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Cruz Roja busca familias para acoger a 22.000 niños y niñas este verano

En España hay 48.000 niños bajo programas de protección de la infancia. Casi todos arrastran una dramática situación a sus espaldas.

El desamparo es muy heterogéneo. Hay hijos/as de inmigrantes que llegaron a España con la ilusión de un futuro mejor y por las penurias laborales se han visto abocados a recurrir a la Administración, al no poder mantener a sus pequeños/as. Hay hijos/as de padres y madres con serios problemas de salud mental que comprometen su capacidad de atender y cuidar a los pequeños. También hijos/as de padres y madres alcoholizados o drogodependientes; o de familias con denuncias por violencia de género. Hijos/as de madres doblemente condenadas por sufrir las agresiones de sus parejas y tener que ceder la custodia por el bloqueo emocional que les deja esa terrible situación de maltrato. Y además hay niños/as de progenitores muy jóvenes, apenas adolescentes, con conductas de alto riesgo.

Son, en definitiva, menores de 0 a 18 años, que tampoco han conseguido encontrar el calor de una familia en los abuelos/as, los tíos/as o en cualquier otro familiar cercano. Algunos padres han delegado voluntariamente en las administraciones la custodia. A otros, directamente se la ha retirado un juez.

La mitad de esos niños/as han tenido su pizca de fortuna y viven temporalmente con familias de acogida. La otra mitad, unos 22.000, pasan sus días en centros residenciales tutelados por las comunidades autónomas, que tienen estas competencias.

Cruz Roja presta ayuda a esos niños/as, entre otras cosas, buscándoles un hogar. Hoy estos/as chicos/as carecen de alternativas para pasar el verano. Hasta ahora tenían una vía de escape en los campamentos estivales, niños/as que iban saltando de campamento en campamento hasta apurar el mes de agosto y regresar en septiembre al colegio y a sus rutinas en la residencia. Unas semanas en la naturaleza, en la playa… un pequeño respiro.

Pero este año, el coronavirus se ha llevado los campamentos por delante. El miedo al contagio, los problemas para manejar las distancias de seguridad y los imperativos administrativos para garantizar las medidas sanitarias han retraído a los organizadores de este tipo de ofertas estivales. No hay, o solo hay muy pocos.

El resultado es que miles de pequeños/as se van a ver forzados a pasar julio y agosto recluidos en su residencia de siempre, sin posibilidad de disfrutar de una vía de escape tan importante en menores de edad que necesitan más que otros desconectar de su día a día.

Autoría original: José Antonio Guerrero para Canarias7.es

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