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De Mistura, nuevo enviado de la ONU para el Sáhara Occidental

El Secretario General de la ONU, Antonio Guterres, ha nombrado al diplomático italiano Staffan de Mistura como nuevo enviado especial para el Sáhara Occidental. Su tarea no va a ser sencilla, a lo enquistado que se encuentra de por sí el conflicto entre Marruecos y el Frente Polisario, hay que sumarle una serie de nuevas coyunturas en la región que harán su tarea, si cabe, aún más compleja.

La primera de estas coyunturas, quizás la más importante, fue la ruptura del alto el fuego entre Marruecos y el Frente Polisario, en noviembre de 2020, al disparar soldados marroquíes a varios civiles saharauis en el transcurso de una manifestación en Guerguerat. Desde entonces, el Frente Polisario emite partes diarios de guerra y las hostilidades no han cesado entre ambas partes.

La segunda de estas coyunturas sería la ruptura de relaciones diplomáticas entre las dos potencias regionales: Marruecos y Argelia, a lo que hay que sumar el corte de suministro de gas desde la segunda a la primera. La posibilidad de escalada bélica entre ambos estados parece aún lejana, pero no por ello menos peligrosa; Marruecos destina a defensa un 4% de su PIB y Argelia el 6%. De entrada, la potencia bélica de Argelia sería muy superior, pero Marruecos dispone de mejores herramientas de ciberseguridad.

La razón del acceso de Marruecos a la alta tecnología en materia de ciberseguridad hay que buscarla en otra nueva coyuntura: la de la reciente alianza entre el Reino de Marruecos y el Estado de Israel, que se completará con la apertura de una embajada israelí en Rabat. Ambos países han estrechado sus relaciones en materia comercial y de seguridad, consiguiendo Israel concesiones para buscar petróleo en aguas del Sáhara Occidental y beneficiándose Marruecos de la tecnología punta de ciberseguridad israelí.

Otro elemento a tener en cuenta sería el reconocimiento de facto que realizó el expresidente norteamericano Donald Trump de la soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental, una ruptura de la tradición diplomática norteamericana de cederle a la ONU, sin inmiscuirse, la resolución de este conflicto. Dicho reconocimiento no ha tenido solución de continuidad durante la administración Biden, pero este último tampoco ha realizado gesto alguno contrario a la resolución de su predecesor.

Por último, la reciente crisis migratoria y diplomática entre Marruecos y España es un nuevo elemento a tener en cuenta sobre el tablero geopolítico de la región, ya que la tensión entre estos dos países involucra directa o indirectamente también a la Unión Europea.

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