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“El Cuento de la Criada”, o cómo la ONU y los guionistas de la serie colaboran en la recreación de las crisis humanas

Autor: ONU

La serie televisiva “El Cuento de la Criada” es una adaptación de libro de la escritora canadiense Margaret Atwood publicado en 1985 bajo el mismo título. La novela y la serie presentan a los Estados Unidos bajo el nombre de Gillead, una teocracia patriarcal totalitaria donde las mujeres son desposeídas de sus derechos.

La historia parte de una catástrofe ambiental que provoca que la mayoría de las mujeres queden estériles. Las pocas que consiguen quedarse embarazadas son obligadas a convertirse en criadas y esclavas sexuales que serán violadas repetidamente por las élites gobernantes para proporcionarles hijos.

Atwood ha explicado en varias entrevistas que los sucesos descritos en el libro están sucediendo, o han sucedido, en algún lugar del mundo. Los productores de la versión televisiva, conscientes del legado del libro, han sido cuidadosos a la hora de adoptar el mismo enfoque.

La ONU colabora al realismo de la serie

La dramaturga Dorothy Fortenberry, una de las guionistas de la serie, explicó a Noticias ONU que, aunque el libro refleja las preocupaciones típicas de los años 80 como el impacto ambiental de los accidentes nucleares y la contaminación producida por la lluvia ácida, el equipo de guionistas consideró la importancia de convertir al cambio climático como el telón de fondo del colapso de la sociedad que desemboca en Gilead.

«Investigamos cómo el aumento de las temperaturas y la contaminación plástica podrían afectar a la fertilidad (actualmente vemos una disminución de la fecundidad a nivel mundial), y la aparición de enfermedades asociadas al medio ambiente. Queríamos que la serie fuera lo más real posible”.

Uno de los aspectos irónicos de la serie es que los gobernantes de Gillead consiguen lograr éxitos en muchos ámbitos relacionados con el cambio climático como la prohibición de los combustibles fósiles, la conducción de vehículos eléctricos y la eliminación de la contaminación por plásticos.

«El cambio climático es un evento que no forma parte de una estrategia, y su aceptación y manejo no está necesariamente ligada a políticas progresistas: un movimiento proambiental también podría ser fascista, contrario a la migración y represivo».

Fortenberry y el equipo de guionistas también querían lograr el máximo realismo en las numerosas cuestiones relacionadas con los derechos humanos que vemos en la serie. Por ello, debatió extensamente está temática con Andi Gitow, la responsable de la Iniciativa de Colaboración con la Comunidad Creativa de las Naciones Unidas. Gitow explicó a Noticias ONU que el equipo de escritores de la serie se esforzó mucho en representar los detalles correctamente.

«Comenzamos con conversaciones abiertas, en las que el equipo me preguntaba, por ejemplo, qué se siente al vivir en una zona de conflicto o cómo funciona en la práctica el derecho internacional. Posteriormente, los reuní con expertos, uno de ellos vivía en Alepo, en Siria, y con un abogado especializado en derechos humanos internacionales», explicó.

«El equipo quería saber qué sienten los refugiados en el plano emocional y en el práctico, y cómo funcionan los centros de acogida. Por ejemplo, cuando uno de los personajes, Emily, cruza la frontera con Canadá, se encuentra con un equipo formado exclusivamente por mujeres que le dicen que está a salvo.

Otro ejemplo se produce durante el encuentro entre June (el personaje principal interpretado por la actriz Elisabeth Moss) y su hija. No es la habitual reunión que vemos en las películas de Hollywood: hay una mezcla de miedo, ira y confusión, que es lo que a menudo puede suceder en el mundo real«, añade.

El poder de la ficción dramatizada

El éxito internacional de “El Cuento de la Criada” ha servido para concienciar sobre estos temas a millones de personas a través de la ficción.

«El arte dramático es uno de los medios más poderosos», dijo Gitow. «Los informes, documentos y reuniones son obviamente muy importantes, pero la ficción te permite alcanzar una audiencia masiva que de otra manera no conocería estos temas y no se informaría sobre ellos».

No obstante, los escritores evitan imponer una agenda particular, y se centran en contar historias fuertes, con personajes complejos y tridimensionales que se enfrentan a circunstancias extraordinarias.

«Si uno quiere expresar un determinado punto de vista, es mejor escribir un artículo de opinión», afirmó Fortenberry. «Sin embargo, mostramos conscientemente a mujeres estadounidenses de clase media y les hacemos vivir algunas de las experiencias que les suceden a otras mujeres en diferentes partes del mundo”, razona.

“Al hacerlo, aportamos especificidad y humanidad a ciertos horrores que están ocurriendo actualmente, que van desde el cambio climático a la violencia de género. Cuando uno ve los resultados en una persona puedes relacionarte con ellos».

“La ficción te ayuda a conectar con los temas que vive el personaje”, añadió Gitow.  «Piensas en ti mismo, en tu madre, en tu jefe o en tu mejor amigo en esa situación, y se convierte en algo muy real. Imaginas cómo reaccionarías en ese contexto. Una noticia puede darte los detalles, pero no consigue transmitir ese efecto».

La ONU y la industria del espectáculo

En reconocimiento de la importancia del entretenimiento y de las creaciones artísticas, la Iniciativa de Colaboración con la Comunidad Creativa de la ONU trabaja con producciones cinematográficas y televisivas para aclarar dudas sobre cuestiones mundiales apremiantes.

También facilita acceso a las localizaciones de la ONU, entre ellas la sede central del secretariado en Nueva York, y ofrece apoyo editorial y logístico a las producciones que deseen presentar temas relacionados con las Naciones Unidas o con la propia Organización.

Entre los ejemplos de colaboraciones entre la Iniciativa y la industria del entretenimiento figuran la serie de televisión Revolution y la franquicia cinematográfica Angry Birds, ambas dedicadas a la sensibilización sobre temas relacionados con el cambio climático.

link: https://news.un.org/es/story/2020/12/1485262

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