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Así funciona el gran bazar de los microgéneros en Netflix

Autor: The Conversation

Cuando al entrar en Netflix encontramos que se nos sugieren tres franjas, una para “Comedias tronchantes de inspectores de policía”, otra para “Dramas románticos británicos basados en libros” y una tercera de “Dramas sensuales de temática LGBT”, nos podemos hacer muchas preguntas, no solo sobre los algoritmos de recomendación de contenidos, sino sobre quién y cómo le pone nombre a las cosas.

Netflix no es un catálogo de películas sino, usando el término de Robert J. Glushko en su libro The discipline of organizing, un “sistema de organización”. Y la vida en sociedad está hecha justo de eso, de cosas que organizamos que forman entornos que entendemos y a los que es necesario poner nombres.

Está, al mismo tiempo, construyendo un vocabulario controlado o una clasificación de géneros e indizando, categorizando recursos al asignarles esos géneros a unas obras. Sin embargo, la idea convencional de género o clasificación, cuando pasa por la batidora termonuclear del Big Data y el consumo digital hiperpersonalizado, se convierte en un Gremlin que ha comido después de medianoche.

Sobre el sistema de recomendación de Netflix se ha escrito mucho, y es seguramente una de sus fórmulas mágicas para hacer funcionar su invento, pero vamos a plantearnos preguntas sobre el etiquetado, sobre el nombre de las cosas.

Cuando Amazon nos hace recomendaciones y nos dice que “otras personas también compraron” tal o cual cosa, no nos explica qué nos gusta y por qué. Cuando Google nos recomienda contenido al buscar, no pone en palabras lo que nos interesa, no nos etiqueta, mientras que cuando Netflix nos coloca un rótulo como “Dramas motivadores basados en libros” nos recomienda y al mismo tiempo nos explica la razón por la que nos va a gustar, pone en palabras el gusto (el género, el patrón) con el que podemos reconocernos en la propuesta, e incluso pretende explicarnos nuestro comportamiento como consumidores.

Toda clasificación tiene sus consecuencias, como explican Geoffrey Bowker y Susan Leigh Star, puesto que es una infraestructura construida socialmente: crea un espacio para lo posible y unas relaciones entre las cosas. Y Netflix lo hace sin complejos, entendiendo, con toda lógica, que para poder conectar altos volúmenes de contenido con altísimos volúmenes de usuarios poseídos de un incansable deseo de consumo, hace falta disparar muchas flechas en muchas direcciones diferentes, y que las grandes etiquetas tradicionales como drama o comedia no se pueden lanzar en una flecha, sino con una catapulta.

Link: https://theconversation.com/asi-funciona-el-gran-bazar-de-los-microgeneros-en-netflix-158494

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