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De los virus ‘sin corona’ a los coronavirus

Autor: the conversation

A lo largo de la historia han surgido múltiples y curiosas interpretaciones para explicar el origen de las enfermedades infecciosas. Pero ya en el siglo XVI, Fracastoro introdujo el novedoso concepto del “contagio” desde personas enfermas a otras sanas a través de “semillas”. No obstante, tuvimos que esperar hasta finales del siglo XIX cuando L. Pasteur y, especialmente, R. Koch, mediante sus famosos postulados, sentaron las bases para correlacionar inequívocamente un microorganismo con una patología concreta; iniciando la “Edad de Oro de la Microbiología”.

Al margen de la terrible pandemia de sida, en los últimos años han surgido varios brotes virales epidémicos (ébola, zika, dengue o chikunguña). Peor aún: solo en este siglo XXI hemos sido testigos de la irrupción de tres pandemias severas causadas por coronavirus: SARS (2003), MERS (2012) y covid-19 (2019).

Por tanto, cabe preguntarse qué tienen de especial los virus “coronados” para actuar de modo tan devastador. De nuevo, la estructura viral nos explica gran parte de la respuesta: como otros virus altamente infecciosos (gripe, sida, rabia), los coronavirus incorporan una envoltura externa de tipo membranoso, proveniente de las células infectadas. Sobre ella insertan sus propias glicoproteínas (espículas) que actúan como factores esenciales de reconocimiento y unión a nuevas células diana.

El material genético de los coronavirus es una sola cadena de ARN (en lugar de ADN bicatenario) de gran tamaño (30 kilobases). Esta abundancia incrementa su tasa de mutación (variantes) y les permite sintetizar además de las proteínas estructurales, imprescindibles para formar la partícula viral, numerosas proteínas accesorias que intervienen en la replicación y bloquean la respuesta defensiva del hospedador. Ello unido a determinados procesos exclusivos de copia (como la transcripción discontinua / ARN subgenómico) y a mecanismos de transmisión y amplificación zoonótica, les dota de una gran invulnerabilidad.

Las infecciones de transmisión respiratoria son muy difíciles de combatir, y las medidas de higiene y contención social (mascarillas, desinfección manual, confinamiento o distancia social), aunque molestas, son imprescindibles para prevenir contagios. A diferencia de sus predecesores, el SARS-CoV-2 se contagia desde pacientes asintomáticos y ningún segmento poblacional es refractario. De ahí, el peligro que corre el sector más vulnerable (edad, patologías previas, inmunodebilidad). Por tanto, la apelación a la responsabilidad colectiva está justificada, aunque no siempre sea bien atendida.

No obstante, la experiencia indica que la aparición de nuevos brotes víricos resulta difícil de prever. Por tanto, todo el ingente trabajo desarrollado y el conocimiento acumulado en la lucha contra la covid-19 debería servirnos para adoptar las medidas imprescindibles de prevención y respuesta frente a futuras pandemias.

Link: https://theconversation.com/de-los-virus-sin-corona-a-los-coronavirus-159275

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