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Enrarecimiento de las relaciones entre España y Argelia debido al cambio de postura diplomática

Desde que el Estado Español, por boca de su presidente Pedro Sánchez, decidiera un cambio histórico de su postura frente al conflicto del Sáhara Occidental, rindiéndose a la postura marroquí sobre la soberanía de esta excolonia española, las tradicionalmente buenas relaciones con la República de Argelia no han dejado de empeorar. El hecho más simbólico fue que, la reconciliación con el Reino de Marruecos vino aparejada del regreso de su embajadora a Madrid, al mismo tiempo que era el embajador argelino el que abandonaba la capital de España.

Muchos analistas han considerado un error el cambio de postura diplomática, la razón principal, la tradicional falta de lealtad que han demostrado las autoridades marroquíes en épocas pasadas de distensión, lo que contrasta con unas relaciones que han resultado siempre sólidas y fiables con las autoridades argelinas.

Otra razón es el mal momento que se vive en la actualidad para comenzar a tener malas relaciones con Argelia; en una Europa que busca sancionar a una Rusia en guerra de la que, paradójicamente, depende en casi su totalidad para su consumo de gas, que España, de los pocos países europeos que no tienen este problema, enfade a su proveedor de gas habitual, no parece una línea política del todo inteligente.

A esto hay que sumarle el auge del tradicional conflicto diplomático entre Marruecos y Argelia, que ha llevado a este último país a cerrar la llave del gaseoducto que une Argelia con España a través de Marruecos y del que este último país se beneficiaba, sin que, a diferencia de España y otros países europeos, posea la alternativa de la desgasificación en sus puertos.

Sobre esto, otro asunto que ha añadido aún más leña al fuego ha sido el anuncio de España de que utilizará el gaseoducto que une Marruecos con España para enviarle gas a Marruecos, en una suerte de acción «de socorro» ante la situación que vive el país alauí tras el cierre del gaseoducto argelino, anuncio éste que ha sentado bastante mal en Argel, por lo que España se ha apresurado en matizar que el gas que se enviará no será argelino.

Una de las primeras consecuencias de la actual mala relación de España con Argelia es que este último país ha comunicado su intención de priorizar la conexión de sus gaseoductos con Europa por la vía de Italia, cuando hasta hace tan solo unos días el país preferente para esta inversión era España, donde además ya existía una infraestructura previa.

Otro conflicto del que apenas se habla en los medios de comunicación tradicionales, pero que está muy de actualidad para quien lo sufre es el de la Guerra del Sáhara, con un recrudecimiento de las hostilidades en los últimos tiempos. Marruecos ha bombardeado durante las últimas semanas varios asentamientos de la zona del Sáhara bajo control de la República Árabe Saharaui Democrática, provocando varias víctimas civiles y daños a infraestructuras no militares, lo que ha enfadado también a Argelia, máximo valedor del pueblo saharaui en la zona. En el bombardeo del pasado 10 de abril, fallecieron además una ciudadana y un ciudadano de la República Islámica de Mauritania, siendo las dos primeras víctimas de esta nacionalidad desde la reanudación de las hostilidades.

Pese a que Marruecos niega constantemente la situación de guerra, la realidad es que tanto Israel como Estados Unidos no dejan de prestarle el apoyo logístico y militar con el que se están perpetrando esta serie de acciones bélicas, contrarias a los derechos humanos, en territorio saharaui.

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