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Dime cuánto tienes y te diré cuánto vivirás

La pandemia de la COVID-19 ha disparado sin duda alguna los niveles de pobreza en todo el mundo, haciendo que millones de personas engrosen las filas de la miseria. Los recortes en los servicios públicos, la recesión y el hambre son elementos que ilustran una realidad tan incierta como preocupante. Una pandemia que, en muchas ocasiones, mata en vida. Millones de personas alrededor de todo el mundo están pasando hambre a raíz de esta situación, víctimas de la peor crisis económica desde la Segunda Guerra Mundial.

Se prevé que más de 729 millones de personas (el 9’4% de la población mundial) estarán viviendo en pobreza extrema (menos de 1’90$ diarios) a finales de año, cuando se producirá el peor escenario, según el Banco Mundial. El Programa Mundial de Alimentos de la ONU estima que muchas de estas personas acabarán muriendo de hambre, habida cuenta de que 265 millones de personas están actualmente al borde de la inanición. Y es que esta pandemia ha tirado por la borda dos décadas de lucha contra la pobreza extrema, suponiendo un retroceso incalculable. Retomar los niveles previos a la crisis sanitaria no será nada fácil, se necesitará una enorme cantidad de recursos y un avance enorme de la economía global.

Con esto, al tiempo que millones de vidas, se desvanecen también los objetivos de la ONU para 2030. Ante el desbordamiento del sistema, la UNCTAD (Conferencia de las Naciones Unidad sobre el Comercio y Desarrollo), lanzó el abril la primera llamada de auxilio: «Se necesitan 2’5 billones de dólares, como mínimo, para apoyar a los/as ciudadanos/as a salir lo más rápido posible a flote y reforzar los sistemas de salud!. Hay que actuar más allá de evitar el hambre. Hacer que la gente sobreviva es un listón muy bajo. Necesitamos proteger su salud y sus sustento para tener una recuperación buena y sostenible, y no dejar la crisis con más desigualdades a largo plazo« (declaraciones de David Laborde, economista sénior del Instituto Internacional de Investigación sobre Políticas Alimentarias.

Antes de que nos ahogara la pandemia, la Comisión Europea ya advertía algunos peligros para la cohesión social que tenían su origen en el desempleo, las condiciones precarias y la alta proporción de personas que se encuentra en riesgo de pobreza o exclusión social. Y es que, hasta que las políticas sociales y las políticas activas de empleo no ganen protagonismo, el sistema continuará en una eterna decadencia. Y solo las clases más adineradas podrán realmente salvarse, con todas las letras, de esta crisis sanitaria sin precedentes.

Paso número uno: sobrevivir a la pandemia. Paso número dos: sobrevivir a sus consecuencias.

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