fbpx

COVID-19: mascarillas sí, pero rastreadores también

Autor: Ambientum

Las consecuencias de la COVID-19 están siendo dramáticas. Inimaginables durante los primeros momentos de la epidemia. La pregunta que hay que hacer es si se están poniendo en marcha todas aquellas medidas que son necesarias para la prevención y el control de la enfermedad.

Cuando en marzo de 2020 la Organización Mundial de la Salud (OMS) declaró el estado de pandemia, señaló el nivel de inacción de gran parte de los gobiernos a nivel mundial.

Son numerosas las ocasiones en las que el organismo internacional ha señalado que lo peor de la epidemia está por venir. Por desgracia, así es. El registro de contagios globales diarios a nivel mundial con frecuencia supera el máximo marcado la jornada anterior.

Seis meses después del inicio de la crisis aún existe margen de mejora para poner en marcha medidas eficaces para la prevención y el control de la transmisión de la enfermedad en la mayoría de los países.

Pero, ¿la prevención y el control de la COVID-19 solo dependen de acciones de gobierno? No. La prevención depende, sobre todo, de la responsabilidad individual y solidaridad social de cada uno de nosotros. Es decir, no hay que plantear el uso obligatorio de mascarillas o contratar más rastreadores. Es cuestión de cambiar la “o” por la “y”:

Higiene de manos y mascarillas y distanciamiento social y rastreadores y diagnóstico precoz y aislamiento correcto y reservas estratégicas de material para la prevención y el tratamiento de la enfermedad y una apuesta por la salud pública y una atención primaria reforzada y recursos hospitalarios suficientes para el tratamiento de los casos más graves.

Es posible que aquí se encuentre una de las debilidades principales en las estrategias seguidas para el abordaje del problema: la falta de un mensaje claro, sencillo y directo a la población sobre la necesidad de la coordinación y complementariedad de las acciones.

Tan importantes son las acciones a nivel individual como las acciones de gobierno a nivel comunitario. La base de la prevención empieza por el individuo, y la población debe ser consciente de su papel principal en la prevención y control de la pandemia.

Las dudas acerca de la COVID-19 y la falta de un mensaje claro sobre sus certezas son factores que han limitado y continúan limitando la adopción de medidas preventivas efectivas por parte de la sociedad.

El SARS-CoV-2 es un virus de transmisión principalmente respiratoria. Para entender su prevención y control es importante conocer cuáles son los elementos de la cadena epidemiológica de la COVID-19: fuente de infección, mecanismo de transmisión y población susceptible de padecer la enfermedad.

Las estrategias basadas exclusivamente en recomendar el uso de mascarillas frente a su obligatoriedad han fracasado. En esta “nueva normalidad” en la que nos encontramos, cada vez más países a nivel internacional y la mayor parte de las comunidades autónomas en España apuestan por el uso obligatorio de mascarillas.

La sociedad debe ser consciente de que su papel es realmente importante en la prevención de la enfermedad. Si las mascarillas se utilizasen de forma correcta el riesgo de transmisión de la enfermedad desde gente infectada, ya sea sintomática o no, se reduciría, así como la posibilidad de infección de las superficies próximas.

De igual forma, el riesgo de contacto con el virus de una persona sana también sería menor. De ahí que se deba apostar por el uso continuo y correcto de mascarillas con independencia de cuál sea la distancia social o el entorno, abierto o cerrado, en el que nos encontremos.

La sociedad debe tomar conciencia de que una mascarilla que no cubra correctamente la nariz y boca, que esté humedecida, que no tenga el aval de conformidad europea o que se utilice por encima del tiempo de uso recomendado, equivale a no llevarla. Esto contribuye a aumentar la dificultad para el éxito en la prevención y el control de la extensión de la COVID-19.

Por otra parte, los equipos de rastreadores deben entenderse como una medida complementaria. Su objetivo es hacer un diagnóstico precoz entre los contactos estrechos de un caso. Esto permitirá la identificación de nuevos casos, incluidos los portadores asintomáticos del virus, y facilitar su aislamiento en una fase muy precoz de la enfermedad.

El trabajo de los rastreadores es clave a la hora de contener la transmisión de la COVID-19, disminuir la transmisión comunitaria de la enfermedad y conocer el impacto real de la misma (de los más de 2 350 000 casos de COVID-19 que se deben haber producido en España en la primera ola de la enfermedad según el estudio de seroprevalencia ENE-COVID, las cifras oficiales no recogen más de 250 000).

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Si continuas utilizando este sitio aceptas el uso de cookies. más información

Los ajustes de cookies de esta web están configurados para "permitir cookies" y así ofrecerte la mejor experiencia de navegación posible. Si sigues utilizando esta web sin cambiar tus ajustes de cookies o haces clic en "Aceptar" estarás dando tu consentimiento a esto.

Cerrar