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Black Lives Matter,el silencio no es una opción

El homicidio de George Floyd, asfixiado por la policía de Minneapolis con una rodilla sobre su cuello, es la punta del iceberg del racismo institucional que está anclado en lo más profundo de la sociedad estadounidense -y de todas las sociedades del mundo- y ha sido el detonante de un movimiento histórico por la justicia racial que está despertando la conciencia global sobre esta insoportable situación.

Para las personas y organizaciones que trabajamos por un mundo más justo y pacífico, el silencio no es una opción. Como hemos mantenido siempre, quien permanece impasible ante una injusticia se convierte en cómplice de la misma. Esto mismo ocurre con todas las manifestaciones de violencia estructural que denunciamos, como la violencia machista que alimenta el sistema patriarcal, o la destrucción de ecosistemas que el neoliberalismo extractivista y la dominación neocolonial favorecen.

El ecologismo y el pacifismo están íntimamente relacionados con la justicia social y con la defensa de una vida digna para todos los seres que habitan el planeta, precisamente porque el sistema que impulsa las guerras y la destrucción del medio ambiente es el mismo que promueve la acumulación de poder y riqueza de una minoría a costa de la desposesión de la gran mayoría y la opresión de comunidades enteras. 

Los grandes desafíos de nuestro tiempo, como la emergencia climática, la desigualdad social o los conflictos armados, no sólo impactan de forma muy diferente en función de variables como la clase social, el género, la raza y el origen, sino que están profundamente relacionados entre sí. De manera que si no abordamos conjuntamente los sistemas de opresión que se superponen -desde las estructuras de poder que los hacen posibles hasta los discursos o posicionamientos que los hacen aceptables- no lograremos alcanzar un futuro verde y pacífico, basado en principios de justicia y equidad. Por ello, sólo desde una firme posición antirracista y feminista podemos construir un ecologismo verdaderamente emancipador, que defienda la convivencia pacífica en el planeta que compartimos. 

Y aunque esta situación ha estallado en Estados Unidos, conviene no olvidar que el racismo estructural se encuentra también al lado de nuestras casas: las devoluciones en caliente, la criminalización del rescate en el Mediterráneo, los discursos xenófobos por parte de algunos dirigentes políticos, las concertinas de las vallas fronterizas, los CIE (Centros de Internamiento de Extranjeros), la exclusión sanitaria, los vuelos de deportación masiva, las identificaciones policiales por perfil étnico y las condiciones infrahumanas de temporeras y temporeros en AlmeríaHuelva o Lleida, son solo algunos casos flagrantes que deberíamos cuestionar con la misma determinación con la que hoy rechazamos la violencia policial hacia la comunidad afroamericana.

La imagen de la rodilla del policía sobre el cuello de George Floyd es una sórdida metáfora sobre la opresión que viven millones de personas en el mundo por el color de su piel. Este ha sido el detonante por el que se han extendido las protestas incluso más allá de las fronteras de los Estados Unidos, dibujando una oportunidad irrepetible para acabar de una vez por todas con esta eterna lacra

Por nuestra parte, seguiremos denunciando todas las políticas, instituciones, empresas o personas que asfixian nuestro planeta, y continuaremos promoviendo soluciones que no dejen a nadie atrás, enarbolando la bandera de la justicia social, racial y climática. Porque sin justicia, la paz es una quimera.

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