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Estrategias feministas frente a las economías pandémicas

Autor: Economía Solidaria

Si el poder anuncia una “nueva normalidad” pos-pandemia, nosotras persistimos en la construcción de proyectos e iniciativas comunitarias que coloquen la vida digna en el centro y que sean los “nuevos pilares de transformación”.

En el escenario dispuesto por la pandemia global de la Covid-19 se han vuelto evidentes las contradicciones en el conflicto capital-vida. Mientras la atención de los poderes corporativos y sectores empresariales es que los mercados funcionen y se reactive la producción, nuestra preocupación sigue siendo – ahora más que nunca- la sostenibilidad de la vida. Frente a una triple crisis (sanitaria, económica y de cuidados) que se manifiesta a escala global, los impactos se hacen sentir con fuerza y de manera diferenciada en sectores de la población atravesados por desigualdades de clase, género, edad, raza y etnia.

Si el poder anuncia una “nueva normalidad” pos-pandemia, nosotras persistimos en la construcción de proyectos e iniciativas comunitarias que coloquen la vida digna en el centro y que sean los “nuevos pilares de transformación”. En este artículo recorremos estas y otras cuestiones: ¿cómo se articula la potencia de los feminismos en nuestras experiencias – de resistencia- más locales de economías transformadoras y ante el contexto actual?, ¿cómo se articulan las nuevas agendas en el contexto de pandemia?, ¿por que sería importante la convergencia entre los movimientos feministas, de justicia climática y ambiental, de economía social y solidaria, de agroecología-soberanía alimentaria y comunes para hacer frente a esta triple crisis? Las reflexiones que se enlazan en este texto surgen del trabajo colectivo que viene haciendo la Confluencia Feminista de Economías Transformadoras: construyendo agendas desde el confinamiento y la cuarentena en diferentes regiones del mundo y articulándose con otros movimientos que también forman parte del proceso del Foro Social Mundial de Economías Transformadoras, que tendrá lugar del 25 de junio al 1 julio de 2020.

La potencia de los feminismos en las experiencias locales frente a la Covid-19

En el escenario de la Covid-19, parte de nuestra labor fue mapear los desafíos que se presentan por regiones y cuáles son los caminos a ensayar en la pos-pandemia. También nos preguntamos por la caja de herramientas que fuimos construyendo. Esos aprendizajes y vivencias son los que en este momento multiplican la experanza, tal como lo expresa Analba Brazao Teixeira de SOS CORPO, al recrear las redes de solidaridad y de cuidados que nos sostienen, y que “son actos políticos y de mucha amorosidad”.

Retomando la reflexión sobre cómo la pandemia desafía a los feminismos, desde Uruguay, Anabel Rieiro docente de UDELAR, advierte que esto sucede en múltiples planos: “Radicalizando las violencias, utilizando el desdoblamiento del tiempo femenino para sostener cuidados y trabajo” haciendo que, en gran medida, “seamos nosotras las que sostienen y amortiguan los impactos de la crisis”. Sin embargo, estos desafíos no están desprovistos de herramientas porque los feminismos venían acumulando aceleradamente en la politización de los cuidados, así como en el reclamo por establecer nuevos contratos sociales solidarios entre las personas y con la naturaleza, es decir, sistemas basados en el sostenimiento de la vida. Considerando la diversidad y “el mosaico de posiciones existentes”, hoy la pandemia nos encuentra con una enorme batería de herramientas para tratar la violencia de género, tanto a escala institucional, de reglamentación y con redes de contención autónomas; “tocan a una, tocan a todas”, acciones y dispositivos que, si bien siguen siendo insuficientes, han instalado el tema a gritos, desromantizando el emblema “quédate en casa”. Habrá que ver cómo nos seguimos entramando para que una vez acabada la cuarentena “no volvamos a la normalidad, porque ésta era el problema”.

Gina Vargas, desde Perú, y como parte de la Articulación Feminista Marcosur sostiene que en este contexto “la potencia de los feminismos hoy se lee en clave transnacional” -a través de las activas protestas que se han venido sucediendo en diferentes ámbitos como el aborto legal o las violaciones- y “se expresa sin tregua contra los efectos de la pandemia que ha impactado la vida de la población mundial y ha puesto en cuestión, como nunca antes, la lógica y la impunidad capitalista, patriarcal y colonial, que ha producido esta pandemia y nos coloca en una encrucijada civilizatoria que abarca al sistema en su conjunto”.

En estas circunstancias, los feminismos se articulan en experiencias de transformación de la economía que hoy están aconteciendo en sus territorios e impulsando diálogos entre feminismos del Norte y Sur y del Este al Oeste. Queremos destacar algunas de ellas.

Bajo el lema #QuedateEnCasa, se han evidenciado las profundas desigualdades para quienes no pueden hacerlo, porque son personas trabajadoras esenciales que deben salir a trabajar o porque no tienen casa ni techo donde resguardarse.

Desde las organizaciones de mujeres y personas LGBTI+ en situación de calle de Argentina está la experiencia de No Tan Distintas, una organización donde se articulan los feminismos populares con el impulso a proyectos productivos en contextos económicos de crisis. Ante la pandemia sostienen una “red afectivo-política” que funciona entre compañerxs “estamos todo el tiempo comunicadxs, atendemos la situación de cada unx, nos cuidamos entre todxs”. Desde la organización, buscan los modos de que les llegue mercadería y medicación a quienes están en hosteles precarios. A quienes quedan en la calle, les proponen ir a su casa colectiva, se mantienen en comunicacion con las que están privadas de la libertad. Esta red, que “viene armándose y fortaleciéndose desde hace muchos años”, comparte así recursos y saberes: “no acompañamos, sino que nos acompañamos”.

Desde REAS Red de Redes se viene impulsando desde hace veinticinco años la Economía Solidaria como modelo teórico, conjunto de experiencias prácticas y movimiento social transformador, que ofrece alternativas al contexto actual en el que el sistema capitalista y heteropatriarcal es el marco de actuación. Ante este contexto de pandemia, desde la Red afirman que “la Economía Social y Solidaria responde mejor a las crisis porque está enraizada al territorio, apoyada en redes de solidaridad y se articula con otras iniciativas”; además, su capacidad de contagio es una de sus fortalezas para enredar a personas, territorios e iniciativas diversas (finanzas éticas, energías alternativas, comercio justo, iniciativas agroecológicas, cultura y ocio sostenibles, cooperativas de servicios, entidades de reutilización y reciclaje) para tejer espacios de transformación que pongan la vida en el centro como es el caso de los mercados sociales. En este trabajo de enredo también se ha querido articular con la economía feminista; esta articulación conjunta es un requisito y al mismo tiempo un desafío para fortalecer las prácticas de las organizaciones y entidades de la Economía Social y Solidaria.

Desde la experiencia del ‘Diploma de Operador Socioeducativo en ESS‘ de la CREES-UNQ, se construye un trayecto formativo de extensión universitaria que apunta a enriquecer el accionar de integrantes de organizaciones -en su mayoría mujeres-, buscando generar reflexión crítica sobre sus prácticas y la incorporación de herramientas para las actividades que desarrollan. Sus docentes comparten “la decisión política y pedagógica de trabajar desde la educación popular”. En el contexto de cuarentena que atraviesa Argentina, una de las docentes, Alberta Bottini, nos comentaba que “se trata de reforzar lo que veníamos desarrollando tanto en los ámbitos de docencia como en aquellos de promoción y desarrollo de iniciativas de economía social y solidaria y agricultura familiar. Cuidar y sostener en clave colectiva y solidaria, términos de acompañar el proceso educativo de les estudiantes, aunque de manera virtual, pero construyendo comunidad de aprendizaje que posibilite el diálogo, el intercambio y potencie los conocimientos en clave colectiva”. Esta tarea se hace al mismo tiempo que sostienen una red de comercialización y consumo -dinamizada en su mayoría por mujeres- llamada Mercado Territorial.

Desde Ecuador viene la experiencia del OCARU/IEE, surgida hace unos años al calor de las demandas campesinas y del movimiento indígena ecuatoriano. Su propósito es construir espacios de aprendizaje e intercambio de saberes, de investigación y discusión sobre el modelo de acumulación capitalista en el campo, dar cuenta de las luchas campesinas, el trabajo de cuidado de las mujeres rurales y las propuestas alternativas. En el contexto de crisis actual, se busca mostrar, problematizar y difundir las estrategias y reflexiones que las organizaciones campesinas e indígenas han desplegado. En países como Ecuador, de economías dependientes, rentistas y primario exportadoras donde el capitalismo se sostiene sobre la base de relaciones de servidumbre; la condición histórica del Estado en el mundo de la ruralidad y las economías de agricultura familiar ha sido de abandono y de sometimiento. En medio de la pandemia, este carácter solo se ha acentuado. Es el entramado organizativo, comunitario y familiar el que ha ensayado la soberanía de sus territorios para paliar la dura situación del campo y de las ciudades. Hasta el momento los entramados campesinos se han concentrado en la producción para la reproducción de la vida material y espiritual organizada en torno al valor de uso. Se han gestionado la entrega de alimentos sanos y medicina natural a los centros urbanos, para reforzar el sistema inmunológico; en segundo lugar en el fortalecimiento de las redes solidarias y comunitarias a cargo fundamentalmente de las mujeres, a través del trueque entre comunidades y huertos, facilitando el abastecimiento de alimentos variado de las familias; y en último lugar en la exigencia -que se suma al resto de voces del campo popular- para que el Gobierno no pague la deuda externa y destine esos recursos a la emergencia sanitaria y al sistema de salud públicas.

La cuestión de la vivienda desde los feminismosValeria Ormaechea, de la cooperativa de vivienda «Cirerers» de Barcelona-Catalunya, afirma que “en el contexto actual la lucha por la vivienda se torna, una vez más, plenamente feminista” . Habla del expolio y del extractivismo en nuestros territorios (urbanos y no urbanos), evidencia el orden de dominación patriarcal y el endeudamiento de las unidades de convivencia, pero también de la posibilidad de autodefensa, de politización y de vida comunitaria. El confinamiento generalizado y desigual nos obliga a repensar el espacio doméstico como lugar de reproducción, cuidados y despliegue de la violencia, pero ahora también, y parece que de aquí en adelante, como espacio de intensa producción. La casa, para quienes la tienen, es hoy vivienda-oficina-fabrica-escuela-refugio. Una situación que trastoca la noción de trabajo, de valor, de lo que entendemos por espacio habitable, y fundamentalmente nos constriñe a retomar la pregunta sobre cómo queremos vivir, con quienes y de qué forma.

En relación con la economía digital y el avance de la megaminería de datos en tiempos de pandemia, Flora Partenio, de DAWN, nos cuenta cómo han tejido articulaciones con organizaciones feministas del sur para mapear los múltiples impactos en las condiciones laborales de trabajadorxs de plataformas. Al calor de “recorridos junto a ciclistas feministas” en Buenos Aires y en Quito relevaron condiciones de repartidores que sostienen la cuarentena como parte de lxs trabajadorxs esenciales. “Allí recuperaramos la experiencia de mujeres que pasan eternas jornadas pedaleando para sumar un ingreso, mientras deben hacer malabares para garantizar los cuidados de sus hijes (sin escolaridad por la pandemia), permanecen excluidas de programas sociales y protección social”. Al tiempo que “mapeamos las experiencias de cooperativas en otras ciudades, buscamos visibilizar las estrategias de organización frente a las ganancias extraordinarias que se llevan las empresas de plataformas”. En este escenario, cabe la pregunta por “cómo es posible construir soberanía digital en articulación con experiencias de economías transformadoras que apuestan por otras formas de soberanía”.

Estas y otras experiencias forman parte de los diálogos que venimos compartiendo, de las herramientas que fuimos reuniendo a través de podcast, recursos audiovisuales, kit de lecturas, declaraciones y recurseros armados desde el confinamiento.

Construyendo una hoja de ruta desde la confluencia feminista, solidaria y de justicia económica

El proceso de confluencias que se está creando desde lo local y lo internacional en el marco del FSMET es una llamada a los movimientos y organizaciones que tienen como objetivo común la construcción de una alternativa real de transfomación del sistema económico y financiero capitalista actual. La elaboración de una agenda y una nueva hoja de ruta, en la que converjan los numerosos puntos de contacto y articulación, permitirían conectar la potencia de los feminismos con el resto de movimientos de las economías transformadoras.

Tamara Artacker, Belén Valencia y Alejandra Santillana, de OCARU/IEE, afirman que “en condiciones de crisis los problemas se aclaran como comunes, y común es su posibilidad de resolución y en donde se debe reivindicar el valor de lo que podemos compartir para resistir: saberes, trabajo, intercambios”.

Desde la Red Ecofeminista declaran que esta noción de confluencia hizo aparecer en escena el concepto de ecofeminismo que es “la respuesta y un pensamiento que sostiene que el patriarcado se caracteriza por una voluntad de dominio que hoy resulta ecológicamente suicida”.

Desde la Red Mujeres del Mundo, Natalia Resimont entiende “este período de crisis sanitaria y de confinamiento» como «la oportunidad de hacer audible y hacer visible las luchas lideradas por los movimientos feministas. Nadie puede negar la importancia o incluso la obligación de vizibilizar, valorar y integrar en los PIB de los países todo el trabajo de «cuidados» realizado en su gran mayoría por las mujeres. Ya no podemos negar que las demandas/luchas/transformaciones que surgen de los movimientos feministas, y particularmente de los movimientos de las economías feministas son las únicas voces si realmente queremos construir economías transformadoras que pongan la vida en el centro”.

Desde REAS Red de Redes reivindican este necesario diálogo y articulación entre la Economía Feminista y la Economía Solidaria: la búsqueda de herramientas, el cuestionamiento de las formas de trabajo, la participación y toma de decisiones son uno de los retos actuales para la construcción de organizaciones no patriarcales en donde se visibilice lo reproductivo y se ponga la vida en el centro. Porque la economía será solidaria si es feminista.

En esta misma línea, Adriana Maestro, de la Scuola per l’Economia Trasformativa, comparte la importancia de converger entre los diferentes movimientos transformadores ya que son formas de antagonismos diferentes y complementarios en oposición a la cultura de apropiación desarrollada por el sistema capitalista.

Desde No Tan Distintas consideran que a pesar de esta coyuntura difícil, se re-confirma “que este entramado nos sostiene”, no solo para resistir sino para crear, pensar-construir otras maneras de vivir. Una convergencia fuerte de los movimientos feministas, ecologistas, de las economías sociales y transformadoras, es la red de redes necesaria para lograrlo: una expresión coordinada eficazmente de nuestras luchas, fuerzas e ideas a nivel local, nacional, regional y mundial, que pueda impulsar el cambio.

En la misma línea, desde Catalunya, María Abril Álvarez, socióloga feminista, afirma que en el contexto de crisis actual, la articulación de las acciones provenientes de los diversos actores de la sociedad (Estado, organizaciones sociales, ONG…) serán la clave en tanto no existirán respuestas pandémicas universales que puedan ser aplicadas a todas las comunidades por igual. Es a través del trabajo en convergencia local, el diálogo colaborativo y la imaginación nutrida de la pluralidad de perspectivas en donde emergerán las propuestas y soluciones que serán útiles a cada comunidad en particular.

Desde la experiencia de OCARU/IEE Tamara, Belén y Ale afirman que la creación de confluencias es por tanto un requisito ineludible para tejer redes y alianzas que permitan hacer frente a la emergencia actual que llevan necesariamente a transformaciones en las organizaciones y en la organización de las prioridades de la vida. El momento de desconexión obligatoria en algunos ámbitos abre paso a nuevas re-conexiones, una de esas es el diálogo entre la economía feminista y la economía familiar campesina, que están recogiendo como OCARU/IEE. ¿Cómo ocurre la reproducción social y el cuidado en contextos de parálisis relacional? ¿Qué significados tienen las experiencias concretas que las organizaciones indígenas y campesinas han desplegado para transitar la crisis y emergencias sanitarias en tiempos de pandemia?

Algunos son los elementos que se muestran más visibles en este período: el intensificar el cuidado con cercanxs pero también con quienes no se conoce, la idea de que colocar la vida en el centro articula solidaridad, valor de uso, reproducción social ampliada, reforzamiento de la salud comunitaria y cuidado del entorno vivo; que el valor del trabajo reproductivo y feminizado sostiene la vida y facilita de manera más evidente las condiciones de dignidad, y por último, que la interdependencia demuestra que nuestra vida depende de lxs otrxs.

Estas y otras reflexiones se compartirán en el segundo diálogo virtual ‘Frente al desmonte de lo público y la vida amenazada: estrategias feministas’, el 24 de junio a las 16 horas CET, actividad previa al inicio del Foro Social Mundial Virtual de las Economías Transformadoras (25 jun-1 jul).

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