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El coste ambiental de viajar en avión

Con la mayor concienciación por el cambio climático cada vez son más las voces que reclaman la necesidad de siempre que sea posible evitar los viajes en avión. En Suecia han inventado el término flygskam para describir la “vergüenza de volar”. Los seguidores de esta palabra reivindican que elegir el tren reduce las emisiones, a la vez que cuestionan la necesidad del recorrido de largas distancias durante las vacaciones.

Las emisiones del turismo se corresponden con el 8 % de los gases de efecto invernadero mundiales, según un estudio de Nature “Climate Change”. El problema no es solo este, físicas del Centro Aeroespacial Alemán han alertado de que las estelas que dejan los aviones son más peligrosas que los propios gases por sus alteraciones en el clima. Todavía se sigue investigando el efecto ya que intervienen muchos factores, pero es un motivo más para replantearse nuestra forma de viajar.

Mientras cada vez se reivindica más la gran contaminación de los aviones hay estrellas mediáticas que no predican con el ejemplo. A la Google Camp celebrada en Sicilia en el mes de agosto (dedicada al futuro del planeta) llegaron más de 300 celebridades en más de 114 aviones privados. Frente esta hipocresía la joven activista Greta Thunberg, lleva desde 2015 sin subirse a un avión. A la Cumbre de la ONU que se va a celebrar en Nueva York ha llegado en un barco que utiliza paneles solares y turbinas submarinas para generar electricidad. Ella ejemplifica que el seguir requiriendo a las grandes empresas y gobiernos que tomen medidas no es incompatible con actuar conforme a tu conciencia.

Imagen: Pixabay

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