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Empresas solidarias y feministas frente a las violencias económicas

Autor: El portal de la economía solidaria

La existencia de diferentes tipos de violencias se puede ilustrar como una figura piramidal. En este modelo, la base la conforma el sistema patriarcal y va ascendiendo pasando por los modelos de socialización de género (que funcionan como transmisores del patriarcado) los mecanismos de control, a través de los cuales se ejerce el poder sobre las mujeres, los eventos desencadenantes de las violencias y finalmente  el último escalón, en el que se llevan a cabo diferentes tipos de violencia física, psicológica y sexual. Este esquema es similar a la figura del iceberg de los cuidados: la base que sostiene todas las violencias es el conjunto del sistema patriarcal, sin embargo, se suele visibilizar únicamente el último estadio de la violencia (física, psicológica y sexual).

En el caso de la violencia económica, estamos hablando de aquellos factores que perpetúan situaciones de desigualdad y se pueden producir tanto en el ámbito privado como en el público: desigualdad salarial, menor representación en los espacios de decisión, menores oportunidades de acceso al mercado laboral, pero también el uso del dinero como mecanismo de control y coacción hacia las mujeres.

Este tipo de violencia aunque está reconocida en el Pacto de Estado contra la Violencia de Género a través de la adhesión del estado español al Convenio de Estambul, sigue estando invisibilizada a nivel social. En este sentido, es necesario ampliar el foco a la hora de analizar la violencia de género y tener en cuenta a todos los agente y actores que producen, reproducen y tienen una responsabilidad en la prevención, sanción y erradicación de la violencia de género: hablamos de las instituciones públicas pero también de las empresas.

Modelos de empresa más feministas

El valor añadido de las empresas de economía solidaria es el marco desde donde desarrollan su estructura empresarial y su modelo de negocio,  basado en principios como la equidad, la cooperación y la sostenibilidad ambiental y en donde se reconoce la democracia interna, la equidad y el valor del trabajo más allá de lo productivo.

Sin embargo, las entidades que forman parte de la Economía Social y Solidaria (ESS) también están atravesadas por lógicas patriarcales, es en la vida diaria de las organizaciones en donde se materializa de forma más evidente las relaciones de desigualdad. Tras un proceso de reflexión en el que estas organizaciones han empezado a introducir la perspectiva feminista en sus estructuras y en la vida diaria de sus empresas, este modelo empresarial además de solidario también empieza a poder llamarse feminista.

Desde un análisis cuantitativo y gracias poder contar con herramientas de autoevaluación como es la Auditoría o Balance Social, en las empresas de la ESS se vienen midiendo cuestiones sobre el estado en que se encuentran las organizaciones en materia de equidad: nivel de brecha salarial, nivel de participación en la toma de decisiones, existencia de medidas de corresponsabilidad, utilización de políticas de lenguaje inclusivo, elaboración de planes de igualdad, entre otros aspectos.

La fotografía actual arroja unos datos positivos que indican que las empresas de la ESS tienen una reducida brecha salarial (5%) en comparación con la economía convencional (21%),  apuestan por corresponsabilidad y el cuidado de la vida a través de la presencia de medidas de corresponsabilidad (86%)  utilizan políticas de lenguaje inclusivo (81% ) y elaboran Planes de Igualdad y protocolos de prevención y abordaje del acoso sexual (33%). Este año además, se ha incorporado en la medición la categoría “otras identidades” para poder interpretar la perspectiva de género de una forma más amplia, superando el binarismo que caracteriza la forma de entender en la actualidad el sistema sexo/género.

En este sentido, la incorporación de estas cuestiones supone una mejora del proceso de recogida de datos y la profundización en aquellos aspectos que permitirán un mejor análisis de la situación de las organizaciones cuyo objetivo es alcanzar una equidad real y efectiva.

Retos para lograr organizaciones más habitables…

La forma en la que muchas veces las empresas de la ESS organizan sus procesos de trabajo y el reparto de responsabilidades sigue sin escapar a la lógica mercantilista.

En este sentido, aun quedan muchos retos para el logro de organizaciones solidarias y feministas, como es la promoción de un mayor número de espacios y procesos que empoderen la participación, el aumento de la presencia de mujeres en los cargos societarios y políticos (11,18% del peso total de las mujeres trabajadoras frente al 18,15% de los hombres) así como la mejora del nivel de participación en la elaboración y aprobación de los planes de gestión y presupuestarios (43% del peso de las mujeres trabajadoras en las empresas).

Una de las acciones que se está a llevar a cabo en REAS Red de Redes surge precisamente de la necesidad de entender el porqué las mujeres dentro de la ESS, a pesar de ser mayoría y participar en procesos de planificación, no participan de igual manera en los procesos de toma de decisiones. A través del diseño de un mapa competencial de la mujer emprendedora, empresaria y/o trabajadora en el ámbito de la ESS, se pretende detectar aquellas competencias que hay y que no hay para poder proponer nuevos esquemas de formación. El resultado será un informe diagnóstico con una serie de propuestas y recomendaciones que facilitaran el diseño de acciones formativas innovadoras dirigidas a incrementar el liderazgo de las mujeres en las empresas del sector.

Para una autonomía y un empoderamiento económicos: Emprendimiento feminista y solidario

Otra de las claves para superar situaciones de violencia de género es el poder desarrollar un proceso de autonomía económica: el aumento de la capacidad de elección viene propiciada por una mayor independencia económica y de recursos que permiten –en el caso por ejemplo de mujeres que han sufrido maltrato- comenzar su recuperación.

El emprendimiento femenino como camino hacia la autonomía económica de las mujeres, tiene muchas dificultades y obstáculos, sin embargo existen iniciativas que pretenden generar soluciones y fortalecer este tipo de emprendimientos desde un punto de vista colectivo. Este es uno de los objetivos de la Red de Economía Feminista que pretende ser una plataforma de apoyo mutuo para todas las entidades y profesionales feministas que forman parte de la economía social de Madrid, creando espacios que permitan poner en común los recursos, fortalecer los proyectos y crear sinergias: “emprendimiento de mujeres sí, pero siempre que sea una decisión reflexionada y mucho mejor si es feminista”

Otra de las iniciativas que pretende ser un camino hacia la autonomía económica de las mujeres es el proyecto de Juntas Emprendemos que promueve la creación y consolidación de empresas feministas y colectivas, basadas en los principios y las prácticas de la ESS.

Desde los valores cooperativos, este proyecto promueve las competencias para el emprendimiento de las participantes y las acompaña en la puesta en marcha de sus proyectos empresariales, potenciando empresas cooperativas y socialmente comprometidas, de esa forma se logra la mejora de la empleabilidad de las mujeres participantes para facilitar su inserción laboral, rescata y pone en valor sus propias competencias y saberes y les muestra cómo aplicarlas a la esfera económica y productiva.

Empresas solidarias y feministas frente a las violencias económicas – economiasolidaria.org

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