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De lo que no se habla cuando hablamos del gas fósil

Autor: GreenPeace

Un reciente informe del Instituto de Economía Energética y Análisis Financiero (IEEFA, por sus siglas en inglés) nos muestra que la actual crisis del gas fósil (o gas natural) en España es como un monstruo de tres cabezas entrelazadas: la primera es el precio internacional del gas; la segunda, asociada a la influencia perversa del gas sobre la tarifa eléctrica, y la última y quizás la menos conocida, ligada al pago de una infraestructura con elefantiasis.

En las últimas semanas, hemos visto que el precio internacional del gas fósil (o gas natural) está por las nubes y que esto encarece el coste de la luz. La explicación corta es que nuestro sistema eléctrico emplea centrales de ciclo combinado que queman gas fósil para convertirlo en electricidad. Estas suelen ponerse a producir las últimas detrás del resto de las tecnologías renovables, hidráulicas y nucleares. El mercado eléctrico europeo (que es el nuestro) está diseñado de tal forma que la última tecnología que entra en el sistema es la que marca el precio. Y por ello la luz está carísima.

No hay que ser genio para predecir que la factura del gas en casa va a estar también muy cara este invierno. Según este reciente informe de IEEFA, en los últimos 5 años los precios medios del gas (sin impuestos) que han tenido que pagar los hogares españoles son los segundos más elevados de Europa después de Suiza.

La factura del gas tiene cuatro partes: el coste del gas fósil, los costes de las infraestructuras (redes), los impuestos y el IVA. Según el IEEFA, en 2019 la factura de gas fósil (o gas natural) para los hogares españoles era un 40 % por el suministro de energía, un 39 % por los costes de las redes, un 3 % por los impuestos y un 17 % por el IVA.

Transportar gas es difícil y complejo y requiere una infraestructura cara de construir y mantener. España es el país de la Unión Europea donde pagamos más por la infraestructura en nuestra factura de gas (39%), frente al 28% de Italia, 38% Francia, 32% Reino Unido, 33% Portugal o 22% Alemania. Por esta razón, los hogares españoles van a seguir arrastrando una carga más pesada por la infraestructura que los países de nuestro entorno.

La Empresa Nacional de Gas (Enagás) es el Gestor Técnico del Sistema Gasista español. Fue privatizada en 1994 y cuenta con muy poca participación pública (en torno al 5%) aun así, la compañía es responsable de la operación y la gestión técnica de la red de gas a cambio de unos peajes. Enagás cuenta con gasoductos, estaciones de compresión, conexiones internacionales y plantas de importación de GNL (Gas Natural Licuado).

Enagás afirma que “la compañía únicamente es transportista y opera las infraestructuras”. Por ello recibe como hemos visto alrededor del 39% de todas las facturas de gas. Estas asignaciones las establece el estado y deberían, en teoría, ir reduciéndose a medida que las infraestructuras se van amortizando.

En los últimos 20 años, la tasa de utilización de la infraestructura instalada de España no ha llegado nunca al 50%. Solo las plantas de importación de gas que están operativas representan casi un tercio de la capacidad de Europa, pero con unos índices de utilización que son de los más bajos del continente.

Como en la vivienda, las autopistas radiales o los aeropuertos sin aviones, en España vivimos una verdadera burbuja de la infraestructura gasista. Ha sido resultado del perverso sistema de retribuciones que ha ocasionado que Enagás sencillamente construya infraestructura, a menudo innecesaria y salga ganando mientras carga a los usuarios los costes, tanto directamente del gas como indirectamente a través de la electricidad generada con gas.

El motor que ha movido tan faraónica obra de infraestructura y que ha justificado su elefantiasis, ha sido sembrar el miedo: el miedo al desabastecimiento y sobre todo el miedo a depender de pocos proveedores (sobre todo de Argelia) que, caprichosamente, nos pueden cortar el grifo.

Ahora Enagás se ha apuntado a la nueva era de la “descarbonización”, poniendo sobre el mostrador sus “gases renovables” como productos estrella para la transición a la economía verde. Según su consejero delegado, han presentado un total de 55 proyectos (34 de hidrógeno verde y 21 de biometano) a las diferentes manifestaciones de interés para los fondos Next Generation de la Unión Europea. Estos proyectos pueden suponer una inversión conjunta total de alrededor de 6.000 millones de euros.

La mayor parte de estas inversiones están consideradas falsas soluciones o inversiones en tecnologías no probadas y de muy alto riesgo que seguramente no sean ni rentables ni capaces de convertirse en soluciones reales eficientes para la descarbonización. Al fin y al cabo, cuando solo tienes un martillo, todos los problemas parecen clavos.

Para estar a la altura del reto de la transición energética y caminar hacia un sistema justo y eficiente que proteja a las personas más vulnerables, debemos atacar las tres cabezas del monstruo a la vez, apostando por un sistema 100% renovables y libre de gas fósil. Con él, se conseguiría la independencia del mercado internacional, el cierre progresivo de las centrales de ciclo combinado y el desmantelamiento progresivo de la infraestructura sobredimensionada de Enagás.

link: https://es.greenpeace.org/es/noticias/gas-fosil-gas-natural/

Imagen extraída de: newton.cnice.mec.es

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