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El carbón ya es historia

Autor: Greenpeace

En Greenpeace trabajamos mucho, con decisión y coraje, para producir cambios reales en la sociedad y conseguir que reaccionemos a tiempo para frenar la emergencia climática. Es una lucha larga e intensa, de sentir que a veces nos fallan las fuerzas. Sabemos que cuesta conseguir cambios, son difíciles y no son inmediatos. Pero cuando llegan, dan sentido a todo lo que hacemos.

Hace 30 años éramos muchos menos. Nuestro activismo no era tan especializado y para hacer acciones pintábamos las pancartas con amigos. Las compañeras y compañeros de prensa iban cargadas de monedas de 25 pesetas para llamar desde una cabina a los periodistas y las imágenes se grababan en cintas de vídeo que había que distribuir en mano (siempre que no nos cogiera la policía). Las personas responsables de las campañas escribíamos los informes consultando libros y revistas especializadas impresas, no teníamos formación para hacer entrevistas para los medios de comunicación ni para las acciones y sacar un comunicado de prensa significaba que una persona se tirase toda la mañana mandando faxes.

No existía internet, claro.

En esas condiciones, comparecimos en el Congreso para decirles que no dieran luz verde a la avalancha de centrales de carbón que pretendía el Plan Energético Nacional que iban a aprobar y nos miraban con cara de “estos de dónde han salido” (no sé si por lo radical de nuestras propuestas o por nuestras pintas informales). En aquellos tiempos, el carbón era la principal fuente de energía para la generación eléctrica en España, así como la mayor fuente de emisión de CO2 del país, y el Plan solo contemplaba aumentar su capacidad y complementarlo con gas, mientras se dejaban las centrales nucleares como estaban; pues tras el accidente de Chernobyl ya era evidente que no podrían ser una alternativa segura. Las energías renovables y la eficiencia energética, que nosotros proponíamos en nuestros informes, eran consideradas solo una teoría académica alejada de la realidad. Hablábamos del calentamiento global cuando nadie lo hacía.

Y, como no nos hicieron caso, empezamos a visitar centrales con cada barco de Greenpeace que pasaba por aquí, con los que impedíamos la descarga de barcos de carbón, o los interceptábamos antes de llegar a puerto, o les pintábamos el casco o nos encadenábamos a las grúas de descarga… Y si no teníamos barco pues traíamos un globo aerostático, o hacíamos una proyección, o una marcha, o pintábamos una chimenea, o interrumpíamos sus reuniones o convenciones, u ocupábamos los almacenes de carbón, o les llevábamos nuestra propia minicentral fotovoltaica para demostrarles que se podía enchufar directamente a la red (algo tan normal hoy en día, pero que entonces los directivos de las eléctricas calificaban de “imposible” o “peligroso”).

Incluso llevamos a los tribunales al mismísimo presidente de Endesa, por la lluvia ácida provocada por su térmica de Andorra. Nunca pisó la cárcel, pues la compañía era demasiado poderosa como para dejarse intimidar por un juzgado de pueblo. No fue así para los diez activistas de Greenpeace que, en otra ocasión, sí que tuvimos que pasar la noche en el calabozo tras bloquear con el Rainbow Warrior la descarga de un barco de carbón en el puerto de la térmica de Endesa en Carboneras (Almería).

Los sucesivos informes de Greenpeace evaluaban los impactos para la salud y el clima de la quema del carbón, desvelaban las consecuencias sobre los derechos humanos de su importación, desmontaban las campañas de “engaño verde” de las eléctricas, cuantificaban las cuantiosas subvenciones que seguía recibiendo el carbón (que pagamos todos a través de la factura de la luz), denunciaban que los comités oficiales que establecían los límites de emisión estaban compuestos por las mismas eléctricas o demostraban que era viable un sistema energético no solo sin carbón, sino 100% renovable. Greenpeace tenía cada vez más fuerza y el carbón cada vez menos.

Con todo, hablar de carbón seguía siendo un tabú que ponía muy nerviosa a toda la clase política, que prefería continuar engañando a las comarcas carboneras con falsas promesas de continuidad. Aunque en nuestras campañas siempre contamos con la colaboración de grupos ecologistas de las zonas afectadas, nos dimos cuenta de que no era suficiente. El movimiento contra el carbón estaba creciendo en toda Europa y varias entidades nos unimos para formar la coalición Un Futuro Sin Carbón.

Tras la adopción del Acuerdo climático de París, en diciembre de 2015, intensificamos nuestra campaña para asegurar que el abandono de la minería y de las térmicas de carbón fuera justa y socialmente aceptada. Hemos trabajado junto con diferentes organizaciones, hablado con sindicatos y cargos políticos a nivel tanto regional, como nacional y europeo y con responsables en todas las eléctricas. Tanto para el cierre de las minas como de las térmicas hemos trabajado para una transición que sea justa e inclusiva sin olvidar nunca que el sector energético y extractivo está fuertemente masculinizado y que las alternativas hacia energías renovables y otros empleos verdes son una oportunidad para construir sociedades más democráticas e igualitarias, donde las mujeres tengan más oportunidades.

Estos últimos años, el voluntariado de Greenpeace se ha multiplicado en actos de protesta para pedir el cierre de las térmicas de carbón, en estrecha colaboración con las entidades de Un Futuro Sin Carbón, mientras organizaban actos de debate con nuestro documental “El lado oscuro del carbón”. Nuestros barcos han vuelto y han realizado protestas aún más llamativas. Mientras, las eléctricas iban asumiendo que no tenía sentido prolongar la agonía e iban solicitando, como un goteo imparable, el cierre de sus respectivas térmicas.

Finalmente, una noticia que pasó casi desapercibida evidenciaba el final de la era del carbón en España: el anuncio de cierre de las centrales térmicas de Aboño y Soto de Ribera (Asturias). La eléctrica portuguesa EDP, que no había hecho públicos sus planes todavía, informó al fin de que iniciará la solicitud de cierre de estas dos plantas, las dos últimas centrales térmicas sin anuncio de cierre en España.

Tras 30 años de campaña, ahora tenemos la certeza de que hemos ganado.

Gracias, porque esta victoria es de todos y todas los compañeros y compañeras que trabajamos en la organización, de los socios y socias que nos apoyan desde hace décadas y de los que nos apoyan desde hace solo una semana. Esta victoria es de todas las personas que reciben nuestras newsletters, que comparten nuestras publicaciones en redes sociales y, sobretodo, de todas aquellas personas que introducen hábitos en su día a día para ayudar, junto con gran parte de la sociedad, a ralentizar la emergencia climática y salvar el planeta.

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