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El rey de España abandona el país para quitar presión a Felipe VI y se instaura en la República Dominicana.

Autor: Arian José Alonso Luis

Tras una larga de sucesos en los que el anterior rey de España Juan Carlos I donde se ha mostrado su lado corrupto delante de toda su nación como son el caso del maletín que sacó de España con una cantidad de dinero abrumadora y este nuevo caso al robar casi 70 millones de euros, ha tenido que abandonar España para liberar de presión a Felipe VI. Gracias a los medios de comunicación hemos podido saber que el rey emérito abandonó Zarzuela el domingo tras escribirle una carta a su hijo explicando lo que sentía y cuales serían sus intenciones, posteriomente pasó la noche en la localidad de Pontevedresa de Sanxenxo.. El lunes por la mañana viajó en coche hasta Oporto y desde allí voló rumbo a la República Dominicana.

Ya el pasado 15 de marzo, Felipe VI quiso blindar a la institución retirando a su padre la asignación de casi 200.000 euros anuales que recibía de los Presupuestos de la Casa del Rey y renunciando a cualquier hipotética herencia que pudiera corresponderle en el futuro de los fondos que este tuviera en el extranjero, donde resulta que tenía más dinero del que creíamos.

Aun así, se consta que el rey emérito mantiene intacta la presunción de inocencia, un derecho que le corresponde como a cualquier otro ciudadano. Ni el fiscal suizo ni el español que investigan los movimientos financieros de Corinna Larsen han presentado hasta ahora acusación alguna contra él. Si lo hacen, Juan Carlos I deberá defenderse y podrá ser juzgado, al menos por aquellos hechos posteriores a su abdicación en junio de 2014. Lo que resulta increíble ya que este señor debería ser juzgado como cualquier otro ciudadano que se aprovecha del poder para aumentar su riqueza, ya que no estamos el en siglo XVI donde la realeza hacia lo que se le antojaba sin tener consecuencias por sus actos.

Tema que generará gran controversia en nuestra población ya que muchos y muchas se plantean cada vez más si este tipo de monarquía es aceptable en pleno siglo XXI.

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