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COVID-19, la pandemia que sacó a relucir el impacto de las diferencias entre clases sociales

Pedro Gullón (médico especialista en medicina preventiva y salud pública) y Javier Padilla (médico de familia y comunidad) son los autores de «Epidemocracia«, un ensayo sobre la respuesta política, sanitaria y social emitida frente a las epidemias. Con dicho ensayo buscan analizar cómo las epidemias tienen mucho que ver con la distribución del poder en la sociedad, algo que se puede aplicar a la salud en general y a muchos otros aspectos de la cotidianidad.

Esta diferenciación comenzó con la peste, que afectó claramente a los lugares con condiciones más insalubres y siguió con el VIH, que tuvo su mayor impacto en personas drogodependientes y generalmente sin hogar. Y ahora se vuelve a producir con la COVID-19, demostrando una mayor incidencia en los distritos que tienen poblaciones de niveles socioeconómicos inferiores. En el ensayo se analizan tres niveles, siendo el primero de ellos la probabilidad. No tiene la misma posibilidad de infectarse una personas que tiene la posibilidad de teletrabajar y una vivienda adecuada para poder hacer aislamiento en caso de que sea necesario, que la que podría tener una persona que tiene un empleo precario, que se desplaza en transporte público forzosamente y que convive en un lugar hacinado en el que no se puede hacer cuarentena ni aislamiento y que además podría no reunir las condiciones higiénicas necesarias para afrontar el virus.

A su vez, también se refleja que las personas de clases sociales menos favorecidas son más vulnerables a las consecuencias del virus. Tener enfermedades pulmonares obstructivas crónicas, diabetes o enfermedades cardiovasculares hacen que una persona tenga más posibilidades de afrontar de forma más crítica el coronavirus y es curioso que todas esas enfermedades siguen exactamente el mismo patrón social en el mundo, estando más latentes en las clases sociales bajas. En tercer lugar, por supuesto, la vulnerabilidad a las consecuencias socioeconómicas que acarrea la pandemia y que indudablemente se «ceba» con las personas con menos recursos.

Según Pedro Gullón, la tan sonada frase «la epidemia no entiende de clases sociales» tenía una intención comunicativa positiva, pero no es cierta. Hay personas que son más vulnerables que otras y este criterio se define directamente en función de las clases sociales. Siendo esto así, habría que cuestionarse si las estrategias utilizadas están siendo las correctas y las medidas interpuestas son óptimas y aplicables a la sociedad en su conjunto. Además de, por supuesto, destinar más medios y recursos a la lucha contra la pandemia en las clases más afectadas.

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