista de Allende, y que fue rompiendo lazos con los partidos tradicionales, que dirigieron la transición democrática de Chile desde 1990, y que de alguna manera perpetuaron la profunda desigualdad heredada de la dictadura, esa desigualdad profundamente injusta que trajo el fuerte descontento social que, expresado primero en las calles, se expresó ahora en las urnas, aupando a Boric al poder.

Boric buscará romper la amarras de la impronta neoliberal que impuso a Chile el gobierno militar y seguirá siendo, de corazón, el estudiante que luchó contra un Estado sin servicios públicos de calidad, familias endeudadas de por vida para pagar los estudios de sus hijos y un sistema de salud precario para quienes no tienen ingresos suficientes. Si sabe hacerlo sin generar fuertes anticuerpos entre los más poderosos, quienes deberán por fin pagar impuestos para financiar los servicios sociales, entonces quizás podría aportar por fin esa renovación política que unas izquierdas latinoamericanas envejecidas tanto necesitan para afianzar la llegada de una nueva marea rosa, esta vez realmente transformadora de unas sociedades que continúan siendo profundamente desiguales e injustas.

link: https://www.opendemocracy.net/es/gabriel-boric-y-la-oportunidad-de-renovar-la-izquierda/

Imagen extraída de: Open Democracy

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